Dejamos Cotacachi y Otavalo atrás y seguimos nuestro recorrido al sur de Quito siguiendo la estela de la llamada avenida de los volcanes. Cerca de Machachi nos hospedemos en una especie de refugio con excelentes vistas al volcán Cotopaxi y luego en un hosteria rural para mochileros pijos, otra de lasinnumerables casas donde supestamente también habría dormido el libertador Simón Bolívar antes partir a alguna batalla. Por la zona se ofrecen tours montañeros algo caros y pocos adecuados para hacer con niños. Hacía un cierto aire frío y húmedo difícil de asimilar para nuestros cuerpos mediterráneos en un mes de agosto. Era el momento de tomar un atajo hacia la costa de Manabí.

Canoa es uno de esos tranquilos pueblos de pescadores que hace pocos años costaba encontrar en los mapas  y que no figuraba en las guías pero por sus calles aun sin asfaltar cada temporada transitan más turistas.  Con un cielo descomunal y su mar bravo Canoa es como imán para los surfistas. En este lugar todavía se respira el aire limpio del Pacífico tropical y en los chiringos de palma y madera de la playa se escuchan ecos de reggae caribeño combinados con salsa y  reggaeton.  Los fines de semana de temporada alta un desfile de quiteños en 4×4 toman sus calles. En este lugar hicimos parada y fonda en El Olmito cuyo patio lleno de fina arena de playa hacía las delicias de Lluna, y las hamacas las delicias de todos. Aquí pasamos unos días de disfrute playero y desde aquí hicimos alguna visita de ecoturismo, fuimos a conocer Rio Muchacho.

Rio Muchacho es una finca famosa en todo Ecuador por regenerar 10 hectáreas de terreno en bosque seco tropical, hoy casi extinguido de la costa. Finca orgánica  que sigue y difunde el modelo de permacultura. Reutilizan los excrementos del ganado y el humano (baño seco) para hacer humus y abonar la tierra. Utilizan energía solar y viven en sencillas cabañas de madera. Multitud de gringos estudiantes se alistan anualmente como voluntarios. Otra de los proyectos es la escuela Ambientalista comunitaria que Río Muchacho promueve para en la comunidad de la cual se benefician muchas familias de la zona y que estuvimos visitando. Esta finca cuenta con excelentes referencias de Lonely Planet. Estábamos por la zona así que decidimos pasar allí como ecoturistas seis días, aunque al final fueron solo cuatro.

Vivimos en la era de los tours. Existe la obsesión en que hagas tours. En Rio Muchacho (Guacamayo Tours) no son una excepción, su lema: una persona, un tour. Tours que contratas alegremente con la esperanza de divertirte, de aprender, de hacer bonitas fotos y de pasar un buen día…y ellos lo saben. Saben que la gente de ciudad que vamos a un reputado proyecto de vida ecológica estamos un poco necesitados de emociones campestres y que nos preocupa que nuestros hijos crean que la leche sale del tetra brik. Pero los tours de Rio Muchacho son una tomadura de pelo por caros, simples y por mal organizados.

Antes la imagen de un tonto era la de un pueblerino acabado de llegar a la ciudad, ahora da la sensación de que nos quieran tomar por tontos a los de ciudad…Sin entrar en detalles el trato recibido durante nuestra estancia por parte del mismo responsable de la finca fue bastante desatento. Aprendimos que bajo el reclamo del turismo comunitario y la ecología se esconde también algún que otro cara dura con ganas de hacer buenos negocios y que la información de las guías de viaje por muy reputadas que sean son a menudo bastante relativas.

Entre los ofrecimientos que recibimos esos días en Rio Muchacho para entretenernos y descubrir la vida plena en el campo figuraba uno que nos conmovió: levantarnos a las 6.30 de la mañana para limpiarle los excrementos a los chanchos (cerdos) y darles de comer. No era broma. Nos la hizo totalmente en serio el mismo responsable de la finca. En realidad los voluntarios no solo hacen estas tareas a diario  sino que pagan por ello. Además cargan piedras, pintan vallas, plantan pasto para caballos o fregan los platos. En Ecuador y toda Suramerica existen multitud de propuestas de voluntariado de este tipo: has de pagar y además trabajas un buen número de horas al día. No voy a meterlas todas en el mismo saco, pero tengan a buen seguro una cosa: los voluntarios se ahorran algo en la estancia en el país y tienen una “experiencia auténtica”, practican español y obtienen algún tipo de titulación. La entidad ofertante se embolsa unos buenos dolaritos  De hecho además ese trabajo de los voluntarios además ahorra contratar personal ya que gran parte del trabajo de la finca lo hacen los mismos voluntarios…que para eso pagan!. ¿y el beneficio para la comunidad local en la que trabajan para mejorar?…bueno eso habría que evaluarlo en cada caso.

Por suerte, lo mejor, Lluna se divirtió esos días. Cruzando el río cada tarde Lluna conoció a su amiga Cristel, una espabilada niña de seis años con la que hizo  decenas de pasteles de arena entre las camadas de patos que atravesaban el terreno donde estaba la modesta casa de su familia. Hicimos tanta amistad con ellos que les desvelamos el secreto de la tortilla de patatas. En Rio Muchacho Lluna al final conocía el nombre de todos los chanchos a los que iba a saludar cada mañana igual que a cabras, cuys, gallinas, vacas, caballos, burro y antes de dormir íbamos todos a buscar sapos y luciérnagas para desearles las buenas noches.