Pippi Langstrumpf se apuntaría sin pensárselo ni un segundo. ¿Os imaginais viviendo en un velero?. No es algo habitual pero yo conozco una familia que lo está haciendo desde hace  años de la que ya os contamos en esta entrada. Si bien enseguida aclaran que no todo resulta tan idílico lo cierto es que esta su forma de vida nos causa una inevitable fascinación. Os ponemos en situación La pareja formada por Antonio Doria y Ana Roca -padres de Tula, una niña de nueve años- llevan ya doce años con el velero Tam Tam como hogar dedicados a organizar cruceros como forma de vida a través de su enseña Delta Yacht,  la única empresa de chárter náutico especializada en las familias con niños a la que recientemente les concedíamos nuestro Sello Family Welcome que avala esta vocación de servicio. Su barco además está recomendada por Lonely Planet en su libro “365 experiencias con tus hijos”.

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Le hemos pedido a Antonio que nos describa algo sobre como es su vida a bordo y nos ha remitido el siguiente texto donde narra sus sensaciones al final de la temporada de verano a las puertas del otoño esa época del año de recogimiento donde el sol deja paso a la noche donde la mayoría nos preparamos para pasar un largo invierno inmersos en nuestra rutina. Cómo veremos la rutina de esta familia tampoco es nada habitual y como aves siguiendo su instinto migratorio, elos tabién se preparan para pasar el invierno…a su manera. Pero dejemos que lo cuenten ellos, lean, lean.

“El resplandor de las ciudades empieza a iluminar la noche detrás del horizonte. Pronto se empezará a ver la costa. El viento ha bajado, y ahora el velero apenas se balancea. Abajo, en el camarote, nuestra pequeña Tula duerme acunada por este movimiento, que le acompaña desde que nació, después de un día de emociones. Estamos a mediados de Septiembre y ayer despedimos a la última familia que ha venido a navegar con nosotros. Pocas horas después el Tam-Tam zarpó de las islas rumbo a la península.

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El verano ha pasado en un suspiro, pero han sido casi tres meses sin tregua, en los que 14 familias diferentes han compartido con nosotros unos días de vacaciones, de desconectar del ruido y la prisa de tierra, de descubrimientos y sensaciones nuevas. Con ellos hemos navegado a vela, hemos fondeado en parajes naturales, hemos buceado y explorado calas inaccesibles desde tierra, en definitiva hemos disfrutado de la vida a bordo de un velero, recorriendo las Islas Baleares. Pero los verdaderos protagonistas han sido los niños de cada familia, ellos son los que han disfrutado más de cada segundo a bordo, desde que los embarcamos en la neumática para traerlos a bordo el primer día de crucero, hasta la despedida de su casa flotante, una semana más tarde. Los desayunos en cubierta, los baños desde el barco, los paseos en la neumática, los desembarcos en las playas, las cenas bajo las estrellas. Todo es nuevo, y llena sus días a bordo desde que despiertan hasta que caen rendidos en sus literas escuchando los ruidos, ya familiares, del barco fondeado.

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Los niños se adaptan rápido a todo, y también a la vida en el barco. Enseguida se dan cuenta de que aquí hay algunas normas. Pocas, pero que hay que aprender, y cumplir. Así que aprenden, y cumplen. Y crecen. Tula les ayuda a aprender, y también aprende de ellos. Cada semana convive con un grupo nuevo, con niños de edades y condiciones diferentes, y se hace abierta y sociable, comparte su espacio y sus cosas. Aprende y crece con ellos. Ahora estaremos una temporada en tierra, así que empezará su cole en la península. Pero en un par de meses llega la travesía del Atlántico, que marca el comienzo de la temporada de Invierno. Ni Tula ni Ana, su mamá, harán la travesía a bordo. Demasiado tiempo empleado en cruzar, un mes y medio que será mejor aprovechado en el cole, así que dejarán que sea papá el que lleve el barco hasta el Caribe, ya que parece que no le cansa, después de cruzar cerca de 30 veces entre idas y vueltas.

Aunque nos reuniremos unos días en las Islas Canarias, la travesía es la única época del año en que la tripulación del TamTam se separa. Ana ya hizo alguna travesía cuando todavía Tula era un proyecto. Eso fue poco después de dejar su trabajo, qué lejos queda ya el diseño de moda y todo lo que le rodea, casi 15 años. Parece que fue ayer cuando Ana llegó al Tam-Tam para pasar una semana de vacaciones, y acabó dejándolo todo para vivir a flote, después de un año encontrándonos en los puertos de medio mundo, ella en avión y yo en barco… sin duda fue mi mejor clienta. Ahora es la mejor compañera.

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Y cuando el Tam-Tam llegue a Martinica, el reencuentro, otra vez los tres juntos. Tula seguirá su curso allí hasta abril, como otros años, con sus “viejos” amigos isleños que ya tendrán 9 años como ella. Y con el cole a bordo para no olvidar los libros de aquí. Y con nuevas familias que vienen a escapar del invierno y navegar unos días en las Antillas.

Más familias, más niños. Más amigos. Luego nos escribirán recordando su estancia a bordo, lo que disfrutaron, lo que aprendieron los peques, las ganas que les quedan de volver a vernos. Eso es impagable, sin duda lo mejor de este trabajo y nuestra mayor recompensa. Así que pienso que seguiremos haciéndolo mucho tiempo, mientras el mar y nuestro Tam-Tam se porten bien, como lo hacen ahora, rumbo a la costa, que ya aparece en el horizonte.”

Texto y fotos:

Antonio Doria

Delta Yacht