El amor por los animales de Luna y especialmente por los burros nació en Petra, Jordania; país donde vivimos 5 años. Para Luna, ir a Petra no significaba viajar a la época de los nabateos o zambullirse en las mágicas rocas de sus cañones, era la oportunidad de subirse en un burrito; uno de verdad, sin nada de guata u ojos de plástico. La primera vez que Luna se subió a un burro tenía 2 años e iba a acompañada de los chiquillos que ofrecían el servicio.

El viaje que os vamos a contar lo hicimos en julio de 2010 en la zona de Ariège, Pirineo francés. Para entonces Luna ya tenía 6 años y aparte de los innumerables paseos en burro por Petra, habíamos hecho una ruta de 3 días por la zona con mulas y guía, además Luna llevaba unos meses aprendiendo a montar a caballo, pero aún no nos habíamos atrevido con una ruta solos en burro. Pero antes de nada nos presentaremos: tenemos dos hijas, Luna que nació en Madrid en 2003 y Amelia que nació en Ammán en 2008, la mamá se llama Elisabeth y es francesa y quien escribe es Carlos de Las Palmas de Gran Canaria.

La idea surgió un año antes en 2009: hacer una ruta en burro que con la edad de Amelia (2 años) nos permitiría ir de manera totalmente autónoma. Rechazamos la idea de intentarlo en Jordania y encontramos una agencia que organizaba paseos en burro por el Pirineo francés. Cada uno es libre de elegir el tiempo, el recorrido y las tres alternativas de alojamiento: de hostal en hostal donde se pueden encargar del burro a la llegada y te lo preparan a la mañana siguiente, con comidas o sin comidas; ir totalmente independiente con tienda y hacer acampada libre o una combinación de ambas opciones, también se puede contratar un guía. Como la cabra tira al monte, nos apuntamos a la pura aventura. Luna no podía estar más entusiasmada, pero Amelia no tenía tan claro el plan: 7 días totalmente autónomos con un burro de porteador. Durante el viaje escribí algunas notas a modo de diario que nunca puse en orden (así que agradezco esta oportunidad) y hasta escribí un decálogo con esos consejos que nunca se verán en un libro o un folleto. Esta fue nuestra aventura.

Día 0

A media mañana nos reunimos con la señora de la agencia y trazamos sobre el mapa la mejor ruta para 7 días con el mínimo de pueblos para avituallarse, los puntos de agua para el burro y mucha naturaleza. Nos dio unos breves consejos y un panfleto a modo de “Manual de intrucciones” que leímos unas 100 veces; lo más destacado era que un burro es como un niño de 4 ó 5 años (con una de 2 y otra de 6 pensamos que era lo que nos faltaba) así que como tal había que ser “firme, pero flexible”. Junto con sus buenos consejos nos dio las sacas de carga y un “pez”: una pequeña báscula romana de resorte que no había que perder. Las sacas, que van a cada lado del burro deben pesar exactamente lo mismo y no exceder juntas de 40 kilos de peso. Con ese material volvimos al camping y nos pusimos manos a la obra para preparar las sacas y las mochilas.

18/7/2010 – Día 1

Nos levantamos apurados a la cita con nuestro burro: pesamos las sacas unas 10 veces hasta que conseguimos que cada una pesara 20 kilos ni un gramo más ni un gramo menos, moviendo una latita para allá, el papel higiénico para acá, etc. Esta tarea la repetimos tantas veces que ya pesábamos sólo por confirmar.

A la cita con el burro no éramos los únicos, había otra familia que también era su primera vez, pero iban con el plan hostal así que no intercambiamos muchas impresiones; afortunadamente tomábamos direcciones opuestas. Las instrucciones que nos dio Yve Huez, el dueño, se basaron en como preparar las sacas evitando objetos puntiagudos que molesten al burro, cómo poner el banco a lomos del burro para sujetar la carga, los cuidados del burro y su “parque eléctrico”, un sistema eléctrico para acordonar una pequeña área donde descansaría el burro y evitaría que se escapara. Y por fin, después de resolver algunos “¿y qué hacemos si…?” salimos con nuestro burrito plateado: Chardon (cardo en francés, al principio pensamos que era por el color, pero descubrimos que es por el gusto que tenía a comerse las cabezas de estas plantas, era digno de ver como usaba su labio inferior como si fuera un dedo para comer sin pincharse).

Yo que he tenido perro, la primera impresión es que parece que paseas un perro gigante, que te lleva a paso ligero, pues tiene las patas más largas, cosa a tener en cuenta con niños. Nos costó bastante definir quién llevaba a quién, aunque lo más difícil al principio fue evitar que se parara a comer: así que firme, pero flexible; pero Chardon era perro viejo y comía sin detenerse. A Luna le daba algo de miedo pues los burros en Jordania son más bajitos y paticortos; Amelia no quería oír hablar de subirse encima. Tiempo al tiempo.

Después de subir y cruzar la carretera en el collado de Marmare e intentar parecer lo más naturales posibles, lo que no debía ser pues la gente nos sacaba fotos, nos paramos para descansar y ahí va el primer consejo del decálogo: en el afán de amarrar al burro lo antes posible, buscar primero el mejor sitio para ti y luego para el burro. Lo atamos bajo la mejor sombra de un árbol y luego nos vimos apurados en encontrar una para nosotros. La operación fue irreversible ya que Chardon hizo suyo el sitio defecando inmediatamente. Ahí dudamos de si el burro no sería como un niño de 10 años… Durante este descanso Luna se pasó una hora quitándole las moscas al burro con una ramita, iba rompiendo el hielo; más tarde se animó a llevarlo ella sola. Amelia iba en la mochila portabebé mirando con recelo a Chardon.

Después de comer nos sentíamos realmente libres rodeados de mágníficas vistas del Pirineo, pero algo debimos hacer mal porque de buenas a primeras Chardon se tumbó en mitad del camino. Como por la mañana no se nos ocurrió preguntar: “¿y qué pasa si de repente el burro se tumba?” No supimos que hacer salvo quitarle las sacas. Afortunadamente un vaquero que nos vio con cara de pardillos nos echó una mano o mejor dicho dos manos al burro, pues lo levantó levantándole el trasero. Nunca se tira del burro, se le empuja y aunque ya sabíamos “el truco”, Elisabeth y yo esperamos que no volviera a ocurrir, sobretodo porque queríamos que Amelia se subiera los ratos que estaba despierta o nosotros cansados de llevarla… A este señor le debemos agradecer una botella de agua que nos vino de perlas para cocinar.

Se iba el día, pero ya teníamos localizado donde pasaríamos la noche; una zona abierta y verde cerca de un abrevadero. Chardon tuvo un encuentro curioso con unas vacas, estaba algo excitado y no supimos si eran antiguas colegas o la primera vez que veía vacas.

Montamos el parque eléctrico del que Chardon conocía muy bien su finalidad y por fin nuestra tienda. Montar el parque eléctrico y recogerlo fue una de las tareas de Luna. Y aquí va otro consejo: asegurarse bien donde se va a montar el campamento antes de desmontar las sacas y el banco del burro; este lapsus nos hizo mover las sacas de 20 kg. cada una a pulso a dos sitios diferentes hasta que dimos con el bueno.

19/7/2010 – Día 2

Nada más despertarnos Elisabeth y yo nos hicimos la misma pregunta: ¿seguirá Chardon ahí? Y ahí estaba, tranquilo, comiendo como de costumbre. La primera tarea del día para Luna era cambiar la zona del parque sólo moviendo tres lados del cuadrado para que Chardon pudiera seguir comiendo hierba.

Sujetar un burro con firmeza, pero siendo flexible, cuesta y ya después del primer día empezábamos a tener agujetas. Nos demoramos mucho en prepararnos y aquí cometimos el tercer y cuarto gran fallo: desmontamos el parque antes de tener todo listo, que no se debe hacer, pero hasta aquí todo bien, todos andábamos pendientes de Chardon y parecía tranquilo junto a nosotros. El problema fue cuando Chardon nos vio preparar el banco y las sacas… salió corriendo por el camino de vuelta. Elisabeth ya estaba lista con las zapatillas puestas así que salió detrás de él y ahí sí sabíamos que hacer: nunca le alcanzaríamos por detrás, así que hay que tener la fortuna de aprovechar una curva, atajar y encararse. Cuando Chardon se encontró de frente con Elisabeth se paró milagrosamente; la carrerita fue de más o menos un kilómetro, ideal para empezar el día.

A unos 300 metros había una especie de mirador así que aprovechamos para subir a Amelia y dar un paseo sin las sacas como toma de contacto; la experiencia fue estupenda y a partir de ahí ya casi no había quien la bajara de Chardon. En este mirador aprendimos otro buen consejo y es que el burro mueve bastante las patas aún parado, a Elisabeth ya le había pisado unas 3 veces, pero es que a mí me pisó de lleno con chancletas, o sea, descalzo; así que evitar estar alrededor del burro en chancletas.

Pasamos un día estupendo con alguna bajada fuerte donde hubo que abrazar el cuello del burro y apoyar bien nuestra espalda contra una de las sacas para frenar al burro, en las bajadas va un poco loco. Salvo en Comus, un pueblecito donde hicimos picnic y llenamos las botellas de agua no nos cruzamos con nadie; curiosamente en el pueblo vimos una yurta mongola.

Nos costó un poco encontrar un sitio apartado de la pista donde pasar la noche, amplio para instalar el parque con pasto para Chardon y cambiarlo de sitio a la mañana siguiente, con un espacio para la tienda y cerca de un abrevadero. Fuimos con las niñas a dar de beber a Chardon y de nuevo montar el parque, instalar la tienda y curar las heridas de Chardon. Por fin Luna se pudo montar en el burro, ya que con el peso de las sacas no podíamos subirla.

La parte negativa del verano son las moscas que acompañan al burro; se agolpan en las heridas que las cintas y herrajes le hacen aparte de los tábanos. Se deben tapar con una masilla como quien tapa un agujero en la pared. Debe hacerse regularmente pues se seca y se cae. Esta tarea la llevaron las niñas con muy buena dedicación y pasó a ser una de sus tareas diarias.

20/7/2010 – Día 3

Nada más levantarnos cambiamos el parque de sitio; desmontamos el campamento y nos fuimos al abrevadero, pero nos fue imposible obtener agua para nosotros. Debíamos racionar 2 litros y medio hasta la noche donde teníamos planeado dormir en un camping del pueblo de Belcaire.

La relación de las niñas con Chardon era estupenda; Luna se encargaba de llevarlo en los tramos fáciles aunque su paso era más lento y Amelia iba encantada encima. Nosotros sólo llevábamos a Amelia en la mochila portabebé cuando se dormía.

Hicimos picnic en el collado de Lancise. En un momento del camino, Chardon se volvió a tumbar y afortunadamente Amelia no estaba encima; se revolcaba como para rascarse la espalda, pero no podía porque tenía el banco y temimos que lo rompiera; el banco es una pieza artesanal y nos pidieron tener mucho cuidado con ella. Actuamos como nos ayudó el vaquero el primer día, así que le levantamos los cuartos traseros y seguimos adelante.

En un tramo nos cruzamos con la familia que empezó el mismo día; básicamente tenían los mismos problemillas, que si iba muy rápido, que se paraba mucho para comer… y las moscas; que no lo llevaban nada bien pues rociaban al pobre burro con repelente.

Ese día hicimos un descanso de 45 minutos después de comer, pues oímos algunos truenos y auguraba riesgo de tormenta. Hicimos una larga bajada donde nos llovió un poco; Luna y yo nos retrasamos pues encontramos una zona llena de fresitas silvestres.

Llegamos al pueblo de Belcaire bastante cansados, ya que al no girar donde había que hacerlo en un punto del camino nos alejamos y una vez en el pueblo teníamos el camping en la otra punta.

Aquí habíamos acordado con la agencia que nos dejaran unos fardos de comida para Chardón en un terreno vallado cerca del camping y allí estaban. Llevábamos 3 días con Chardon y al dejarlo solo en el terreno nos dio la sensación de abandonarlo; él debió sentir lo mismo pues fue el único momento que le oímos rebuznar. Las niñas no perdían ocasión para salir corriendo y ver que Chardon estaba bien, si tenía agua y administrarle los fardos.

Cerca del camping hay un lago que fuimos a ver ese mismo día. Luna cogió un rana que soltó al volver, pero lo curioso es que ya en el camping, al lado de nuestra tienda, había un sapo enorme y nos preguntamos si sería el papá que venía a darnos la charla. Por la tarde-noche hubo fiesta en los baños ya que nos pudimos duchar después de 3 días sin un aseo decente. En los aseos Elisabeth tuvo la suerte de enterarse del parte meteorológico pues había un señor que lo repetía todo por teléfono para confirmar la recepción: el tiempo iba a peor.

El postre de la cena fue un yogur con las fresitas que recogimos. Antes de acostarnos, paseo para ver que Chardon estaba bien bajo un cielo estrellado.

21/7/2010 – Día 4

Nos despertamos con una atronadora típica melodía francesa de acordeón, era la entradilla que tenía el encargado del camping para dar sus anuncios, corte de agua por la mañana. Decidimos quedarnos y hacer un día de reposo, recorriendo una ruta circular al Pic de Rives. Elisabeth se fue a comprar bollos típicos para desayunar que era una especie de empanada con mermelada de manzana.

Una de las primeras cosas que hicimos fue ver que Chardon estaba bien; y es curioso que se siente que se alegraba de vernos, todo lo expresa con las orejas.

Nos fuimos a hacer la ruta circular con Chardon y así las niñas aprovecharon para montar juntas; Luna estaba haciendo un titánico esfuerzo dejando que su hermana montara todo el día. El camino que es un paseo de 3 horas se tornó en algo más complejo, pues debíamos quitar ramas y troncos para que Chardon pudiera avanzar. Disfrutamos de unas bonitas vistas y bajamos con Amelia dormida en el burro, cosa que fue bastante difícil.

Por la tarde siesta y vuelta al lago donde había una densa bruma, lo que hace indicar que el agua estaba caliente, las niñas aprovecharon y se bañaron. Todo parecía normal, pero la gente nos miraba, ya que no es habitual ir con bañador, toalla al hombro y un burro.

Por la noche nos acostamos pronto dejando todo bien preparado pues al día siguiente subíamos y debíamos avanzar bastante por el día de descanso que nos tomamos.

22/7/2010 – Día 5

A pesar de todos los esfuerzos nos costó 2 horas y media arrancar y estar en ruta. El tiempo empeoraba, pero sin amenaza de lluvia. Hicimos una subida por una pista forestal bastante tupida hasta que nos encontramos un tronco caído en mitad del camino infranqueable para Chardon. Tuvimos que quitarle las sacas y meterlo entre los árboles y arbustos para hacer un by-pass y continuar.

Más adelante nos encontramos con otra pareja también con 2 niños que hacían la misma ruta, pero al revés. Llegamos al pueblo de Montaillou y empezaba a llover así que nos refugiamos en un soportal para comer y descansar. Allí, bloqueados por la lluvia estuvimos más de lo que nos hubiera gustado, pero descubrimos que había una especie de oficina turística-boutique-emisora de radio donde nos encontramos de casualidad al dueño de la agencia.

Esa noche la pasamos dentro de una especie de jaima en un terreno donde por un módico precio se puede acampar, fue un error no montar nuestra tienda; la noche se hizo larga pues hubo truenos, las gotas de lluvia sobre la lona de plástico era ensordecedor y tuvimos que gestionar algunas goteras. Llovió toda la noche…

 23/7/2010 – Día 6

…y prácticamente toda la mañana. A las 6,30 estábamos despiertos, pero hasta las 10,45 no decidimos salir y tirar a pesar de que llovía con una densa niebla. Fue bastante duro, pues hacía frío y teníamos la ropa húmeda. Nos preocupaba Amelia, pues al no moverse podía coger más frío, pero con el chupete todo iba bien…

La ruta fue una subida bastante pronunciada, hasta que llegamos al collado de Balagués con mucho viento y frío. Una pena, pues había tal niebla que no pudimos disfrutar de ninguna vista de la zona, ni siquiera pudimos parar para coger arándanos.

A medida que avanzaba el día, mejoraba el tiempo y pudimos ver gente con burro haciendo acampada libre. Finalmente llegamos a nuestro destino: el Refugio de Chioula. Comimos, descansamos y nos calentamos los pies, sobre todo Amelia que los tenía helados de no andar. Montamos la tienda detrás del refugio y pasamos la tarde charlando y Luna aprendiendo a jugar a las cartas mientras veíamos como llovía a ratos.

El refugio está cuidado por la hija del matrimonio de la agencia de burros y su marido venezolano; Laurence y Álvaro nos hicieron soñar lo bonito que sería trabajar en un refugio (aunque no sabemos mucho de la letra pequeña). Nos pasamos la tarde charlando con ellos y unos amigos suyos, uno de ellos argentino también instalado en Francia. Antes de anochecer llegó un grupo de unas 12 personas que hacían una ruta a caballo, nada que ver con nuestra historia del burro; lo cierto es que iban con cierta clase arrogante. La cena la pasamos con el típico ambiente de refugio de montaña.

 24/7/2010 – Día 7 y último

Nos levantamos tarde con el bullicio del grupo que iba a caballo ya que se preparaban para continuar la ruta. El día amaneció espléndido, así que desayunamos tranquilamente y después de una agradable charla con Álvaro y Laurence, decidimos dar una vuelta a una loma que teníamos en frente que llamaban la vuelta de Ignaux.

Antes de que saliéramos llegó al que bautizamos como el “Superabuelo”. Iba con dos nietos pequeños, más o menos de la edad de Luna y Amelia y hacían una ruta también en burro de 2 días para que los papás pudieran tener unos días libres en el monte. El caso es que el hombre iba arrepentido de no haber pactado más días porque los nietos se estaban portando muy bien y lo estaban pasando fenomenal; los 2 días era lo mínimo para ver que tal. La madre e hija del Superabuelo apareció más tarde para ver que todo estaba bien pues habían pasado una dura noche de acampada libre bajo truenos y lluvia; nosotros también, pero al borde de un refu no es lo mismo.

Luna no perdió ocasión de montarse con Amelia y subimos al monte Ignaux con la suerte de cruzarnos con una pareja de ciervos; más adelante nos encontramos una pequeña cornamenta que le pusimos a Chardon a modo de unicornio. Nos tomamos unas fotos y bajamos ya empezando a sentir que la aventura se acababa… Comimos en el refugio con panaché (cerveza con limón) viendo el ir y venir de paseantes y turistas. Álvaro instaló para Amelia una hamaca que tenía de Venezuela donde se echó una buena siesta. Hicimos la última recogida del campamento, pesando por última vez las sacas y bajamos al Collado de Marmoré para luego reunirnos con otro hijo de la agencia en el mismo punto de partida.

Con él tuvimos una agradable charla sobre los burros, como que empiezan a trabajar a los 3 años, los jubilan a los 18, viven hasta los 40… Para Luna fue un momento muy triste, Amelia con 2 años estaba más ajena a lo que es una despedida. La vuelta en coche fue silenciosa, con una sensación de tristeza y a la vez alegría por haber completado esta bonita experiencia.

Anduvimos un total de 70 Km. en 7 días lo que nos hizo sentir muy orgullosos de Luna que sólo se subió en los puntos de descanso. Amelia también nos sorprendió pues no sabíamos como iba a reaccionar con el burro, habíamos leído muchos comentarios positivos y algún libro al respecto, pero no nos imaginamos que fuera a ser tan fácil.

Una experiencia totalmente recomendable. En marzo de 2011 hicimos otra ruta de tres días con mulas y guía por el sur de Petra para despedirnos de Jordania y ahora instalados en el norte de Chile esperamos encontrar la ocasión de hacer algo parecido, pues encontramos que es la mejor manera de viajar de manera itinerante por la montaña con niños pequeños.

Decálogo No Oficial del Excursionista en Burro (sin orden de importancia):

1. Buscar primero el mejor lugar para uno, pues si el burro defeca ya no hay vuelta atrás.

2. Asegurarse bien donde instalar el campamento antes de desmontar la carga del burro.

3. Al atar el burro a un árbol hay que tener cuidado al hacer el nudo pues puede dar un tirón repentino y pillarnos los dedos.

4. Lo último que se debe desmontar del campañento es el parque eléctrico. De día y al lado del burro no poníamos la batería.

5. Evitar que el burro vea como preparas la carga, aprovechará la mejor ocasión para salir corriendo.

6. El burro pisa, así que mantener los pies un poco separados y evitar las chancletas.

7. Las moscas y tábanos que pican al burro hace que este tenga unos gestos espasmódicos; el peor, cuando le pica ahí en la entrepierna y gira violentamente la cabeza para espantar las moscas. Si estamos a mitad de camino nos llevaremos un cabezazo.

8. La correa del burro se debe llevar en la mano sin bucles, pues en un tirón inesperado nos puede pillar la mano y hacernos daño.

9. Si oye tormenta y no hay nubes, no se asuste, son las tripas del burro.

10. Cuando hay confianza, el burro aprovecha que estás al lado para rascarse la cabeza con tu ropa dejándola negra y con un inconfundible aroma Ô d’Anne. Ya sabe, firme, pero flexibe…

Los detalles técnicos de la ruta que hicimos se pueden ver en:

http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=1054742

La agencia de los burros fue:

La Ferme aux Anes (La Granja de los Burros)

http://www.la-ferme-aux-anes.com/

Nuestro blog familiar de viajes:

http://cuatromots.wordpress.com

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