Es una familia catalana con dos niños pequeños que está haciendo realidad un sueño largamente deseado. Son propietarios de una granja ecológica que rehabilitaron con el esfuerzo de muchos años y que han decidido dejar atrás temporalmente para emprender una ruta de cinco meses por carretera varios paises de Europa. Su estrategia para reducir costes y conocer a fondo la gente de los lugares por los que viajan es realizar un voluntariado en granjas ecológicas. Ya nos mandaron su crónica de su paso por Croacia e Italia, Hungría y la magia de la región rumana de Transilvania. En esta ocasión nos narran sus aventuras tras su nuevo paso por Hungría, esta vez su lado oeste fronterizo con Austria. Una historia de aventura viajera en familia y libertad de lo más inspiradora.

Estamos a medio camino de nuestra aventura, aún nos quedan dos meses y medio de viaje, y vale la pena decir que está siendo una de las mejores experiencias que he vivido. En nuestra casa habíamos hospedado desde hace 8 años a mucha gente de muchos sitios diferentes, y ahora estamos viviendo la experiencia des del otro lado. Cuando decidimos viajar en forma de voluntariado, trabajando y compartiendo el día a día con otras familias, no sabíamos muy bien con que nos podríamos encontrar, pero tenemos claro que para conocer los sitios hay que conocer a la gente, y para conocer a la gente hay que vivir su cotidianidad, aunque sólo sea por unos días.

Y a veces te encuentras compartiendo vivencias con otras personas que tienen una forma parecida a la tuya de vivir y descubres que están tan cerca de tu alma pero a la vez tan lejos en el espacio. Se hace duro decir adiós o mejor hasta pronto, sin saber si algún día podremos volver a encontrarnos, aunque nos llevamos en nuestro corazón el deseo y la certeza que sí será.

Nuestra última estancia en Hungría nos llevó cerca de la frontera con Austria, cerca del gran lago Balaton, y al lado de un pueblecito llamado Nemessandorhaza. Enmedio de colinas y prados, en plena quietud y hermosas vistas. Nadine y Mike, procedentes de la Alemania del este, deciden hace dos años buscar un sitio donde poder empezar una nueva forma de vida, más acorde con la naturaleza y sentirse parte de ella.

Aquí, el Hungría del oeste, puedes encontrar mucha gente austríaca, germánica o suiza ya que trabajando un par de meses en estos países, se puede vivir medio año en Hungría, y además comprar un terreno o una casa sale muy económico para la gente que vivimos en la Europa “rica”. La gente en Hungría vive con un sueldo de 200 /300 euros al mes.

Tomás, procedente de Suiza, unos cuantos años más atrás, compró unas tierra en este lugar de Hungría, y decidió que quería compartir su proyecto con más gente. Así que Nadine y Mike leyeron un anuncio en internet donde se ofrecía tierra y possibilidad de vivir en comunidad compartiendo un proyecto a un precio que sería irrisorio en nuestra europa y por supuesto en Alemania.

La idea es aprender y formarse, y poder vivir de manera muy sostenible, con la ayuda de la gente que pueda ir a visitarlos para aprender de lo que ellos saben.

Nadine hace un exquisito pan, tienen ovejas de las que sacan lana que luego lavan, cardan, hilan y tiñen. Van a pequeños mercados a ofrecer sus conocimientos. Están construyendo su casa a la vez que una vida tranquila y acorde que el entorno. Cocinan en su cocina hecha de barro. El pan, se cuece en esu horno de barro. El agua la comparten con la otra gente del proyecto, en este caso Tomás y otra pareja, Cristofer y Yella. No tienen más electricidad que la obtenida por un panel solar (para cargar la batería del móvil y el ordenador). Muchas noches se reúnen entorno al fuego, y comparten sus vivencias con los que veninos de otros sitios, y con los de allá. Y en invierno mucha nieve y aún más tranquilidad.

Nosotros les hemos podido ayudar a hacer los ladrillos de arcilla y paja con los que construirán su casa. Hemos aprendido a trabajar la lana, pero sobretodo hemos podido volver a constatar que todo es más sencillo, que necesitamos mucho menos de lo que tenemos para vivir, y que nuestros hijos nos lo dejan muy claro. En este sitio los hemos visto disfrutar de ellos mismos, de la compañía de los demás, de la música, de la comunicación emocional, y de la satisfacción que les da su autonomía y su autoaprendizaje.

No tengo palabras para agradecer a Nadine y a Mike todo lo que nos han dado en estos quince apaciguados días. No hubiera pensado nunca que en este sitio tan lejano encontraríamos personas tan cercanas a nosotros, a nuestros sentimientos y emociones. Nos hemos sentido respetados y queridos por ser quienes somos y como somos. Hemos disfrutado de una libertad que ya en pocos sitios, hoy en día, se puede encontrar.