Con  esta deliciosa crónica de unas vacaciones con su familia por Holanda Pilar Manrique  debuta como colaboradora de FamiliasenRuta. La autora del blog bienvenidos a Lilliput nos desvela alguna de las múltiples posibilidades que ofrece para las familias viajeras este pequeño gran país del Norte cargado de sensibilidad hacia los niños.

De Efteling

Dag!. Siempre nos ha gustado viajar. Y cuando digo viajar, me refiero a vivir el lugar que pisan nuestros pies. Hacer turismo está bien (lo hacemos de vez en cuando), pero no nos proporciona la misma satisfacción. Será porque no somos muy de masas.

Cuando nació nuestro lilliputiense mayor, y pasado el tiempo de “uy, uy que somos papás primerizos, ésto como lo hacemos”, buscamos diversos huecos para desconectar de nuestra realidad diaria. En ese momento, nos ceñimos al territorio nacional, y estuvimos un par de años recorriendo la geografía española.

Al nacer la pequeñita, nuestro “mono” estaba en su fase más álgida. Necesitábamos ir a algún sitio en el que se “hablase raro”. Siempre nos ha gustado, ¡qué digo!, nos ha encantado oir otro idioma a nuestro alrededor. Y os aseguro que cuando uno tiene esta dependencia, solo le queda una opción: abandonarse a su “vicio”.

Por ello, nos vimos “obligados” a planificar y ejecutar minuciosamente, un viaje de 15 días a Holanda, tierra que nos atraía desde hace mucho, y que, curiosidades de la vida, aún no habíamos visitado. Si uno tenía que sacrificarse, pues se sacrificaba, ¿o no?.

Y nos fuimos. Y vivimos los 15 días.

Fue un viaje increíble: por el descubrimiento del lugar, por los días que pasamos juntos (la realidad diaria te limita mucho los momentos que pasas así), y por las experiencias que vivieron nuestros hijos. Muy, muy recomendable. Y muy saludable.

El viaje consistía en pasar 15 días en Holanda, con una pequeña excursión a Bélgica (Bruselas concretamente) por la generosidad de una amiga nuestra, habitante de tal ciudad, y a la que teníamos muchas ganas de ver.

Instalamos nuestro centro de operaciones en un apartamento en Ámsterdam. Nuestro objetivo era que nos confundiesen con lugareños.Y casi lo conseguimos, de no ser por momentos críticos tipo lilliputiense que de repente y en plena Plaza Damm, te indica a grito pelao…”mamáaaaaa…qué me hago pipiiiiiiiiiiiiii”. Y entonces, todo el mundo te mira raro. Era inevitable.

Descubrimos un país accesible, amable, plenamente concienciado con la vida con hijos, serio, lluvioso (hasta en Agosto), un poco frío (nosotros somos del sur) y con unos recursos únicos, dignos de descubrir.

Desde nuestro apartamento, conocimos un poquito de Amsterdam, y por supuesto, algunos lugares de otros puntos de Holanda (con transporte público o con coche alquilado). Fue una gran decisión no alojarnos en pleno centro de la ciudad, porque viendo como estaba de saturada de turismo, nos hubiésemos desesperado nada más llegar.

Desde Mercatorplein (así se llamaba nuestro barrio) nos movimos por toda la ciudad gracias a un transporte público muy eficaz y en el que, a pesar de que viajamos con un carrito doble, nos movíamos sin problemas. Una pasada. El barrio estaba muy bien comunicado, muy comercial (para nosotros, eso era muy importante), y al ladito del parque conocido como Rembrandtpark.

Y además…era un barrio muy legal

señal_prohibido_fumar

Las instrucciones en la calle estaban claras

La zona nos concedió pequeños lujos como, conocer a nuestros vecinos y recibir sus recomendaciones, descubrir Café Cook (un lugar donde iba la gente del barrio y absolutamente genial para comer), la compra casi diaria en el supermercado, y por supuesto Rembrandtpark.

Amsterdam es una buena ciudad para ir con niños. Eso sí, debes acostumbrarte a la circulación de las tan famosas bicicletas. Pero ya sabéis lo que hay que hacer en esos momentos. Si no puedes con tu enemigo únete a él. Alquila una buena bicicleta, y hazles la competencia (eso sí, sólo si estás habituado…). La circulación y el número de bicicletas es absolutamente alucinante. Ver para creer. En cualquier caso, con un poquito de precaución y tras un par de días, te habitúas. Ahora, es muy importante que no imites a los lugareños.Montar en bici mientras tienes en una mano el paraguas porque está lloviendo a cántaros, o el móvil, o la bolsa de la compra es difícil para un principiante no Dutch. Ni hablamos ya de circular sin manos son cosas sólo posibles para ellos.

parking_bicis_apartamento

Mis hijos disfrutaron muchísimo en Vondelpark (absolutamente imprescindible si vas con peques). ¡Y nosotros también!. Descubrimos una gran diversidad de actuaciones (teatro, conciertos) en verano, y un ambiente fantástico. De hecho, el parque es el punto de encuentro de los amsterdameses, para leer, disfrutar del sol, almorzar, fumar, o en definitva, disfrutar de un rato entre amigos. Todo ésto combinado con sus zonas infantiles e incluso una pequeña piscina al aire libre en agosto, hacen del parque el lugar perfecto para pasar una agradable jornada. Mis lilliputienses corrieron, buscaron patos y cisnes, se bañaron en la piscina, rodaron por el césped, y disfrutaron de nuestras bicis al máximo. Un lujazo.

En_busca_de_los_cisnes

Teatro_en_Vondelpark

Los paseos por los canales son mágicos (no en vano, se conoce a Amsterdam como la Venecia del Norte); paseos que puedes hacer bien “en secano”, disfrutando de los puentes, o “en remojo”, en alguno de los muchos botes que los recorren. Sea como sean, se disfrutan mucho. Atentos a las casas-botes, preciosas.

Simplemente pasear por la ciudad y pararte en uno de los millones de bellos cafés a descansar ya merece la pena. El ambiente es único. Y en Agosto, la ciudad se llena de espectáculos, festivales y conciertos por doquier. Y ¡no os perdáis el Bloumenmarket! ¡Prohibido!

Bloumenmarket

Perdiéndonos por Holanda, hicimos descubrimientos muy interesantes, tales como el mercado del queso de Alkmaar (un paraíso para los más ratones), los típicos Volendan y Marken con sus arenques, o los molinos de Zaanse Schans (molinos = lilliputienses con la boca abierta).

Mercado_queso_Alkmaar

ferry_a_Marken

molinos_Zaanse_Schans

No debo olvidarme tampoco de la playa de Scheveningen (con sus originales puntos de encuentro), Madurodam (una ciudad en miniatura) o el cuento de hadas hecho realidad de De Efteling (primer parque Temático de Europa).

Playa_Scheveningen

Madurodam

De Efteling

Merece la pena ver las caritas de los peques ante el descubrimiento de lo nuevo. Son momentos que no tienen precio. Son experiencias que van viviendo, riqueza que les vas dando y que forman parte imprescindible de su educación y de su crecimiento como personas. Aprender a respetar hábitos diferentes, a convivir con lenguas y costumbres varias, cuando aún, ni tan siquiera tienen asentadas las costumbres propias, les enseña a ser tolerantes y sobre todo, a tener inquietudes, a ser curiosos.

Uno de los mejores momentos del viaje fue el fugaz encuentro con unos amigos en Bruselas. Sus hijos alemanes, con su lengua germana; y mis hijos españoles, con su lengua castellana. Por sus edades (1, 2, 3, y 4), la posibilidad de un idioma común era impensable para nosotros, claro. Ellos jugaban estupendamente juntos. Una hablaba y el otro contestaba (los dos mayores). Descubrieron hasta canciones que ambos conocían y que cantaban juntos (cada uno en su idioma, claro). Fantástico. Y al terminar el fin de semana, inseparables. Berrinche al canto para irnos de allí.

“David, spielst du mit mir?
Mona, ponte ahí y yo te tiro la pelota”

Inseparables

Sin duda, fue un viaje muy especial porque:

  • fue el primero clasificado por nosotros como “aventura”,
  • disfrutamos al máximo de nosotros,
  • aprendí que en Holanda existen millones de tipos de leche,
  • aprendí a “hablar” un poquito de dutch (zalm es salmón, courbette es calabacín, kaas es queso, kip es pollo y volle melk es leche entera). ¡Hala!
  • mis lilliputienses aprendieron a diferenciar el pitido del tranvía, el timbre de la bici y el claxon del coche,
  • descubrimos el reino de Caperucita y de Blancanieves (ah! Y Rapunzel, y Hansel y Gretel!)
  • mi lilliputiense mayor se montó por primera vez en la barca vikinga (sí, estamos locos, ya lo sé)
  • nos subimos a un molino (ohhhhhhhhhhhhhhh)
  • comimos arenques crudos y queso, queso, y más queso,
  • aprendimos que se puede recuperar un zapato perdido en un tranvía si esperas a que pase de vuelta
  • visitamos el Barrio Rojo (eso sí, mientras los peques dormían en el carrito), y las trabajadoras allí expuestas nos dijeron que vaya niños bonitos que teníamos.
  • Nos montamos en bici, tranvía, tren, coche, barco, y avión (creo que no me falta nada)
  • David aprendió a contar en alemán
  • y en definitiva, durante estos 15 días fuimos ESPECTACULARMENTE FELICES.

En conclusión, os recomiendo sin ninguna duda el país como posible destino para viajar con niños. Accesible y fácil.

¡Gracias por leer hasta el final y dejarme compartir con vosotros mi aventurilla! ¡Y gracias a Familias en Ruta por generarme una gran ilusión!

Por supuesto, si queréis conocer mas detalles de este viaje…a vuestra disposición quedo.