En este su segundo post, nuestro invitado Guillermo Maceiras, padre gallego, cooperante y documentalista de profesión, colabora con Familias en Ruta  y nos presenta una serie de relatos apasionantes donde comparte con todos nosotros sus experiencias de vida y viaje independiente por Asia junto a su mujer y su hija de poquitos meses. Su bitácora personal es asolasconelmundo.

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 II. La cadencia del camino

La primera palabra que aprendió a decir nuestra hija fue “nené”. Nos lo soltó de golpe con cinco meses, una tarde de calor cuando llevábamos unos tres meses de viaje. Estaba inquieta y lloraba bastante. Le cambiamos el pañal, le mudamos la ropita, la tumbamos en la cama, le hacíamos jueguecitos, masajes en la tripita… habíamos probado de todo, pero no dábamos con lo que quería. Al final nos lo dejó claro: nené es la palabra en mandarín para “dar la teta”. Tenía hambre y, pese a ser algo tan sencillo, no habíamos dado con ello porque llevábamos unos días con la mosca detrás de la oreja, ella se encontraba mal y, estando de viaje es una cosa que realmente inquieta. Seguramente, no era hambre lo que tenía, sino malestar …y claro, ya se sabe que la lactancia va mucho más allá de la nutrición del bebé.

Hoy en día, Padma está en ese mágico momento en que empieza a componer sus primeras combinaciones con las pocas docenas de palabras que domina. Hace unas semanas se puso mala de la barriga, vomitaba y se encontraba mal, no podía retener siquiera la leche materna, la devolvía. Yo le intentaba explicar que era mejor no tomar nada, excepto el suero que le ofrecía. Entonces dijo “hola pupa”. Me atravesó el corazón.

Darte cuenta de que estás enfermita es,  sobre todo, empezar a comprender cómo funciona tu cuerpo, es un paso más en el despertar de la consciencia. Acto seguido, se acurrucó en mis brazos, respiró profundo y desistió de seguir pidiendo nené. Entre aquella primera primera vez que pidió nené y esta última en la que ha comprendido que tomar leche materna le iba a provocar vómitos, hay toda una aventura. Más de un año viajando por diferentes lugares de Asia y Europa en los que jugó, disfrutó, conoció, experimentó… y también se puso malita a veces.

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Y es que viajar en familia es toda una experiencia vital que va más allá –incluso- de tantos y tan buenos momentos. Viajar en familia, es también  conocerse mejor a uno mismo y las personas que más quieres. Es casi como hacer música juntos: entender la melodía que suena en cada corazón, adecuar el ritmo, la cadencia, el tono… Todo con el fin práctico de minimizar riesgos relacionados con enfermedades y malestares del bebé; y el fin mucho más íntimo de estar en harmonía en el núcleo familiar, lo cual ayuda a estar en harmonía con el mundo que te rodea. He aquí, tres lecciones que aprendimos durante el primer año de viaje:

  1. Ritmo y tempo. Teníamos claro que había que viajar más despacio teniendo un bebé, pero luego comprendimos que hay también que saber elegir el momento en el que la bebé está estabilizada y adaptada al entorno. Incluso  comprendimos que hay maneras de viajar que por muy despacio que las hagas, no son adecuadas para el bebé. De esto nos dimos cuenta en una serpenteante carretera camino de Pai, en el norte de Tailandia. Padma lo pasó francamente mal, desde entonces comprendimos que, al igual que la música, viajar con bebés debe ser una balada o una canción ambient muy relajante. No es solo que sea lenta pero estridente o contundente. Debe ser armoniosa, y tocada con los instrumentos (léase medios de transporte) adecuados. Una vez instalados en un lugar por un período largo, entonces sin problemas si podeis hacer que suene la canción más intensa y rápida que queráis, al fin y al cabo viajar con niños se trata sobre todo de disfrutar sobremanera. Pero, entre un lugar y otro, habrá que ir ralentizando el ritmo poco a poco durante unos días para luego soltar “la balada de la carretera” ya que no hay peor lugar que una carretera en medio de la nada, o un barco en medio del mar, para que el bebé se ponga malito.
  2. Las señales. Viajando llegas a entender mucho mejor las señales que tu hija te envía. Todo ese lenguaje de gestos, de sentires y estares, de reacciones, de estados anímicos… nunca deben ser ignorados. A veces, simplemente Padma no tenía un buen día, y lo mejor que se puede hacer era no forzar la máquina. Otras veces, a Padma no le gustaba un lugar, por muy bonito e impresionante que nos pudiese parecer a nosotros. Si por cualquier motivo, el bebé no se encuentra a gusto con un lugar, lo mejor es seguir su consejo y largarse. Para nosotros, Padma es la mayor fuente de señales que el universo nos puede enviar.
  3. El refugio. Viajando, es ciertamente difícil tener muchas de las comodidades que se tienen en una vida sedentaria. Muchos de los recursos de los que tiras cuando estás instalado en tu casa, no los tienes simplemente a mano; léase ponerle unos dibujos animados para que se quede a gustito, léase prepararle su comida favorita. Todo esto se hecha mucho más de menos cuando el bebé se enferma de viaje, ya que esa búsqueda del confort, del “quentiño” que decimos en Galicia, la considero parte del proceso de curación. Por eso, pese a la limitada cantidad de cosas que puedes llevar contigo mientras e viaja por largos períodos, es esencial llevar algunas cosas que, llegado el momento y el lugar, sirvan para hacer de cualquier cama, de cualquier habitación/bungalow donde estéis, ese refugio que cualquier niño necesita cuando se encuentra mal. Parte de esa sensación de refugio es también mantener un mínimo de hábitos diarios, no importa donde estéis. La siesta de después de comer, hacer un dibujo en el suelo antes del atardecer… lo que os guste, le guste y le inspire seguridad.

Mientras escribo estas líneas, volvemos a estar en ruta, de nuevo en el Sudeste Asiático. Tras dos meses largos en España, el invierno pudo con nosotros. También la sensación de que no hay mucho que nos ate a este lugar más que la familia y amigos que ahí viven… y esos lazos son eternos. Eternos como el camino frente a nosotros. Sin querer ponerme demasiado Machado, si que hemos comprendido una cosa, y es que nuestro hogar está allí donde estamos juntos y a gusto.

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Padma vuelve a estar pachucha, le ha pillado un catarro de tos y mocos que andaba pululando por el aire de la bahía de Nai Harn, ahora no solo ha dicho “hola pupa”, sino que se ha auto diagnosticado “casa mimí”, así que aprovechando que duerme plácidamente detrás de mí, he querido repasar y compartir con vosotras/os lo que nos toca durante el próximo día y medio… ah! Y por supuesto, un mensaje de calma para los abuelos que estarán leyendo esto: no es nada grave, Padma está radiante y estupenda, solo necesita un par de días melodía ambient, cariños, confort y jarabe para la tos.

 

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