Como todos sabemos, todo llega a su fin. Nuestro viaje de cinco meses por Europa parecía que sería interminable (cuantas veces habíamos soñado en poder viajar durante tanto tiempo!!), pero es bonito que sea así, todo empieza, vive, y se acaba. Como me dijo un gran “sabio” (nuestro hijo de 3 años Cai) en Hungría, en mitad de nuestra ruta, bajo una posta de sol tremenda en medio del silencio: “mamá, ahora soy pequeño, como mucho, y voy a crecer y crecer tanto, que me haré viejecito y luego moriré”. Y es la verdad más absoluta que tiene la vida.

Por eso queríamos viajar, porque el viaje te da la oportunidad de vivir cada instante en su gran esplendor, en su totalidad. Acabo de leer el artículo de Odile y su precioso viaje entre la vida y la muerte; gracias por compartir tu experiencia.

No quiero que el viaje sustituya el poder vivir esos pequeños instantes en nuestra rutina cotidiana, pero a mí me ayuda a encontrar el camino para conseguirlo.

Vivir otras realidades, conocer otras manereas de hacer, de sentir, descubrirnos a nosotros mismos en tiempos y espacios distintos, todo esto y más, es lo que encontramos en nuestro viaje, y quiero intentar relatarlo, desde la distancia, el recuerdo y el sentir de los últimos tres meses que han pasado ya desde nuestra llegada.

Recuerdo esos instantes.

Cuando salimos en un Ferry desde Barcelona hasta Génova. La idea de viajar 18 horas (la mayor parte de noche) en barco fue estupenda. A parte de tener un precio muy asequible, ya que seguramente hubiéramos gastado los mismos euros por carretera pagando gasolina y autopistas, pasar la noche en un camarote los cuatro de un “grandioso barco” fue una experiencia muy nueva y excitante, sobretodo para Íria y Cai, nuestros dos hijos de 6 y 3 años. (www.aferry.es/grimaldiferries-es.htm)

Todo el viaje lo hicimos en coche y remolque, donde llevábamos nuestra casa (una comanche de 20 años que nos habían regalado y que nos encantó tenerla como nuestra guarida durante este tiempo). Allí donde llegábamos la abríamos y ya estaba todo dentro, las camas montadas, los cacharros de cocina, los juegos de los niños  Sólo poníamos los fogones y ya teníamos la casita montada en un plis-plas. También cabe decir que nos dió algún que otro susto, como cuando desembarcamos, y al cabo de unas horas en coche se nos quedó tirada en la carretera, partiéndose el eje metálico que la une al enganche del coche… Esto pasó en un pueblecito italiano, Bobbio, y un simpatiquísimo soldador nos la arregló sin cobrarnos nada!!! Lo bonito del viajar, es también esta parte de imprevistos, el cómo los vivimos y los solucionamos sin perder los estribos y haciendo que todo forme parte de la aventura, como lo hace tan bien Xavi.

Pasamos muy rápidamente Italia, dirigiéndonos a Croacia, aunque lo que esperábamos que fuera en un día fue en tres, ya que no sé porqué razón aún, el destino nos puso al Papa de Roma en nuestro camino, y en Aquileia, nos encontramos encerrados en un camping sin poder salir porque este señor estaba al lado haciendo una visita al pueblecito. Policías, perros, coches, helicópteros, anonadados por el espectáctaculo nos conformamos con descansar un par de días.

Vuelta a la carretera nos dirigimos a la costa Croata. Hay que explicar que pasar a Croacia desde Italia por el trocito de costa Eslovena, no es del todo fácil. La autopista es carísima por tan pocos kilómetros, ya que se cobra por tiempo (creo recordar por un mes) y, la alternativa, es una carreterita que pasa por todas las urbanizaciones de casas que existen, y de la que es muy fácil perderse. Si te pasa eso, que te pierdes y sin querer entras en la autopista, la policía eslovena está al caer para meterte un multazo ya diseñado especialmente para turistas que traspasan su pequeño territorio costero para dirigirse a la gran costa croata. Nosotros lo conseguimos!!

En Croacia no encontramos ninguna granja de la organización WWOOF para poder pasar unas semanas, así que lo hicimos en dos campings, uno de costa y otro interior.

Cabe decir y recordar que nuestra opción de viaje era trabajando en granjas orgánicas como voluntarios, a cambio de estancia y comida. La organización WWOOF, World Wide Opportunities on Organic farms (www.wwoof.com), con la que acogíamos voluntarios en nuestra granja (www.lesesplanes.org), desde hacía 8 años, nos había dado la pista para poder viajar nosotros como familia.

Es una forma de viajar con la que puedes realmente acercarte y convivir con gente de otras partes del mundo, sintiéndote que formas parte, aunque sea sólo por un espacio de tiempo, de su vida, inquietudes, proyectos, sueños y  dificultades.

De Croacia, deciros que sus costas son impresionantes, y pasar en ellas un tiempo fuera de los meses turísticos, creo que es muy ideal para descansar en família. Los precios de los campings, incluso en la costa, son muy asequibles para nosotros, y si te adentras hacia el interior, mucho más, y aunque no haya playas, los paisajes son bonitos y los pueblecitos muy rurales.(camping Park Umag, camping Slapic)

Otro instante fue cuando llegábamos a nuestra primera granja en Hungría: día de fiesta en el pequeño pueblo de Pusztaszer, los típicos músicos con sus acordeones y violines, grandes nidos de cigueñas con la família entera dentro, las mayores estirando sus patas, en los pequeños postes de la calle, los niños subidos en los carros y comiendo helados. Llegamos, nos encontramos con nuestra família, Zsuzsa, Jörg, Sára y Máté de 4 y 7 años, y nos subimos en un carruaje. Los niños se observaban tímidamente, y me encantó ver en sus ojos la curiosidad por lo que iban a vivir en los próximas semanas.

En esta granja aprendimos lo difícil que es tirar adelante un proyecto ecológico en un país donde muy poca gente habla de eso, donde los problemas por llegar a fin de mes están a la orden del día, y donde la mayoría de personas rehuyen el campo pensando que es cosa de viejos y pobres y que en las ciudades está el porvenir. En la granja Pipacs, tienen una casita para huéspedes y acogen turistas a muy buen precio, la granja es lindísima y tienen unas ovejas autóctonas preciosas de las que hacen un buenísmo queso. (www.biopipacstanya.hu)

En Rumanía estuvimos casi un mes en una granja de un pequeño pueblecito al norte de Sibiu, en Transylvania, Mosna. Mis instantes aquí fueron muchos e inolvidables: recoger preciosas rosas a las 6 de la madrugada para hacer mermelada, limpiar cuidadosamente los quesos en la cava, sacar las vacas a comer al monte, dormir en la montaña al son de canciones gitanas, ver a mi hija Íria tan independiente como si toda la vida hubiera vivido allí, llevando ella sola la carreta, hablando en inglés con los otros niños, y celebrar el cumpleaños de Cai con toda una gran família.

La vida allí es durísima, pero todo siempre con música y alegría. Si alguna vez visitáis Transilvania, no dejéis de ir a Mosna, cerca de Sibiu, y preguntar por Willy Shuster. No tiene pérdida.

Y después de horas de ruta por una preciosa carretera de montaña, saliendo de un pequeñísimo camping con cuatro cabañas de madera construídas por su propio dueño (y pagando por poner la tienda un euro por día!!) volvimos a Hungría, para darnos cuenta de algo que todos sabemos pero que rara vez nos aplicamos: necesitamos tan poco para vivir.

Nuestra estancia en una granja en el oeste de Hungría, en medio de la nada, sin nada más que una cocina de barro para cocinar, nuestra tienda para dormir y la maravillosa compañía de Nadine, Mike y su perra Fridelina, nos dió ese buen gusto de pasar horas con la gente hablando, con los niños jugando, con el día trabajando con barro y lana, y con la noche, cantando, haciendo música, disfrutando del fuego y soñando.

Mis instantes favoritos aquí fueron ver a mis hijos corriendo libres bajo la puesta de sol, bañándose en la arcilla o cuidando de los pequeños erizos. (www.lehmgestalten.eu/Nadine/startseite.htm)

La llegada a la Europa “rica” (Austria y Alemania), después de pasar 2 meses y medio en tierras croatas, húngaras y rumanas, fue un poco dura. El derroche en todos los sentidos lo vivimos especialmente mal, ya que acabábamos de llegar de unos unos países donde mucha de su gente están luchando cada día por poder comer, mientras su sociedad se vuelve cada vez más consumista, las grandes superfícies crecen y crecen, y no encuentran solución a los problemas de la multiculturalidad, en fín, muchas de las cosas que nuestros padres vivieron no hace tantos años.

De Alemania nos gustó el Black Forest, la Selva Negra. Hay lagos preciosos y vale la pena visitar ciudad de Freiburg.

Y finalmente al cabo de otro mes llegamos a Francia. Aquí estuvimos en diferentes sitios, algunos ya conocidos, como Samoens, un precioso pueblecito en los Alpes, a una hora de Ginebra, donde hay muchísimas cosas para hacer en familia: fascinantes excursiones, baños en los lagos, grandes parques, cañones, paseos a caballo. Eso sí, no se li ocurra a nadie pasar por ahí en temporada de esquí en invierno!!! (www.samoens.com)

En Eurres, un ecovillage situado en el departamento de La Drôme en la región de Rhone Alpes, nos encontramos con nuestros amigos, Marcela , Artur, Selva, Sol y Brisa. Queríamos conocer como funcionaba el ecovillage, y aunque quizás nos habíamos creado demasiadas expectativas, el sitio era bonito y los paisajes sorprendentes. En este pueblo puedes comprar y comer eco, compartir coche, hacer cursos o talleres alternativos, y hacer excuriones de hasta una semana con unos preciosos asnos que te ayudan a llevar las tiendas y los niños. Una experiencia de la que no pudimos disfrutar, pero que seguro volveremos algún día para llevarla a cabo. (www.eourres.fr)

Recuerdo ese instante en la cima de una altísma montaña, después de subir horas con los niños, viendo la immensidad y difrutando el silencio, apreciando la satisfacción en la cara de nuestros hijos de quien ha conseguido algo muy grande y de que el esfuerzo valió la pena.

Antes de dejar Francia, pasaríamos a ver a nuestros amigos en la Dordogne, una familia que conocimos hace años cuando vinieron de wwoofers a nuestra granja con sus dos hijos. Allí ellos, después de años de viajes, se instalaron con 70 cabras, haciendo quesos y repartiéndolos a domicilio. Una zona muy rural. Siempre es un gusto estar con gente con la que compartir proyectos de vida….

Y si alguna vez viajáis a la Dordogne, no dejéis de ir a visitar la granja de asnos “L’asinerie du Perigord Vert”, donde Neli hace unos jabones con la leche de las burras que te deja la piel como una Cleopatra!! (www.asinerieduperigordvert.com)

Así pues, se estaba terminando nuestra ruta. Nos quedaba pasar un par de semanas en Cantabria, disfrutando de la compañía y conocimientos de Miguel Castro y Vega Martín en sus talleres de expresión y educación creadora en Bilbao. Os animo a conocer su trabajo, os sorprenderá! (www.dirayaexpresion.es).

Y a mediados de setiembre, llegamos a casa!!! muchas sensaciones me invadieron: las ganas de volver a estar ahí, con nuestra gente, nuestros animalitos, nuestro paisaje, nuestros sabores, olores. Dejábamos atrás tantos instantes preciosos, valiosos para nuestra vidas y de pronto oyes a nuestros hijos preguntar : ¿cuando volvemos a irnos de viaje a hacer nuevos amigos?

Habían leído en nuestro corazón…