Inmersos en una indecisión, nos planteábamos la posibilidad de viajar ese jueves a las 10:00 horas para la Cascada del Vino, en el estado Lara (Venezuela). Desde Maracaibo, nuestro lugar de origen, la referencia citada era de unos 480 Km aprox. Evaluando ventajas y desventajas, decidimos partir a nuestro destino: El Parque Nacional Dinira.

Rápidamente empacamos lo necesario para pasar un fin de semana, mamá, papá y Valentina tomaron un autobús que decía “Barquisimeto”. Nuestro amigo Esteban nos había persuadido de tomar este transporte y bajarnos en la parada de Carora (1 hora antes de llegar a Baquisimeto).

Una vez en el autobús y después de unos pocos tropiezos, en el terminal de pasajeros, papá y mamá nos dimos cuenta de que no teníamos ni la menor idea de a dónde nos dirigíamos, y mucho menos como llegar. Tan solo conocíamos el nombre del lugar destino “Barbacoas”.

En el terminal, los choferes de algunas líneas nos daban diversas opiniones, unas menos arriesgadas que otras y al final decidimos tomar la más corta y lógica… solo que era la opción de los mochileros y viajeros a dedo.

Salimos de Maracaibo en una buseta con destino a “Barquisimeto”, sin embargo habíamos decidió bajarnos en la parada de “Sabaneta”. En el camino y ya emocionados papá comenzó a sentir un ligero dolor de cabeza. Una vez en “Sabaneta y luego de preguntar a muchas personas la confusión llegó. Los lugares claves de referencia que habíamos obtenido, no eran puntos muy vistosos o claros, solo eran lugares en la carretera donde papá y mamá esperaron con tres grandes bolsos, un incomodo coche y una bebe de 7 meses, mientras respirábamos humo de grandes gandolas ruidosas y soportábamos un calor desafiante.

Muchos buses pasaban y ninguno paraba, finalmente después de dos horas a orillas de la carretera, preguntamos (un poco desesperados) a unos fiscales de transito y ellos pararon un carro que se suponía que iba en la ruta deseada. Después de escazas dos horas de viaje, el conductor nos mira y dice: aquí es Montevideo… tengan cuidado, este lugar es peligroso… La verdad parecía un lugar inhóspito y que obviamente no estaba situado en el mapa.

Apenas podíamos caminar, mientras oscurecía, la tensión entre mamá y papá crecía. Estábamos a punto de arrepentirnos cuando paso una camioneta y nos ofreció acercarnos un poco más a nuestra parada; en vista de que en el auto quedaban pocos puestos libres, papá tuvo que embarcar en el cajón de carga.

El camino se hacía más angosto, a medida que ascendíamos las curvas eran más pronunciadas. El tiempo se alargaba, mamá con fatiga y papá con dolor de cabeza. El ascenso fue brusco, subimos unos mil metros en 1 hora, la cabeza de papá iba a estallar.

Llegamos a San Pedro, un pueblo acogedor, aún faltaba camino… Lamamos a nuestro amigo Esteban, nos dijo que esperaramos que inmediatamente el se dirigía a nuestro rescate. Aunque a nootros nos pareció una eternidad la espera en la plaza principal, La llegada de nuestro amigo parecía vislumbrar el momento en que dejábamos de rodar.

Finalmente llegamos, había anochecido, trece horas de viaje, ultima parada “Parque Nacional Dinira”. El dolor en la cabeza de papá no desaparecía. La cena estaba servida, el frio del cambio de clima parecía afectarnos, decidimos finalmente ir a la cama y descansar de ese largo viaje.

Un poco antes de las 3:00am, después de un susto, el incesante llanto de Valentina sorprendida, nos enteramos que al lado de nuestra habitación dormían los gallos… ni hablar de la cantidad de veces que despertamos exaltados… Valentina: te presento el canto de los gallos, suelen ser un poco escandalosos en la madrugada.

Nuestro amigo suele ser madrugador (como los gallos) y poco antes del amanecer se escuchaba música hardcore a todo volumen en toda la casa, papá no parecía muy agraciado, pronto mamá noto que se trataba de una condición seria, los dolores de cabeza de papá revelaban algo más.

Estábamos a 15 minutos de “Barbacoas”, el pueblo más cercano con un centro de atención y estaba cerrado. Dimos algunas vueltas en el pueblo pero no encontramos nada que pudiera al menos diagnosticar el dolor de papá. Regresamos resignados a la casa de Esteban, poco después del mediodía. Mientras tomábamos el almuerzo, pasó un vecino a saludar y observando la condición de papá le ofreció ayuda “botánica” y dijo graciosamente: Haz una infusión con la flor de la cayena y aspiras el agua por la nariz, al poco tiempo… Oh no!! Fue peor, no podía mantener abiertos los ojos.

Mientras bebe Valentina se divertía entre insectos y flores, papá decidió ignorar el dolor que le impedía disfrutar del viaje, así que fue a cortar leña para ayudar a hacer las pizzas que prepararíamos en el horno a leña que prometía deliciosos resultados, en pocos minutos llego con la leña y el medio de su cabeza sangrando… Oh por los cielos! Que te paso?!, dijo mamá angustiada, papá explico que mientras cortaba las ramas, una salió volando directo a su frente. La situación cefálica de papá se puso “un poco peor” con el golpe y con la ayuda de amigo Esteban, volvimos al pueblo a buscar (por intuición de papá) algún fármaco que lo ayudara a combatir la desagradable sensación. De vuelta, parecíamos un hospital ambulante, entre antibióticos, analgésicos y antiinflamatorios, las recetas de medicina natural que mamá ofrecía quedaron sepultadas y comenzó la automedicación…

Milagrosamente comenzó a difuminarse el dolor, tomamos la decisión de visitar el lugar motivo de nuestro viaje: La Cascada del Vino, principal atractivo del Parque Nacional Dinira. Tomamos el cochecito, mamá cogió las cosas de Valentina y papá tomando precauciones envolvió su cabeza para que el sol imponente no descontrolara su condición que parecía mejorar con el uso de los fármacos.

Después de unos 45 minutos caminando a paso lento por las condición de papá, Conocimos la majestuosa Cascada del Vino. Valentina en contacto con la grama, su cara de sorpresa toda una obra de arte, el roció acariciador esparcido por todos los rincones, hermosa armonía nos invadía.

Oscurecía y nos dirigimos de vuelta para la cena, Valentina muy contenta, nosotros animados. Segunda noche que termina con gallos serenateros y hardcore alegremente desbocado.

Papá despertó con un relajado semblante, Valentina risueña tomaba su tetica, mamá satisfecha. El resto del día pasó entre risas. Charlábamos con los vecinos del caserío, conocimos la zona, Valentina sorprendida palpaba cabras, vacas, perros, gatos y cuanto animal se le cruzara, haciendo gestos de descubrimientos sorprendentes.Papá disfrutaba de hacer las pizzas al horno de leña, cosa que también estaba aprendiendo, a demás, quedaron riquísimas. Esa tercera noche, la serenata gállense no llego a nuestros oídos, pues debíamos salir en la madrugada para poder tomar el único transporte que nos llevaba de vuelta a Barquisimeto, el lugar de donde saldríamos a la ciudad de donde llegamos, Maracaibo. El autobús saldría a las 3:30am, Amigo Esteban, fraternalmente nos dejó en las puertas del mismo y comenzó el viaje de retorno.

Entre el Cansancio de papá, la fatiga de mamá y el calor de Valentina, llegamos sanos, a salvo, agotados y felices después de unas largas 10 horas al hogar familiar en la ciudad de Maracaibo.

De más esta decir, que fue una gran aventura y pronto la repetimos en varias oportunidades. La casa de amigo Esteban, hoy en día recibe turistas del interior y exterior del país y tiene opciones para todo tipo de gustos. La casa queda a escasos 10 minutos de la Cascada del Vino, atractivo principal del Parque Nacional, ya que esta majestuosa cascada tiene aguas de color rojo tinto debido a la mezcla de antocianina y material ferruginoso. La casa se encuentra a orillas de la carretera y tiene un letrero que dice: “Pizzas al horno de leña”. Es una casa de ambiente familiar que tiene dos cuartos de huéspedes y ofrece un amplio espacio para carpas; aquí habitan amigo Esteban, franco-venezolano con 10 años de continua residencia en entornos rurales de Venezuela, su esposa e hija de 6 meses.

Agradecidos estamos y esperamos que se propaguen en todo el mundo las familias en ruta, porque viajar con hij@s es una dicha!

Geraldine Zambrano

http://ecohydra.blogspot.com/