“Unas vacaciones familiares de playa y “bicis” por las Landas francesas”
Se acerca el verano de 2010. Vamos a planear nuestro viaje de vacaciones. Este año queremos llevar las bicis, pero los niños aún no pedalean solos. Así que nos buscamos un medio de llevarlos a remolque de nuestras bicis: un carrito de dos plazas.
Para elegir el destino pensamos en la playa y, como vivimos en el sur, buscaremos lugares más frescos, al norte. También estaría bien que el lugar fuera llano, por eso de tirar del carrito de los niños. Nuestro destino será: Las Landas francesas, un paraíso de carriles bicis entre bosques de pinos, justo al lado del mar.
Empezamos a bordear la costa desde Biarritz. Llevamos nuestra “furgo” preparada para dormir dentro y la tienda de campaña porque a los niños les encanta montar la tienda y dormir en los sacos.
Las playas de Las Landas están llenas de surferos. Son playas inmensas, delimitadas por una gran duna y el bosque. Son salvajes y peligrosas, excepto en la pequeña zona vigilada y acotada por los policías franceses, especializados en salvamento marítimo.
Cada población tiene su aparcamiento para furgonetas y autocaravanas y por los carriles bici que unen los pueblos se mueven familias enteras en bici. Hay cientos de campings, para todos los bolsillos, y nosotros no tenemos problema para encontrar plazas libres.
Nos movemos por la costa hacia el norte, con nuestra hija mayor, de cinco años y el pequeño de 2. Cuando encontramos un sitio que nos gusta nos quedamos unos días.
Así hemos descubierto el pequeño pueblo de León, con su lago, el mercadillo, los paseos por los bosques y el “aire naturelle Au Gat”, un camping especial, sin parcelas y en pleno bosque, donde los niños hacen un nuevo amigo alemán y se relacionan con él en el idioma internacional de los juegos.
Uno de los paseos más conocidos en la zona del lago Leon recorre la reserva natural de la “Courant d’Huchet”, una corriente de agua que se desplaza desde el lago hasta el mar. Se puede acceder en barco o con paseos guiados, pero nosotros paseamos por allí a nuestro aire.
Otra parada obligatoria fue el Ecomuseo de Marqueze, una granja landesa reconstruida tal y como era en el siglo XIX, a la que se accede en un viejo tren de vapor desde el pueblo de Sabres.
Por allí perseguimos ovejas e hicimos amigos. Se pueden visitar las diferentes casas que componían la granja, con una ambientación muy detallada de cómo estaban hace casi dos siglos.
Siguiendo hacia el norte llegamos al faro de Contís, un faro en medio del bosque. Solamente se visita un día a la semana y no pudimos subir, pero las vistas deben ser increíbles desde arriba.
En casi cualquier rincón de Las Landas se pueden alquilar bicis. En el pueblo de Contís alquilamos una para nuestra pequeña ciclista y pedaleando llegamos a unas cabañas construidas en mitad del bosque por unos niños del pueblo.
En las Landas las puestas de sol son especiales y cada tarde disfrutábamos del espectáculo en un lugar diferente. Desde los rincones más desconocidos hasta la duna de Pilat, que debe ser uno de los sitios más visitados de Francia, a juzgar por el tamaño de los aparcamientos que había allí. A pesar de eso, el sitio merece la pena. Es la duna más grande de Europa (unos 3 km. de largo y unos 110 metros de altura, más o menos). Subimos y subimos, por una rampa con escalera y después de disfrutar de las vistas espectaculares, nos lanzamos corriendo hacia abajo por la ladera, que tiene tanta inclinación que cuesta un poco de trabajo decidirse (al menos a mí…).
Lo pasamos muy bien … así que brindamos por el viaje del verano que viene.
Jose Muñoz
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