Una ruta por Europa. El voluntariado en granjas ecológicas como estrategia para viajar barato y experimentar de verdad la realidad de los paises que se visitan.  Italia, Croacia, Rumanía, Hungría, Austria y ahora todo el explendor y la magia de los bosques y lagos de la Selva Negra. Una nueva entrega de las experiencias,  sentimientos y reflexiones que comparte con todos nosotros  una familia inquieta y de espíritu nómada pero con los pies bien anclados en el suelo.

“Estábamos recordando aún los sitios en Rumanía y Hungría en los que habíamos estado, sus gentes y su vida cuando en pocos días nos encontramos en un mundo totalmente diferente.

El paso por Austria ya nos había empezado a recolocar. Estamos en la Europa donde la gente no tiene que trabajar muchísimas horas por un sueldo irrisorio, donde la maquinaria agrícola que cada granja con 10 vacas poseía, era la que en Rumanía la gente no había visto en su vida.

Nos contaba un chico en Alemania, que el sueldo mínimo en Suiza está sobre los 20-22 euros la hora. Está claro que esto es solo en Suiza, pero, qué realidades tan diferentes y a la vez tan cercanas, ya que en la Europa que hemos visitado hasta ahora  (Hungría, Rumanía, Alemania o Austria) la gente en el campo se gana la vida de la misma manera: granjas de vacas con terreno para cereal. No es muy diferente, sin embargo, el nivel de vida de unos y otros no tiene nada que ver.

Pero yo os puedo hablar de mi sentir  como mi cuerpo se adapta a cada sitio, cada granja, cada idioma y la verdad es que en Alemania, no sé muy bien aún la razón no he podido sentir lo mismo que en los países de más al este.

Llegamos a una granja wwoff en Regensbur, cerca de Munich, al sudeste de Alemania. Para llegar hasta aquí, desde Rumanía, el viaje por carretera (nunca utilizando autopistas) ha sido siguiendo el Danubio la verdad es que vale la pena ver este río de dimensiones, sus castillos. El Danubio nace en la Selva negra, nuestro siguiente destino, y tiene su Delta en el Mar Negro en Rumanía. Nosotros hemos podido hacer casi todo su recorrido desde Rumanía (aunque no llegamos a su desembocadura, aunque esperamos verla en otra ocasión), hasta el Black Forest (Selva Negra). En Regensbur, el Danubio alcanza su punto más al norte, y en medio de esta bonita ciudad puedes contemplar su esplendor.

Regesburg no fue casi bombardeada en la segunda guerra mundial, así que está muy bien conservada, y vale la pena visitar su ciudad vieja. A unos 30 kilómetros de Regensbur, nos esperaba Maija, Stephan y sus tres hijos (Lina de 9 años, Zoe de 7 y Julius de 5). Las edades de sus hijos fueron uno de los motivos que nos llevaron a esta casa. También el hecho que estaba situada en el camino hacia el Black Forest. Maija ya nos había comentado por internet que ellos no tenían mucho huerto, que no vivían de la granja, y que en este momento estaban los dos muy metidos en aprender música. Ella tocaba desde hace 2 años el Trombón, y Stephan estaba empezando con el clarinete. Así que mucha parte del tiempo que pasaban en casa, cuando no trabajaban fuera, era ensayando con su instrumento.

Cuando llegamos, nos dimos cuenta que el sitio era mucho más que confortable. La granja (que hace años había sido una granja de vacas con tierras) ahora estaba rehabilitada como tres casas, en las cuales vivían diferentes miembros de la familia de Maija. Ellos vivían en la casa más grande, en la cual también estaban sus padres (los dueños de la granja).

Como aún era julio, los niños por la mañana aún iban a la escuela, ya que en Alemania, solo hay un mes de vacaciones en verano, y se entiende, por el clima que tienen.

El trabajo que nos encargaron, más que un trabajo fue una diversión: Xavi se explayó pintando un mural en una paret grande, y yo solo tenía que cocinar la comida por las mañanas, cosa que me agrada bastante. La casa, con muchísmas comodidades y grandes espacios con muchos juguetes para los niños. Delante de la casa, un río grande donde podíamos nadar (cosa que hubiéramos hecho si el tiempo hubira sido un poco más calentito), y navegar en bote o en kayack.

Ellos habían decidido estar en el wwoof desde que hacía unos años estuvieron viajando por Nueva Zelanda como wwoofers. También les gustaba mucho ir en bicicleta, y por este motivo albergan también gente que viaja en bicicleta por una noche. En estos países (Suiza, Francia, Austria, Alemania e Italia) se lleva mucho el viajar o hacer largos recorridos en bici, y puedes usar estas redes de casas donde te ofrecen cama y desayuno. En Alemania puedes verlo en www.adfec.de. En España solo hemos encontrado www.conbici.org , aunque no conocemos su funcionamiento.

En este sitio estuvimos bien, fueron como unas vacaciones, tranquilas y relajadas. A Maija y Stephan les gustaba que les contáramos las experiencias vividas en los otros países. Pasábamos algunos ratos después de las cenas charlando y viendo fotos. Durante el día, pero, no convivíamos mucho con ellos, ya que estaban con sus trabajos y hobbies, y nosotros con nuestro mural, haciendo las comidas, y dando paseos con los niños en bici.

La verdad es que me aburrí un poco, me faltaba esa convivencia con la gente que habíamos tenido en Hungría y Rumanía. Eso me hizo pensar en qué es lo que muchos voluntarios wwoofers esperaban cuando llegan a una granja, y creo que el contacto con la gente, el trabajar en un proyecto conjuntamente, el intercambio de experiencias, y en definitiva, convivir para conocer el modus vivendi de cada uno, es algo que nos enriquece a todos. Eso es lo que no encontré en Alemania, aunque sí, mucha amabilidad y confianza.

En el Blak Forest, al oeste de Alemania, llegamos a un pueblecito cerca de Freiburg, Grafenhausen (en el sud, haciendo frontera con Suiza y Francia). A mil metros de altitud vivía una família muy joven y curiosa por como habían montado su manera de ganarse la vida en el campo. Johan y Rebeca se habían ido al monte reformando una antigua y grandiosa granja de vacas, haciendo queso de la leche de sus cabras, y proponiendo estancias temáticas (medievales) de una semana para adolescentes en agosto, donde convivían en la granja con ellos aprendiendo a cocinar en el fuego, a hacer papel a partir de madera, tallar piedra, hacer lana, trabajar la piel, tiro con arco. A parte de todo esto, Monhof era una granja de acogida para niños tutelados por el estado. Así que en la casa vivían, a parte de sus tres hijos biológicos, July de 5 años, Noa de 12 y Pierre de 15, otras dos adolescentes, Natalie de 16 años, y Milena de 18 años, y Lucas de 12 años. También venía cada día a pasar unas horas, Florian, un chico de 12 años que vivía con sus padres. Y un día por semana, Paula, una niña de 5 años que pronto pasaría a formar parte de esta gran familia.

A toda a esta gente, se le añadía los wwofers, que en este período estábamos nosotros, un chico indú residente en EEUU, y una pareja irlandesa- americana. También había dos trabajadores diarios, que eran personas que vivían en un centro de rehabilitación de alcohólicos, donde Johan trabajaba algunas noches, y algunos que otros jóvenes amigos de los hijos que pasában horas y incluso noches en la casa.

Nuestro trabajo allí fue también muy tranquilo: hicimos un jardín de plantas aromáticas, alimentamos los animales (cerdos, cabras y gallinas), y sacamos las malas hierbas del huerto.

Por lo demás también vacaciones. Íbamos a pasear por la Selva Negra, descubriendo sus grandes, frondosos y oscuros bosques, por los pueblecitos cercanos donde habían unos grandes y bonitos lagos. La zona era turística, en invierno podías esquiar durante muchísmos meses, y en verano pasear por los bosques, a pie o en bicicleta, o navegar en los lagos.

La ciudad más cercana, Freiburg, es una ciudad también muy bonita para visitar. Nosotros cogimos un tren hasta esta ciudad, y fue precioso el viaje ya que el tren recorre todos los lagos a través de bosques y túneles de piedra…

El problema con el que nos encontramos en esta granja fue el desorden. Tanta gente y muy poca organización. Cuando viajas con niños, la necesidad de una rutina de trabajo, un orden en las comidas, etc, es bastante importante. Nosotros escogimos las granjas antes de salir de España, pero nunca sabes con lo que te puedes encontrar. Este sitio no encajaba con nuestra manera de hacer ni de vivir por diferentes motivos, así que decidimos irnos unos días antes.

A partir de aquí, ya no teníamos otra granja con la que hubíeramos contactado antes de salir de casa, así que nos pusimos en contacto con unos amigos en Francia por si nos podían albergar unos días, antes de llegar a un camping en Eourres donde teníamos que encontrarnos con nuestros amigos Artur, Marcela y sus hijas.

Así que en el próximo post os contaré nuestras vacaciones en Francia (sin trabajo) y nuestro encuentro, después de 3 meses y medio, con nuestros amigos españoles.