Corriendo por la playa

Tras nuestra experiencia de turismo comunitario en las montañas de Matalagalpa (San Ramón) decidimos bajar a las las playas paradisiacas de Jiquilillo. Nos apetecía desconectar de todo y pasar una Navidad y entrada de año nuevo muy diferente a la que estamos acostumbrados. Una pareja de amigos californianos que vivían en Granada con sus dos niñas pequeñas nos esperaban allí y concretamente en un alojamiento del que nos habían hablado muy bien: Rancho Esperanza.

JIQUILILLO

Jiquilillo está situado en la costa pacífica norte nicaragüense no lejos de la frontera con El Salvador. Llegamos a la ciudad de Chinandega desde León y es desde esta ciudad que se va a Jiquilillo. Si vamos con niños recomendamos encarecidamente hacerlo en taxi (son tres cuartos de hora para un trayecto de 40km, podemos negociar el precio entre los 15 y 20 USD). En (chicken) bus  (2USD) el trayecto puede durar hasta dos horas, pasa pocas veces al día y va generalmente repleto de gente.

Aquí no hay carril bici

Jiquilillo es un pequeño pueblo cuyos habitantes viven fundamentalmente de una  pesca que se manda a diario para Managua. Las casas de este pueblo de calles serpenteantes y sin asfaltar combinan en diferente proporción el encanto del estilo tradicional y austero de madera y techos de paja con el más feista de ladrillos y techos de chapa de zinc. En Jiquilillo no hay centro de salud o policía. El alumbrado de las calles es casi inexistente. Los servicios del pueblo se reducen a la escuela situada a la entrada del pueblo y a algunas tienditas (pulperías) de comestibles. Nicaragua es un país con graves desigualdades sociales y un alto índice de pobreza y en lugares tan apartados como Jiquilillo las fuentes de ingreso son escasas y la vida de su población es en muchas ocasiones bastante precaria.

Las playas de Jiquilillo son kilométricas, su anchura cambia varias veces al día según las frecuentes mareas, la bóbeda celeste es inmensa y el sol deslumbrante (hay que proteger la piel, especialmente en el verano que va de enero a abril). El oleaje es bastante más suave que en otras partes del Pacífico, apenas se puede practicar el surf y la entrada al mar es increíblemente progresiva razón por la cual los niños pueden jugar y gozar aquí sin que los padres tengamos que estar que estar constantemente pendientes. Por la noche no es infrecuente que podamos ver el cielo salpicado de estrellas y distinguir la vía láctea y siempre hay alguien que encuentra alguna excusa para hacer una fogata en la playa.

RANCHO ESPERANZA

Rancho Esperanza es el fruto de la iniciativa y la pasión personal de Nato, un norteamericano que se enamoró de este sitio la primera vez que lo conoció como viajero. Este hostel playero y con encanto ocupa un amplio terreno con prado con un rancho grande principal y unas cabañas dispersas de tipo rústico pero con lo indispensable para sentirse cómodo. La comida que se ofrece es buena y variada destacando sus majestuosas ensaladas. El lugar es muy limpio y se encuentra dando directamente a la playa, así que es apto para ir con niños aunque la mayoría de los huéspedes son mochileros norteamericanos o de cooperantes que están realizando proyectos de cooperación en Nicaragua. Rancho Esperanza y todo Jiquilillo es una es un lugar especial y conocido perfecto para buscar la calma y el contacto con la natutaleza, el típico lugar que hace apenas diez años no conocía nadie y que ahora se empieza a revalorizar por su indudable potencial turístico.

En Jiquilillo todo puede esperar

En Racho Esperanza las posibilidades de ayuda a la comunidad que el turismo puede representar son algo más que un discurso bienintencionado, son una realidad. Todos los trabajadores son de Jiquilillo, un lugar sin apenas fuentes de empleo. Nato ofrece su propio coche a los vecinos para hacer traslados de urgencia al centro médico de Chinandega y se está formando a algunos vecinos para que puedan ofrecer tours a los turistas por la comunidad. Sin embargo lo más llamativo especialmente para nosotros es el Kids Club que Rancho Esperanza organiza dos horas por la tarde. Un espacio estupendamente acondicionado llevado por monitores voluntarios que está abierto y se ofrece gratuitamente donde los niños de la comunidad juegan a la par que aprenden hábitos y donde los niños de las familias alojadas también son bienvenidos. Para Lluna y nosotros una ocasión donde jugar y relacionarnos conociendo mejor la realidad de la comunidad. Conocimos a Sara, una joven madre de una niña de 2 años. Activa, trabajadora infatigable que sale cada día a vender la cuajada fresca o ahumada. Si tenéis suerte también podéis probar sus nacatamales de cerdo.  La llegada de Wilson y su mujer desde el caribe nica al pueblo está dejando sabor, si no hay prisa y con algo de suerte algún día se puede saborear su pan de coco recién horneado.

QUE HACER EN JIQUILILLO

En Jiquilillo la principal actividad es bañarse, buscar conchas y otros tesoros marinos, caminar o ir en bicicleta por la playa. Al atardecer no hay que perderse el mágico momento de contemplar como los pescadores se hacen a la mar con una perfecta puesta de sol como telón de fondo.

A una hora de camino se llega a los manglares de Padre Ramos, un refugio de vida de muchas aves y de los pocos lugares donde desoban las tortugas laud que se encuentran el peligro de extinción. Para visitar Padre Ramos se puede contratar una excursión en barca con guía local que sale más económica si es compartida.

Desde Jiquilillo también se puede hacer una excursión al volcán Consigüina. Conocemos a una pareja de amigos que llegó a la cima con guía porteando a su bebé de un año !!

Rancho Esperanza organiza un tour por Jiquilillo con guías de la propia comunidad donde se puede aprender a elaborar tortillas de maiz.

Aunque no es de los mejores lugares para ello en Rancho Esperanza también alquilan planchas para practicarel surf. El bar más relajado y playero es el cercano Rancho Tranquilo llevado por una hippie canadiense y lugarde encuentro de los turistas de la zona.

Si queréis comer un rico ceviche o un pargo o macarela fresca cerca del Rancho Esperanza se encuentra el pequeño restaurante familiar Vistas del Pacífico. Eso sí, nada de prisas. La prisa es aquí una excentricidad difícil de concebir.

En general en los servicios de los lugares menos turísticos de Nicaragüa el concepto moderno de rapidez o calidad digamos que queda en un segundo plano. ¿Quién dijo que el paraiso tenía que contar con la ISO 9001?. Todo (o casi todo) puede esperar en Jiquilillo.

Jiquilillo. Lugar de reposo al son de las mareas donde las puestas de sol te dejan sumido en un sueño reparador. Trópico. Donde las ideas fluyen sin prisa y sin presiones. Tras adaptarnos a tanta tranquilidad, desconectados de la vida virtual (con internet a dos horas en bus) encontramos en este retiro la oportunidad para permitirnos soñar y pasar dos semanas inolvidables, unas navidades en el Pacífico con espacios de juego ilimitados para nuestra hija. Jiquilillo donde, si nos descuidamos, al cerrar los ojos, todavía se nos escapa el corazón.

NAVIDADES-EN-EL-PACÍFICO