Me encantan las iniciativas que se esfuerzan por enseñar, acercar, facilitar y en definitiva, hacer disfrutar a los peques, con aspectos inicialmente “de adultos”. Y es que nuestros hijos son capaces de entenderlo todo. Lo que para tí es un mundo, para ellos puede ser algo totalmente obvio. Y lo que tú decides que “no es para ellos” muchas veces resulta que es de lo más divertido y motivador. Es así. Solo tienes que encontrar la manera adecuada de comunicárselo. Hacer entendible y próximo aquello que les estás contando y que están viviendo.

Por otro lado, no es necesario que convenza a nadie de la importancia que tiene que nuestros hijos conozcan su entorno. Que sean conscientes de dónde viven, sus peculiaridades, las riquezas y potencialidades que les rodean, así como aquello que se podría mejorar (e incluso yo añadiría más, y me atrevería a decir que debemos motivarles a que inicien e intenten esa mejora).

Cuando una ha trabajado en Desarrollo Rural un poquito de tiempo, tienes muy arraigado el concepto de desarrollo territorial. Te das cuenta de cuán importante es para este desarrollo la concienciación y trabajo con aquéllos que, en un futuro inmediato serán los responsables del avance y despegue de nuestros pueblos/ciudades. Y priorizas los esfuerzos para darles a conocer y enseñarles a valorar los recursos de su entorno, su patrimonio. Y hablo de patrimonio en todas sus vertientes. La clasificación de éste es amplia, y no siempre comprende recursos amenos a priori para nuestros hijos.

De hecho, inconscientemente, una sonrisa se queda en mi cara, al recordar algunos de los proyectos que, en su momento, mis antiguos compañeros y yo realizamos con el objetivo de aproximar el patrimonio rural a los más pequeños. En aquél entonces, mis “lilliputienses” aún no estaban en el mundo. Probablemente lo hubiese disfrutado aún más si ya hubiesen existido.

Por eso, esta entrada pretende ser un homenaje a este tipo de actividades.

Lo afirmo. Nuestros hijos pueden visitar museos, palacios y galerías de arte. Por supuesto castillos y torreones. Las iglesias, con sus torres incluídas, pueden tener también su encanto y nada más atractivo que una buena muralla o unas ruinas árabes.

Todos éstos lugares son perfectos para despertar la imaginación. Además, también pueden ir a ver una colección de libros antiguos (¿seguro?) o visitar una exposición sobre la pesca del atún de almadraba. Pueden pasear por Parques Naturales, observar un cuadro y buscar donde se encuentra escondido el querubín, o escuchar atentamente la historia de los Marqueses de Viana. Todo ésto y mucho más, pueden hacerlo y divertirse, aprendiendo y lo más importante, descubriendo que son “cosas” de valor, importantes y únicas. Sólo hay que poner un poquito de voluntad, querer que nuestros hijos lo disfruten y buscar la metodología adecuada para hacerlo.

Por ejemplo, cada vez tenemos más noticias de museos que organizan actividades para niños. Cuando viajéis, consultad la agenda de aquél museo que tenéis tantas ganas de conocer porque, con una buena actividad de este tipo, vosotros y vuestros hijos disfrutaréis al máximo la experiencia.

CORDOBA COMO EJEMPLO

Así, podría hablaros de una gran cantidad de recursos que circulan por la red. Sin embargo, me gustaría descubriros algunas iniciativas, experimentadas por mí misma, realizadas sin ir más lejos en la ciudad donde vivo, Córdoba o en algunos pueblos de la provincia y que muestran diferentes metodologías de aproximación del patrimonio a los más pequeños. No es necesario dirigirnos a grandes ciudades, a grandes museos, ni utilizar grandes recursos para descubrir magníficas actividades para niños. A ver qué os parecen estas.

1.- El Palacio Museo de Viana es una bellísima casa nobiliaria, de dos plantas y con 12 espectaculares patios que le han dado al conjunto el nombre de Museo de los Patios. Las colecciones existentes en su interior, de gran belleza, constituyen una de las singularidades de este edificio único. Además, es sede del Archivo Histórico de Viana, ubicado en una entreplanta del Palacio. Se trata de un edificio emblemático en Córdoba, de 5 siglos de historia, declarado Monumento Histórico Artístico Nacional y Jardín Artístico.

Este lugar ha desarrollado una política propia de aproximación del patrimonio (histórico – arquitectónico) al público infantil. Organiza talleres para los colegios cordobeses, talleres infantiles, teatro de marionetas, exposiciones, etc. Y el resultado es de una gran calidad.

Los Talleres consisten en visitas teatralizadas temáticas que finalizan con un taller de manualidades. Las temáticas van variando. En la actualidad, se organizan en torno a la figura de un oficio de la época. El cocinero, cochero, joyero, así como el jardinero, el sastre o el sombrerero van recorriendo el Palacio, acompañados de todos los niños. Les cuentan historias de la época y les muestran algunos de los tesoros guardados en el Palacio-Museo. Luego, en el Taller de manualidades reproducen algo de lo que han hablado durante la visita. Son geniales. Los niños se lo pasan bomba.

2.- La galería de arte Carmen del Campo, aloja en la actualidad una preciosa exposición del autor Javier Bassecourt. Si queréis conocer un poquito mejor esta obra, centrada en la Mezquita de Córdoba, podéis hacerlo aquí. Este autor y esta galería han organizado 2 sesiones que han llamado “Los niños en la galería”. Estos encuentros están realizados por el propio pintor (de manera gratuita) y en ellos trabaja con ellos y aprenden a “pintar” y a modelar en barro la Mezquita. Genial iniciativa del autor y de la galería. La actividad es buenísima. Los niños se lo pasan genial. Además, todos los “cuadros” que realizan los niños en el taller, pasan a formar parte de la exposición. En las paredes quedan, arriba los cuadros de Javier y abajo, todos los cuadros de los niños. Igualmente, los arcos de la mezquita, los dejan ubicados en un pedestal, cual escultura de afamado nombre. En este caso, se trata de un fantástico acercamiento del patrimonio artístico al público infantil.

3.- La representación del cuento musical llamado “La encina que aprendió a cantar“. Se trata de un proyecto de educación ambiental, que ha sido promovido por los Grupos de Desarrollo Rural de Sierra Morena Cordobesa y de los Pedroches. Ha sido compuesta por los autores José Ramón Rico Muñoz y Rosario Lara Vega (de Montoro) y ellos mismos han participado en el montaje de la obra como directores artísticos. El objetivo era mostrar la riqueza y diversidad del Parque Natural de Cardeña y Montoro al público infantil.

Durante el cuento musical se presenta la historia de una encina que nació en pleno bosque mediterráneo, transformado en dehesa por el hombre para aprovechar sus recursos, y aparecen personajes como los ciervos, el lince, los abejarucos, el águila imperial y un niño del lugar. Una historia preciosa, de una calidad increíble. El proyecto recibió el premio de educación ambiental de la Junta de Andalucía en 2010, y está teniendo tanto éxito que se va a realizar la edición de la obra para que cualquier administración, colegio, orquesta o persona que pretenda montar la obra, que pueda hacerlo sin dificultad. En este caso, se pretende aproximar el patrimonio natural a los niños, al mismo tiempo que se fomenta su interés por la música y artes escénicas.

4.- Por último, la realización del libro infantil “Tierra de Tesoros“, en el que a través de desplegables e ilustraciones amenas y divertidas, los niños de entre 8 y 12 años puedan descubrir el patrimonio rural de Andalucía vinculado a usos y labores tradicionales (patrimonio fundamentalmente etnográfico). Este libro me encanta, ya que combina el fomento por la lectura y el descubrimiento del patrimonio rural. Además el formato de los desplegables gusta mucho a los peques. El libro, igualmente ha sido realizado, en cooperación, por varios Grupos de Desarrollo Rural y se distribuyó en colegios y bibliotecas de todos los territorios participantes. Una joya de publicación que trata aspectos como el olivar, los cereales, la minería, o las denominaciones de origen.

Como véis, iniciativas hay muchas. Todos tenemos en nuestras ciudades y pueblos, grandes recursos que merecen la pena descubrir a nuestros hijos.

Y estoy tremendamente feliz y orgullosa porque es obvio que, cada vez, hacemos más esfuerzos por hacerles accesibles y atractivos determinados contenidos. Trabajamos para que ellos descubran la riqueza que les rodea.

Por ello, sinceramente, nos felicito.

Pilar Manrique es  autora del blog  bienvenidos a Lilliput