Era un frío, lluvioso y hermoso día de otoño cuando llegamos ante la maravillosa belleza del Gran Canal. Por delante nos quedaban tres dias entre palacios, canales, pizzas y máscaras.

Meses antes habíamos decidido hacer un crucero por el Adriático y las islas griegas en familia. El crucero salía de Venecia y puesto que yo conocía muy bien esa ciudad, optamos por viajar tres días antes de la salida oficial y recorrerla tranquilamente. Íbamos mi familia, mis hijas, de 6 y 10 años, mi marido y yo, y un matrimonio amigo que también tenia dos hijos, de 8 y 11 años. Me preocupaba que fuera una ciudad demasiado “cultural” para la edad que tenían los niños, así que les preparé un viaje lo más divertido posible.

Busqué por Internet un alojamiento apropiado y no muy caro. Venecia es una ciudad donde, debido a su arquitectura y a la imposibilidad para construir nuevos edificios modernos y adaptados, apenas hay hoteles y los que hay suelen ser caros, pero muchos propietarios han visto como solución a los problemas de impuestos y mantenimiento de sus “palacetes” la construcción de apartamentos de alquiler o B&B, con lo que es fácil encontrar alojamientos familiares, coquetos y económicos.

Nuestro B&B estaba en pleno barrio de Sta Croce, muy céntrico. Las habitaciones eran enormes, con altos techos y papeles con flores de lys que les daba un aspecto de decadente y curioso. En la planta baja tenia el embarcadero que daba directamente a un pequeño y coqueto canal, y las escaleras y el suelo crujía a cada paso que dábamos.

Con la ayuda del libro “La Venecia secreta de Corto Maltés” me diseñé unos itinerarios en los que destacaban las anécdotas, curiosidades y aspectos poco conocidos de la ciudad. De esa manera visitamos el Puente de las Tetas, la calle más estrecha de la ciudad, los pozos más artísticos o los bares más antiguos.

También visitamos Burano (no confundir con Murano, donde solo hay cristal), una pequeña islita en la que cada vecino pinta, todos los años, su casa de un color llamativo, como queriendo hacer un esfuerzo por ser el mas original de la isla. Y nos acercamos a Torcello, donde los niños se pudieron sentar en el Trono de Atila.

Pero lo que más les gusto de esos días fue la sorpresa que les tenía preparada. Contraté, un tour guiado por la Venecia misteriosa, una visita llena de “historias de fantasmas, homicidios misteriosos, espiritus que vagan por las calles….” , según la web.

Acudimos a las 7 de la tarde a una pequeña plazuela donde Françesca, nuestra guía que hablaba perfectamente español, se nos presentó y nos llevo a conocer los rincones mas secretos de la ciudad : la casa donde aún pena el fantasma de la mujer china de Marco Polo, la historia sobre un hombre gigante que vivió en la isla y vendió su esqueleto antes de morir o la escalofriante historia (atestiguada con fotos) del asesinato ritual de 4 hombres en lo que hoy en día es el asilo de ancianos.

Entre el frío que hacia ese día, el aire, la voz misteriosa de Françesca y las historias que nos contó, y que adaptó perfectamente a la edad de los niños (omitiendo detalles que luego nos contaba a los adultos aparte), fue una velada que nunca olvidaremos.

Por supuesto no dejamos de hacer las cosas habituales que se hacen en un viaje a Venecia : comimos helados italianos, compramos unas mascaras venecianas, visitamos el Palacio Ducal, la plaza de San Marcos y el Puente de los Suspiros y, por supuesto, montamos en gondola, conducida por un apuesto veneciano.

Fue una experiencia fabulosa y que me enseñó que todo viaje puede adaptarse para hacerlo con niños.

Hortensia Bárdenas