Viajar a Marruecos sigue siendo tan seguro y especialmente acogedor con las familias como siempre. El que ha viajado a ese fascinante país que tenemos tan cerca no solo geográfica sino histórica y culturalmente bien lo sabe. Nosotros que ya nos hemos escapado unas cuentas veces estamos deseando volver a hacerlo para seguir descubriéndolo.

Integrante del la Ruta Solidaria Norte que organizamos con Ethnic durante la Semana Santa del año 2016 Eva Maria Cañete nos manda este relato donde quiere compartir con nosotros el mar de sentimientos y reflexiones que el viaje a Marruecos con su hijo de 6 años suscitó en ella.

Por un turismo responsable que cuida los destinos que visita y porque otra forma de viajar con niños es posible este verano están previstos nuevos grupos viajeros a Marruecos Norte especialmente pensados para familias del 24 al 31 de Julio y del 7 al 14 de Agosto. A través de este enlace puedes encontrar toda la información de la ruta.

En la otra orilla de mis sentidos…

“Encomiéndate a dios de todo corazón, que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo que están más secas las esperanzas” escribía Miguel de Cervantes.
Una cultura diferente nos espera allá donde el sol parece perderse entre las aguas, allá dónde no importa el nombre del dios y dónde se puede atravesar la inmensidad del mar y bucear dónde la luz se esconde, sólo con la imaginación. Hoy cambiar de continente supera la fantasía, y embarcamos en este país de contrastes donde la mujer aún cubre su cabello y viste largas túnicas de colores.

Marruecos norte con niños Casa rural Bellouta

Y en vez de desierto o camellos encontramos un entorno de montañas verdes y prados salpicados de pueblos que parecen haber retrocedido más de 20 años en el tiempo y que sobreviven de forma autóctona cultivando y cuidando su propio alimento. Ella, la mujer de tez morena y ojos negros cuyas telas las envejecen otros tantos años, trabaja los huertos, carga sus espaldas de frutos y bebés, prepara y hornea el pan y perfuma las casas de deliciosos aroma de tajín.

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Una mujer que en entornos rurales es la reina de la familia con una corona de resignación en ocasiones, que es capaz de llevarla con una sonrisa bajo su hijab. Un país como otros tantos que siente rechazo y repugna por los que en nombre de su dios masacran sueños y vida y que lejos de transmitir miedo o inseguridad hacen de su hospitalidad su mayor agradecimiento.

Mentes europeas, occidentales que llegamos con el ansia del choque cultural y un recuerdo de la Medina, pero que basta adentrarse en sus casas, en sus familias para saber que el mundo sería más feliz si todo el mundo se saludara con la mano en el corazón, aún sin entender el idioma. De la mano de nuestro compañero, nuestro guía y entrañable Mohamed, nos abren la puerta de su mundo brindándonos mil aventuras en un coqueto minibús haciendo único y especial cada momento y lugar vivido. Adultos y pequeños, familias que desde distintos lugares de la Península, con distintas culturas, tradiciones o dialectos a su vez, se unen en un sueño común, al otro lado de la orilla.

Chauen y el Rif

Seguimos por la montaña del Rif atravesando pueblos azul añil en los que el burro es un habitante más es el medio de transporte de pesadas recolectas. Vacas desnutridas, cabras, ovejas, pasean junto a la carretera o la atraviesan haciéndonos parar. Tiendas de platos y vasijas artesanales en arcenes, carnes tendidas en puestos para su venta. Todo ello, nos saca de nuestro asombro y nos adentra aún más en esta tierra de calma y paz, en la que la prisa mata y sólo un té al sol con el sonido de fondo de la llamada a la oración, te descubre esta región de mil sabores y millones de olores, en la que igual puedes comer habas del huerto, que montar en burro, que visitar colmenas o amasar pan.

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Si todo ello lo hace un grupo de niños andaluces y catalanes que no piensan en banderas ni fronteras, junto con niños marroquíes que comparten con transigencia sus propias tradiciones; es muy posible que los aviones de papel que hoy fabrican, sólo lleven bombas de paz.

Larache

… y nos perdemos por la medina de Larache sabiendo que cada pueblo lleva impresa su historia común y universal. Huellas únicas del magreb en elegante armonía y esas fachadas que recuerdan al clasicismo francés o al arte andalusí bañadas del Atlántico en cuyas playas los castillos de arena son tan altos como en nuestra Costa del Sol. Mezclas irrepetibles que sueñan un mañana quizás diferente…o no.

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Asilha

Llegamos a Asilha, niños y mayores absortos en sus propios pensamientos, mientras que miramos por la ventana del mundo, esa crudeza de la que estamos siendo testigos. Aunque estos peques aventureros nos despiertan de nuestros sueños hoy muy duros, mostrándonos que el veo veo aquí también es divertido. Sin horarios, sin prisas, disfrutando de cada estancia, cada cena, cada mesa, velas, platos, aposentos, chimenea, conversación, te…, cada vivencia irrepetible con familias que nos abren su hogar mostrándonos una cara desconocida de este país y que es tan cercana, tan tierna, tan abierta, solidaria, exótica…

Mujeres marroquíes en Larache

Mujeres marroquíes en Larache

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Grupo de familias viajeras en Asilha

Eva Maria Cañete y todo el grupo viajero a Marruecos Ruta Norte Solidaria Semana Santa 2016

Casa rural Bellouta

No sabría decir con qué momento me quedaría de estos intrépidos días. Momentos de asombro y humor al usar barreños de agua calentada en la caldera para la ducha, los coloridos de alfombras por habitaciones, pasillos y patios con soportales con columnas añil. La convivencia en las casas rurales conociendo los trabajos de huerto, fabricación de pan, miel, jabones. El sabor de la leche recién ordeñada. Las cooperativas, los recursos y formas de desarrollo económico.

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La subida a la cima de la montaña para llegar a la escuela como hacen a diario los niños con sus mochilas. Los colores de la pared de la escuela que contrasta con la cortina de niebla de cada mañana. Las risas de las niñas a espaldas de un burro. La flota de taxis mercedes de los años 70. Los colores de las túnicas de hombres y mujeres. La fiesta de novios y novias en su larga celebración de boda. La música, esa música que encandila los sentidos y te transporta en movimiento que tan importante es en sus vidas. El te, la menta, el momento de tomar el te. La mesa de harira y cus-cus…y pollo… Y esos aromas agridulces y el sabor de las especias. Y los niños entendiéndose en el lenguaje del juego, y los camellos, sin desierto pero esos graciosos camellos que hacen las delicias de mayores y pequeños. Y las Medinas y los zocos, los mercados, la venta de gallinas. Y el arte de la Henna…

Reparador de televisores en Larache

Reparador de televisores en Larache

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Pescadiro fresco en Asilha

Pescadito fresco, la especialidad de Asilha

Son demasiados momentos y vivencias para elegir sólo uno. El mar…el océano, la puesta de sol…y ese sonido que envuelve a los pueblos y estremece de llamada a oración. Y el saludo…y el sucran o gracias, la mano estrechada y puesta en el corazón. El sentimiento de dolor, de tristeza por este mundo que sufre y que sólo lo separa 15 km del nuestro. La simpleza de la armonía, la paz y calma, las preguntas de los pequeños algunas sin conocer las respuestas…

Y ese barco que nos trae de regreso a nuestra realidad, no sin habernos sacudido mente, corazón y alma y trayendo a casa además de unos imanes de babuchas, esa fuerza guerrera para seguir viviendo mil y una experiencia, valorando los simple pero especial de nuestros días, luchar sin tregua y amar hasta que duela… cada viaje al fondo de nuestros sueños, cada recuerdo de estos días irrepetibles e inolvidables en Marruecos, la otra orilla de mis sentidos.

Salam Aleikum.

Texto: Eva Maria Cañete

Fotos: Familias en Ruta