Cuando me hablaban de Venecia, me venía a la mente una ciudad demasiado artificial y turística.Nunca sentí especial interés por visitarla, hasta que un amigo me habló de ella como si se hubiera enamorado de la mujer más bella del Mundo.

Fue unos meses más tarde, viendo la genial película “El Turista” rodada en Venecia : No pude resistir la tentación de parar el vídeo, y entrar en la web de vuelos de bajo coste. A los pocos minutos, teníamos vuelos en diciembre para Venecia.

Hay que comprar con antelación si se quieren precios baratos ( 19 euros la ida y 29 la vuelta es lo que nos costó a nosotros) y evitar fechas típicas: carnaval o temporada oficial de vacaciones.

Dicen que en verano las aguas de los canales hacen un aroma desagradable, y que en ciertas épocas la masificación turística se hace insoportable.

También hay una época en otoño que sube mucho la marea , aqua alta, inundando la ciudad y aunque dicen que es muy bonito por otra parte es incómodo porque hay que pasar por pasarelas y esto NO nos parece adecuado para ir con niños.

Nosotros decidimos llevar botas de agua por si fuera el caso que subiera el aqua alta. Por suerte, no lo sufrimos.

Así pues, diciembre a pesar del frío fue el mes que decidimos que sería una buena fecha.

Dicen que” no hay mal tiempo, cuando hay hay buen vestuario”. Y así es, preparados con mucha mucha muchísima ropa,subimos al avión.

Después de algo más de una hora y media de vuelo…. Venecia está a nuestros pies, nosotros todavía estamos en la nubes, aún en los asientos del avión pero ya contemplando la maravillosa vista aérea de una ciudad que nos dá la bienvenida.

Al llegar al aeropuerto hay opciones para todos los gustos que llevan hasta las puertas de Venecia: tren, barco (vaporetto) o bus.

No hay que salir del aeropuerto para comprar los billetes, allí mismo se pueden comprar.Nosotros escogimos bus por la rapidez (20 minutos) y el coste (5 euros ó 9 euros ida y vuelta), el niño de 8 años también paga. Otras edades: consultar al comprar los billetes.

El tren y el barco quizás son más atractivos pero tardan mucho en hacer el trayecto y son muy caros.

El bus nos lleva hasta la entrada de Venecia, de ahí no pasa. En Venecia están prohibidos todos los coches, vehículos, motos, etc… “Y las bicis???” ummm…ummm… Nosotros no vimos ninguna bici!

No os asustéis… Los carritos de bebé sí están permitidos… y además recomendados (que sean ligeros para subir y bajar escaleras), ya que la esencia de esta ciudad es pasear, andar, perderse por sus calles de laberintos misteriosos, subir y bajar los puentes de los canales, por lo que los niños muy pequeños irán muy bien sentaditos sin cansarse de andar.

Los niños más grandes… disfrutan muchísimo corriendo, por suerte no se van muy lejos: hay escaparates tan atractivos que los niños tienen que pararse ante ellos para enseñarnos lo que hay tras los cristales: artesanías, juguetes, dulces y pasteles, pizzas,máscaras coloristas, plumas y brillos.

Las tiendas y los comercios de los artesanos a los que se les puede ver trabajar en sus talleres pintando a mano las máscaras venecianas o los hornos de pan son un regalo para la vista, el alma y el paladar (compramos unos panes de olivas artesanales por unos céntimos cada panecillo que estaban deliciosos, y panettones pequeños recién hechos riquísimos).

En Venecia se ha parado el tiempo. Y los años y los siglos no pasan. Todo se ha detenido y conservado para que la humanidad la contemple tal y cómo siempre fue.

Calles, ropa tendida en los balcones, señales de la vida cotidiana, calles, canales… escaparates, casitas de juguete, rincones que parecen de otros tiempos, más canales, tiendas… olor a café…pasear, góndolas que pasan por debajo de puentes imposibles por pequeños, frío en la cara, y en las manos… el calorcito de la pizza recién horneada que nos ayuda a coger fuerzas para seguir paseando.

El niño ha querido pizza, y eso comemos.¿ Qué mayor placer que comer pizza italiana recien hecha sentados en una tranquila calle de Venecia????, para el café buscamos un bar escondido en una callecita (huyendo de lo turístico) donde nos sirven los cappuccinos decorados con dibujos: un corazón y un árbol con forma de abeto que nos recuerda que es Navidad.

Sentados en aquella cafetería, sonreímos porque estamos en una ciudad de ensueño.

En nuestra tertulia comentamos que uno no se puede morir sin venir alguna vez en la vida.

Conocemos muchas personas que han viajado a lugares lejanos, que han cruzado el Atlántico varias veces, y que han dado la vuelta al Mundo, pero que reconocen no haber estado nunca en Venecia. Esto a partir de ahora, para nosotros es totalmente incomprensible.

Venecia tiene algo maravilloso para los visitantes: está muy bien señalizada. Hay carteles con flechas que nos indica el camino que lleva hasta la Plaza San Marco.

Y cuando quieres volver para coger el bus o el tren que lleva al aeropuerto, simplemente hay que seguir la flecha que te lo indica. No hace falta ir con mapas ni guías en la mano. Nos ahorramos así dar la imagen de típico turista, y de alguna manera… eso te hace sentir que eres “un poco” parte de allí.

El idioma no es problema. En la pizzeria por ejemplo, nos empezaron hablando español bastante correcto. Aunque no hace falta,el italiano es un idioma familiar para nosotros, es el que se habla en casa, normal… me casé con un romano!

En nuestro camino, nos encontramos el mercado de Venecia con su mezcla de olores imposibles de catalogar, el majestuoso puente Rialto .

Es un paseo relajado porque no hay que preocuparse de cruzar semáforos, ni apartarse porque pase una moto, ni hay polución en el ambiente.

“Mama, quiero vivir aquí porque se respira muy bien”- Dice mi niño (pobrete ,necesita medicación cuando está en la ciudad de Barcelona por problemas respiratorios).

Llevamos botas de agua!!!! pues ni cortos ni perezosos… Vamos a mojarnos los pies en los canales!!!

Es divertido, pero ojo! hay algas y podríamos resbalar, cuidado con los niños! Es una precaución muy importante: No dejarlos solos demasiado cerca de los canales!

Lo de los barcos es muy interesante: hasta los “camiones de basura” son barcos que se trasladan por los canales, la gente de allí se acercan a tirar la basura a los barcos basureros al pasar por las noches, la policía también se mueve sólo con barcos, los taxis, el transporte de frutas, incluso vimos un “camión de mudanzas” osea barcazo lleno de trastos, muebles y cajas navegando para hacer una mudanza.

No todo son las típicas góndolas, es el paraiso de los amantes de los barcos!

También se producen “atascos y aparcamientos en doble fila” en los canales, pudiéndose ver situaciones muy curiosas como la de una foto que hicimos.

Llegamos a Plaza San Marco tras haber cruzado a pie toda la ciudad.

El niño ni se ha quejado de cansancio, está muy feliz.

Le damos la cámara para que fotografíe a sus papás besándose en la famosa plaza, qué bonita! le ha quedado una foto de postal! claro, qué vamos a decir nosotros?

En el lado del mar, de la Plaza San Marco, la vista es espectacular, las góndolas más bonitas están allí.

Además está atardeciendo.

El papi no puede resistir la tentación de trabajar allí, tomar apuntes en directo y el resultado es un dibujo muy fresco que será nuestro mejor “souvenir”. 

El sol se va, atardece.. anochece… y Venecia nos muestra otro lado de su cara: Oscura, pero iluminada de luces de colores, de magia: Venecia en Navidad.

Es nuestro aniversario de bodas, hubiera sido muy romántico haber viajado hasta Venecia solitos, pero compartir este viaje con nuestro hijo se hace mucho más bello: verle disfrutar, sonreír, asombrarse, ver sus ojos iluminados… nos hace a nosotros doblemente felices

Hace mucho frío, pero mucho…, aunque estamos tan contentos que es un frío agradable, ya que estamos (aunque suene cursi): enamorados de “ella”.

Sentimos el calor de la ilusión y unas ganas enormes de volver a Venecia.

Una ciudad de cuento.

Mejor dicho: de película!

Eva-Kristina Salvador