Relato nº 3 del concurso: “Los cinco de viaje de novios por Irlanda”
No envía este delicioso relato Marcela y nos cuenta que el año pasado, y después de años de convivencia, decidió casarse con su pareja y aprovechar su viaje de novios para volar de nuevo a Irlanda 10 años despues de su primera visita, esta vez con sus tres hijas.
“Después de años de estar juntos, y cuando digo años, no quiero decir dos sino muchos más. De una casa, tres hijas, 4 perros, 2 cabras, 15 gallinas, 80 olivos, 40 almendros, 50 árboles frutales y muchas alegrías juntos decidimos casarnos. A nuestro aire, en la montaña y con música de acordeón.
Así que al cabo de 6 meses nos íbamos Artur y yo, y nuestras hijas de viaje de novios a Irlanda. Íbamos como voluntarios woofers a compartir con unas familias que igual que nosotros educan en casa.
En todos los viajes que he hecho, he aprendido muchas cosas, algunas sobre los sitios y las gentes que visito y muchas sobre mi, de como vivo mi vida y de como lo que pienso, a veces, determina lo que voy a vivir. Y en este viaje eso empezó antes de salir de casa. Conseguí lo que para mi fue un logro espectacular, meter la ropa –de frío, de lluvia, de recambio,…- que creía imprescindible en cinco maletas tamaño compañía aérea de bajo coste. Una vez en Irlanda descubrí que con la mitad podría haber pasado el viaje, seguramente es más el miedo que la alegría del viaje la que te hace cargar las mochilas excesivamente.
Para mis hijas fue la primera vez que volaron en avión y lo que más les apetecía era sentarse y levantarse continuamente, ir al lavabo, y recorrer el pasillo de arriba a bajo descubriendo quienes eran sus compañeros de viaje y cuantas eran sus ganas de intercambiar una palabra o una sonrisa.
Aeropuerto, enlace con autobús, y ese verde, y el cielo nublado cambiante, que me acogió 10 años atrás y que me reconfortaba de nuevo.
En este viaje, el paisaje ha sido el marco de fondo que nos ha acogido, que nos ha embelesado y que nos ha recordado un tiempo antiguo en el que los hombres y mujeres hablaban con los árboles, y vivían en las entrañas de la tierra, protegidos por su magia.
Estábamos instalados en una finca cercana a Gort, y entre otros disfrutamos muchos los paseos por Coole Park.
Las tres semanas estuvimos instalados en casa de Martha, Nick, Uisce y Lua. Y nos enredamos en su casa, en su cocina, en su cotidianidad y en sus corazones, y ellos en los nuestros. Estando fuera de casa, compartiendo comida, ideas, historias, canciones, tareas, vecinos, inquietudes y generosidad, conseguimos no ser turistas sino viajeros.
Y hablamos, hablamos en castellano, en catalán y en inglés, con la consiguiente empanada mental que te entra cuando llevas varios días de políglota. ¿Porqué será que entonces, hablando inglés te salen las dos o tres palabras que sabes en francés?.
El paisaje, las gentes y la música. Viajar a Irlanda significa también disfrutar de la música en directo, en las fiestas nocturnas ante el fuego, en los pubs y en las calles. Y ”allí donde fueres, amigo Sancho, haz lo que vieres”, y cantamos y recordé el montón de canciones que llevaba dentro y que podía compartir.
Por la calles de Dublín, de Galway, avanzábamos muy lentamente, porque mis hijas se paraban constantemente, pero no en los aparadores de tiendas de souvenir, sino ante los músicos que en las calles ofrecían sus canciones.
Y escuchamos pop, rock, música tradicional, vimos malabares y nuestras hijas, inexorablemente quisieron darles monedas a todas las formaciones de músicos, y a nosotros nos pareció estupendo, porque era un intercambio justo, directo y real. Al cabo de unas horas ellas querían intercambiar los papeles, ofrecer ellas música y recoger dinero…
Otro de los regalos que nos ofreció Irlanda, Martha y su familia fue unos dias en el Grand Canal. Irlanda está cruzada por dos canales navegables, el Grand Canal y el Royal Canal. Martha y Nick tienen un bote en el que anteriormente habían vivido un tiempo y que utilizamos para navegar el Grand Canal por los alrededores de Tullamore. Para mi fue increíble, maravilloso, yo, mi familia y mis amigos, con las mínimas pertenencias deslizándonos suave y lentamente sobre el agua.
Durmiendo y cocinando en el bote, nos parábamos allí donde nos apetecía a comer, a descansar, a visitar, a jugar. Era fluir como con la Vida misma, mecidos por el agua entre paisajes tranquilos y preciosos.
Música, navegar en aguas tranquilas, ser cuidada, escuchada en un paisaje natural y humano acogedor: qué más puede pedir una recién casada.”
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2 Comments »
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Solo para preguntar algo…. y mi relatito no mereció ser publicado???
Saludos
Flor, se publica en breve..!!..;))