Cuando conocí el proyecto viajero de la Looking for the Wild a través del número 52  de la revista no pude evitar acordarme de la sensacional película “Hacia Rutas Salvajes” dirigida por Sean Penn. En este caso los protagonistas son una pareja formada por Meritxell, Andoni y sus dos niños que está recorriendo los cinco continentes en una gran ruta que tiene como hilo conductor fotografiar en sus hábitats naturales a animales salvajes tan dispares y emblemáticos como lobos ibéricos, los bisontes americanos o pingüinos en la Antártida.

Contactados por Familias en Ruta en su estancia por la Patagonia argentina Meritxell se muestra encantada de responder nuestro cuestionario aprovechando, nos dice con total naturalidad, que Andoni y su hijo Unai  han salido a buscar pumas. Y es que lo tienen todo para viajar. No sabemos si a la vuelta trajeron el pan pero esto nos lo tienen que contar.

© Andoni Canela

© Andoni Canela

FICHA:

Nombre y edad de los viajeros: Andoni Canela (45 años), Meritxell Margarit (43 años), Unai (10 años) y Amaia (3 años).

Países recorridos durante la ruta hasta el momento: España (León), Estados Unidos, (las Grandes Llanuras y las Rocosas), Chile (Patagonia y Antártida).

Países pendientes de recorrer: Australia, Tailandia y Namibia.

Blogs:  Looking for The Wild / Espíritu Salvaje  

ENTREVISTA:

FnRuta. Viendo el calado de vuestro proyecto me imagino que ya teníais una cierta experiencia viajera anterior que os hace sentir seguros.

El viaje forma parte de nuestras profesiones y de nuestras vidas, sobre todo en el caso de Andoni. Él lleva más de veinte años dedicado a la fotografía de naturaleza y medio ambiente, lo cual le ha hecho viajar por todo el mundo. Cada año, en su agenda profesional, aparecen varios viajes dentro y fuera de la península Ibérica con el objetivo de documentar los animales más significativos de nuestro planeta: desde el panda gigante en la China hasta el tigre de bengala en la India, pasando por el oso pardo cantábrico o el lobo ibérico.

Antes de nacer los niños, solíamos viajar juntos bastante a menudo (África, América, Asia…). Yo soy escritora y periodista, y hemos realizado muchos trabajos en equipo. Con la llegada de los niños, en principio, más que a ‘viajar por el mundo’, nos dedicamos a descubrir nuestro entorno natural más inmediato; eso incluía toda la Península, pero sobre todo el entorno de Castellar de n’Hug, en el Pirineo catalán, donde vivíamos entonces. Antes de los diez años, Unai ya había visto osos, linces, águilas imperiales y lobos en libertad.

© Andoni Canela

FnRuta.- ¿Desde cuando y cómo va tomando forma vuestro proyecto viajero? 

El tipo de trabajo que hace Andoni ha condicionado del todo este viaje; creo que es la consecuencia lógica de lo que hemos ido viviendo año tras año en casa. Pero no recuerdo una planificación consciente de este viaje, aunque siempre habíamos querido hacer algo así. Eso seguro. Unai nos pedía a menudo irnos a vivir a otro país como quien pide una bici a los Reyes Magos. A menudo salía Australia, porque yo viví allí durante un año y Andoni también había recorrido el continente con su cámara, y a los dos nos gustaba ese lugar.

El año pasado nos fuimos a Alaska en pleno mes de enero (medio por placer, medio por trabajo: Andoni terminaba “un proyecto fotográfico sobre el Ártico” en el que yo también estaba implicada ) y nos llevamos a Unai (él ya había hecho otros ‘viajes largos’ antes). El primer día nos dijo que volviéramos a por Amaia, a quien habíamos dejado con los abuelos, y que nos quedáramos a vivir allí a pesar de la nieve que lo cubría todo y de unas temperaturas muy por debajo de cero.

Y un par de meses después, un día en que unos buenos amigos se habían quedado con Unai y Amaia para que pudiéramos salir a cenar solos, dijimos: “¿Qué tal si nos vamos un año fuera?”. No sé si fue el vino, recordar viejos tiempos, o ambas cosas… Supongo que era algo que estaba en el aire. Eso debía ser alrededor de Semana Santa y, en verano, hicimos las maletas. Puede sorprender, pero cuando, en casa, lo más normal es que el padre prepare su equipo fotográfico de un día para otro y diga cosas como: “Familia, me voy al Polo Norte a fotografiar osos polares y focas”, no es de extrañar que llegue el momento en que simplemente nos vayamos todos.

 FnRuta.- ¿Cuales son vuestros objetivos durante y después del viaje?

Por supuesto, la decisión de hacer las maletas vino con un proyecto profesional concreto, que nació y se desarrolló tan rápido como la idea de irnos. El trabajo de Andoni siempre ha tenido como objetivo dar a conocer la biodiversidad del planeta, intentando difundir un mensaje a favor de la preservación de la vida salvaje. Así que el proyecto tenía que ir en la misma línea: Looking for The Wild  plantea una vuelta al mundo durante quince meses con el objetivo de seguir, estudiar y, por supuesto, fotografiar a un animal de cada continente que represente un hábitat de alto valor ecológico y que, por un motivo u otro, se encuentre amenazado. Así pues, son siete lugares y siete animales en poco más de un año.

Además, creamos un proyecto educativo, “>“>, que luego os contamos. Y, cuando volvamos, esperamos poder seguir trabajando en los mismos temas.

© Andoni Canela

© Andoni Canela

 

FnRuta.- A nivel económico ¿contáis con el apoyo de algún patrocinio?

El tema económico… Aún me río cuando recuerdo cómo se enfadó Unai uhttp://familiasenruta.com/wp-admin/post.php?post=16775&action=edit&message=1n día que en el cole le preguntaron si éramos ricos como para hacer un viaje como éste… Pues no, no lo somos. El proyecto educativo, por ejemplo, cuenta con el soporte de PAU Education y de Aulas Creativas, una plataforma de intercambio y diálogo entorno a temas de educación.

Y el trabajo que alimenta el Looking for the Wild y el Learning in the Wild también sirve para crear otros materiales como ‘Durmiendo con lobos. En busca del lobo ibérico‘, el libro electrónico que Andoni acaba de sacar sobre el lobo ibérico y la primera etapa del viaje ), o los reportajes que periódicamente salen en ‘El Magazine‘ de ‘La Vanguardia’ o en otros medios.

Vamos, que seguimos trabajando mientras viajamos. De cosas como éstas y de unos pocos fondos procedentes de algún proyecto anterior, proviene nuestro soporte económico.

 FnRuta.- ¿Qué ventajas tiene para la familia en general y para los niños en particular este viaje?

Las ventajas son muchas. De por sí, ya somos una familia que ‘convive mucho’, pero, claro está, ahora la convivencia es mucho más estrecha. Aunque vamos conociendo a mucha gente por el camino y también hemos recibido alguna visita de amigos, somos los cuatro para todo. Casi siempre juntos, muy cerca los unos de los otros, para lo bueno y lo malo. Es un aprendizaje, un crecimiento en familia. Y eso enriquece: te preguntas más cosas sobre ti y sobre los otros, tienes que adaptarte más y mejor a cada miembro de la familia, etc. Una lección de convivencia que estrecha vínculos, sin duda.

Pero eso es internamente. Luego, está todo lo que viene de fuera. ¡Grandioso! Los niños se benefician de muchas cosas: del contacto con una naturaleza cambiante, salvaje y distinta en cada lugar; de conocer otras culturas, otras formas de ver el mundo y otros idiomas. Aprenden a ser abiertos, tolerantes, a tener que adaptarse, a valorar lo que tienen, a respetar a los otros y al entorno natural, a ser libres… y un montón de cosas que proporciona el ver mundo e interaccionar con él.

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© Andoni Canela

 FnRuta.- ¿Qué tipo de transportes soléis usar y qué alojamientos en los destinos de vuestro viaje? ¿Qué tal la experiencia con la campervan?

Depende. No hay planes fijos. En Estados Unidos, por ejemplo, nos alojamos gran parte del tiempo en casa de una amiga. Pero cuando viajábamos por allí utilizamos nuestra queridísima ‘van’ (como transporte y también refugio), la tienda de campaña y, algunas veces, dormimos en algún motel. La decisión de comprar una furgoneta de segunda mano llegó por casualidad, fue una buena oportunidad, y sin duda fue una experiencia genial. Los niños adoraban ese vehículo, con el que recorrimos miles de millas (Colorado, Wyoming, Dakota, Montana, Uta) y donde dormimos muchas noches. Y, en la Patagonia, nos hemos alojado casi siempre en pequeñas cabañas que nos permiten llevar una vida más casera, y nos hemos movido siempre en transporte público.

FnRuta.- Vuestros hijos tienen 3 y 10 años y están en edad escolar. ¿Cómo os lo habéis montado para su educación durante los meses que dura el viaje?.

Amaia tendría que haber empezado Educación Infantil este curso. La ‘presión’ con ella por el tema escolar es relativa. Y Unai está en cuarto de Primaria. En Estados Unidos, Unai pudo ir a la escuela, y fue una experiencia genial. Amaia iba a un ‘Day Care’ (un encanto de mujer recibía a varios niños en su casa, perfectamente adecuada para acogerlos) y también fue una experiencia estupenda para ella. Nos habíamos planteado que, siempre que fuera posible, Unai iría al colegio allí donde nos encontráramos. Pero, en Chile, hemos coincidido con las vacaciones escolares de verano. Así que ‘escuela en casa’, siempre que podemos en contacto con el colegio de Unai en Banyoles (Girona).

© Andoni Canela

© Andoni Canela

FnRuta.- Estáis recorriendo algunos de los ecosistemas más bellos y salvajes del planeta ¿Cómo viven vuestros hijos esta inmersión en la naturaleza?

¡Con naturalidad! El contacto con la naturaleza ha sido una constante en sus vidas y la profesión de su padre les ha permitido tener experiencias ‘en casa’ poco habituales. Recuerdo como Unai ya contaba en la guardería ante el asombro de sus compañeros y sus educadores cómo unos lobos habían robado el trípode de su padre y lo había encontrado mordisqueado unos metros más allá de donde tenía instalado el ‘hide’ de observación. Una vez nos preguntaron si Unai se inventaba todas estas historias. Pues no. Y ya te digo que él, con diez años, ha visto más fauna salvaje que yo en toda mi vida. Ahora, a Unai y Amaia cuando ven pumas, les parece lo más normal del mundo. A veces, les recordamos que no todo el mundo ha tenido la suerte de ver un puma.

 FnRuta.- Explicad, explicad…¿Qué es el proyecto Learning in the wild?

Paralelamente al proyecto fotográfico de Andoni, creamos el proyecto educativo “>“>‘, dirigido a todas las escuelas del mundo, y también a familias y asociaciones relacionadas con la educación medioambiental. Profesionalmente, durante los últimos veinte años me he dedicado a crear contenidos para niños (todo tipo de textos divulgativos y de ficción, pero también proyectos educativos), muy a menudo relacionados con temas de viajes y naturaleza.

Como os decía, PAU Education, con quien llevo trabajando muchísimos años, nos dio soporte en este tema. Y, a través de Aulas Creativas, se pretende que los seguidores de Learning in the Wild puedan explicar sus propias experiencias e iniciativas relacionadas con la naturaleza y la educación medioambiental, aunque sean muy distintas a nuestro proyecto. El centro de interés siempre es la naturaleza, ¡pero no es necesario que todos se vayan a dar la vuelta al mundo! Pueden explicarnos sus experiencias en su entorno más inmediato: en el patio de la escuela, el parque de su barrio, en el bosque cercano a su casa, etc.

© Andoni Canela

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Para nosotros, lo mejor de este proyecto es que nuestros hijos también participan en él. Por ejemplo, Unai escribe su“> blog en el Learning in the Wild. Sus posts tienen muchos seguidores y seguramente él hace que el mensaje que pretendemos transmitir, de acercamiento a la naturaleza y preservación de la vida salvaje, llegue a mucha más gente y con mayor eficacia.

FnRuta.- Según vuestra propia experiencia ¿qué países te han sorprendido positivamente y recomendarías a otras familias para viajar con niños?

Personalmente, me sorprendió la facilidad con que Unai pudo acceder al sistema educativo de Estados Unidos. Llegamos a la escuela, nos pidieron el pasaporte y nos invitaron a pasar a la clase (a los cuatro). Le preguntaron a Unai si se quería quedar o quería empezar al día siguiente. Él quiso quedarse. Nos despedimos y, a la tarde, vino a casa con el bus escolar (¡el amarillo!). Así de fácil. A veces, vemos a los estadounidenses como gente muy ‘cuadriculada’, cerrada en su mundo. En ese caso concreto, me parecieron todo lo contrario. Unai fue al cole casi todo el trimestre y lo único que les importó es que él quisiera ir. Y lo acogieron súper bien, y a nosotros también. No puedo decir si la experiencia hubiera sido igual en otro pueblo, en otro estado… Pero en Monte Vista, Colorado, fue increíble.

FnRuta.- Con sinceridad. Habéis vivido con los niños alguna situación apurada durante la que pensates aquello de ’quién nos mandaría a nosotros’… (problemas de salud, con animales, malentendidos culturales..)

Pues no. Al contrario, hemos vivido muchas experiencias que nos han hecho pensar: “¡Qué bien que decidimos irnos de viaje!”.

 FnRuta.- Lo que menos te gusta de viajar con niños…

Es que nos gusta viajar con nuestros niños… ¡Ja, ja, ja!

Bueno, si somos sinceros, hay algo que más que disgustarnos a veces es un pequeño ‘inconveniente’. La edad de Amaia (tres años) hace que no podamos realizar en familia todas las travesías a pie o algunas aproximaciones a la fauna salvaje que desearíamos (hay muchas que sí).

Hacer el trabajo que hace Andoni implica importantes madrugones, muchas horas en el campo volviendo muy tarde a casa, aguantar las inclemencias del tiempo (frío, lluvia, nieve, calor…), andar mucho por terrenos abruptos y cargando peso, comer a deshora y a veces mal, y, sobre todo, mantener una actitud paciente, de silencio y de mimetismo con el entorno para que el animal no se percate de tu presencia (y para que, además, no haya una situación potencialmente peligrosa). Todo eso son condiciones difíciles de cumplir, incluso para muchos adultos. Pero Unai sigue como un campeón. Está acostumbrado y le encanta, y hace muchas salidas de campo a solas con su padre.

A mí, me encantaría ir con ellos, pero a Amaia no le podemos pedir lo mismo (todavía no) y, entonces, yo me quedo con ella haciendo otras cosas. Cuando el objetivo no es fotografiar animales, podemos repartirnos de otra manera. La gran diferencia de edad entre nuestros hijos (más de seis años) hace que, a veces, tengamos que dividirnos para realizar algunas actividades.

© Andoni Canela

© Andoni Canela

FnRuta.- Uno o dos de tus trucos infalibles para que vuestros hijos viajen tan ricamente.

Adaptarse a ellos e intentar entender lo que necesitan en cada momento. Y, sobre todo si no puedes satisfacer del todo sus necesidades, explicarles muy bien por qué las cosas son como son. Es sorprendente cómo los niños pueden entender casi todo si lo explicas de la forma adecuada (¡cuadernos y ceras de colores también son un buen recurso en determinadas ocasiones!).

FnRuta.- De lo que lleváis hasta el momento: uno o varios momentos hermosos que no olvidaréis nunca de este viaje en familia…

Muchos de estos momentos tienen que ver con la observación de la fauna salvaje. Supongo que cada uno tiene el suyo. Andoni es un gran coleccionista de momentos mágicos con la fauna; sus fotos lo demuestran, pero, además, está lo que no vemos… No creo que Unai olvide nunca la primera vez que vio un lobo en la Montaña de Riaño, en León. Amaia se acuerda mucho de un día que fue la primera en avistar unos bisontes corriendo por las praderas de las Badlands, en Dakota, y de un castor que nadaba libremente por un lago de Colorado. Y yo no olvidaré jamás una noche de luna llena en la que Unai y yo, acompañados de un amigo experto en lobos (esa vez Andoni se quedó en casa con Amaia), oímos aullar una manada de lobos o la mirada penetrante de un puma al que no le dimos ni una pizca de miedo. Pero me viene a la memoria un momento que vivimos los cuatro juntos, a la vez: en el Parque Nacional de Wind Cave, en Dakota del Sur, una manada de bisontes rodeó nuestra ‘van’ con nosotros dentro y, durante media hora, la lamieron buscando el sabor salado del metal. Los observamos con placer, de muy, muy cerca. Nos sentimos dentro de la manada.

FnRuta.- ¿Después de un viaje como este, cual puede ser vuestro próximo reto viajero?

No lo sé. ¿Ver rebecos en las montañas de Castellar de n’Hug, justo detrás de nuestra casa?

© Andoni Canela

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