Lo sabía, lo sabíamos. Que este viaje al norte de Marruecos con niños nos iba a gustar, que lo disfrutaríamos. La prueba son las sensaciones que nos recorren el cuerpo al ver las fotografías que nos devuelven todos esos momentos vividos, los de una Semana Santa diferente viajando a un país tan exótico como cercano, un destino siempre cautivador en los que las familias con niños nos sentimos tan a gusto.

Sin complicaciones. Haciendo bueno aquello de que a quien buen árbol se arrima buena sombra le cobija. Esta Semana Santa nos enrolamos durante 8 días en la ruta norte solidaria organizada por Ethnic y recomendada por nosotros pensada como un viaje en grupo especial de familias con niños. Además de descubrir un montón de lugares interesantes de un Marruecos que no te esperas, en este viaje reafirmamos que si para criar a a un niño hace falta toda la tribu para viajar con él tampoco viene nada mal.

Viajando en grupo con otras familias

Que bien viene dejarse llevar de vez en cuando y que le mimen a uno cuando estás en buenas manos. No tener que estar mirando precios. eligiendo los lugares para comer y revisando el mapa constantemente. Un diez para nuestro guía Mohamed, un estudiante de hispánicas de Tetuán hijo de Chaouen por su paciencia con los niños y con los mayores, un apasionado de su tierra abriendo Marruecos a nuestro paso. El marroquí es un pueblo extremadamente hospitalario y a quien diga lo contrario le conviene viajar un poquito más, un buen remedio para curar muchas cosas, entre ellas una de las peores: la ignorancia.

Foto de familia de a expedición ruta norte solidaria a Marruecos  Semana Santa 2015

Foto de familia de a expedición ruta norte solidaria a Marruecos Semana Santa 2015

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Además de beneficiarnos de mejores precios, al viajar en grupo nos aseguramos poder hacer todos los transportes en un confortable bus a nuestra entera disposición olvidándonos de conducir por unos días. Yendo con otros papás y mamás los ritmos son tranquilos y relajados. Todos los adultos del grupo sabemos lo que supone viajar con niños, (ya sabéis slow travel y todo eso que se dice ahora) por tanto nadie necesita pedir disculparse por ello y todos cuidamos a todos! En total fuimos 14 personas, 5 familias y entre ellas -dicho sea con orgullo- dos abuelas !!. Entre todo el grupo durante todo el trayecto prevaleció el respeto, el buen rollo y…unas cuantas risas.

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Una ruta solidaria y cercana a la gente

Otro aspecto clave de este viaje fue su enfoque solidario, es decir,  se parte de la idea de que el turismo debe ser un factor que ayude directa y positivamente a la economía del lugar y no tanto a esos grandes grupos empresariales sin alma con sede en los países ricos. El turismo solidario llamado también a veces responsable pretende que el impacto de los turistas jueguen a favor de la población local buscando relaciones de igualdad y asegurando condiciones laborales dignas y apoyando proyectos sociales  ecológicamente sostenibles.

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Para ser franco no me suelen gustar las etiquetas y huyo como de la peste de resultar pretencioso. En realidad todo es más sencillo ¿acaso no todo el turismo debería como principio tender a ser solidario y responsable?. Al menos en nuestro caso lo fue cosa de lo cual nos sentimos satisfechos, podemos decir que en este viaje nos hemos sentido afortunados de conocer acompañados de nuestros hijos a la gente del país de una forma cercana, huyendo de las “turistadas” pero sin dejar de disfrutar de aquellas lugares y experiencias de interés que de verdad valen la pena.

Marruecos sin prejuicios.

Todo barato amigo!, es la típica y divertida frase escuchada unas cuantas veces al día por los que hace años siendo más jóvenes habíamos viajado a Marruecos. Pues bien creo que ha llegado el momento de evolucionar porque Marruecos lo está haciendo a marchas forzadas. Para empezar deciros que no he escuchado esa frase en los 10 días de viaje.

El turismo es la niña bonita de la economía marroquí, aquí se puede caminar tranquilo prácticamente por cualquier lugar, hace años que ya no tiene que regatearse hasta el papel higiénico. Comida de calidad, mejores infrastucturas, servicios razonables, personal que te habla en español, catalán, italiano y hasta en chino mandarino!. Eso sí, no pidas que te sirvan un té a la menta de inmediato…porque entonces ya no sería Marruecos. Seguro que sería más cómodo pero…¿sería realmente Marruecos?. Prisa mata amigo!

En contra de todos los prejuicios que podamos tener Marruecos no solo es un país seguro para cualquier turista (como puede ser Europa, nunca a un 100%, pues ni siquiera en casa ni nosotros ni nuestros hijos lo están) sino que es un país donde la gente le da constantes y espontáneas muestras de cariño a los niños, es una pasada!.

¿Rompemos más prejuicios?. Ahora vamos a señalar aquel que solo ve en Marruecos desiertos, kasbash y camellos. El norte también es un territorio fascinante, diverso, que ofrece mejores precios (Tanger tiene un estupendo aeropuerto y también se puede llegar por mar). Para muestra un botón, en nuestra ruta norte solidaria pudimos experimentar cosas tan inolvidables como…

1. Descubrir la perla azul del Rif

Marruecos nos da una espectacular bienvenida. Tras nuestro agrupamiento en Tanger y a medio camino hacia Chaouen parada y fonda en una coperativa de mujeres que nos abre sus puertas explicándonos su proyecto de economía social viable a partir de las hierbas aromáticas y medicinales. Combinando su riqueza y variedad de hierbas con la tradición árabe y las técnicas de trabajo de la perfumería y la cosmética francesas…..ya os podéis imaginar la de cremas, ungüentos, aceites esenciales…para volverse loco. Para rematar la visita nos invitan a una deliciosa merienda con un té a la menta especial de la casa que sencilamente yo creo que no ovidaremos nunca.

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Por fin Chaouen. El pueblo azul encaramado entre los picos del Rif con una de las medinas más bellas (se dice pronto) de todo Marruecos, pequeña y sin gentío, llena de rincones por descubrir. Paraíso de los gatos. Tranquila y segura. Como de cuento y con la ventaja, para recorrerla con niños, de que por sus calles no circulan motocicletas. Por cierto que para estas calles y en general todo el viaje, si viajamos con bebés o niños de hasta tres o cuatro años recomendamos encarecidamente el portabebés.

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Chaouen es un pueblo construido con una importante influencia histórica de diferentes oleadas de hispano-musulmanes llegados de la península ibérica tras la expulsión cristiana. Tras cenar y alojarnos al día siguiente pudimos hacer un buen recorrido de la mano de un guía local a la fuente de Ras El Maa o la kasbah.

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En Chauen hay un montón de oferta tanto culinaria como para dormir. Nosotros tuvimos la suerte de alojarnos en uno de los más bellos lugares Casa Hassan un gran edificio regio dotado con varios patios rehabilitado con gusto y dotado  de comodidades sin perder un ápice de su esencia.

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2. Sentirse acogidos por la hospitalidad de una familia tradicional en Bellouta

Si tenemos el recuerdo de Marruecos como un país árido es porque solo hemos recorrido el Sur o bien lo hemos hecho solo en verano. Siguiendo nuestra ruta hacia el interior del Rif recorremos los paisajes llenos de verdor inusitado que nos acompañarán toda la ruta. A última hora de la tarde llegamos a una pequeña aldea llamada Bellouta en la comarca rifeña de Jeblia a 10 km de Ouazzane donde nos acogerá durante tres noches y dos días completos una casa de agroturismo llevada por la familia Azzouzi, una muestra de ese incipiente turismo rural (o agroturismo, como más guste) que tarde o temprano acabará despuntando en Marruecos como ya lo hizo en Europa.

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La distribución de la casa es la típica de campo de la zona constando de una serie de habitaciones que dan a un patio común donde los niños juegan y todos podemos estar a gusto. Por la mañana espléndidos desayunos ,degustando productos que muchos de los cuales se producen allí mismo. Pues esta casa está comprometida con la permacultura y la recuperación de los cultivos de temporada.

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Excursiones al rio, para los niños taller de henna y del llamado crêpe marroquí (ftayar). Risas, alguna siesta. Por la noche juegos y carreras en el patio, un cumpleaños feliz, tés, tajines y couscous. Las mujeres reservadas y hacendosas. Inolvidable hospitalidad, nos vamos de allí tan encantados como agradecidos.

3. Recorrer en barca una laguna encantada

Después de otro de esos épicos desayunos y con la calma, mucha calma seguimos nuestro recorrido serpenteando por entre verdes valles y montañas hacia la costa Atlántica deteniéndonos en un típico poblado Djbela donde conoceremos a la familia Mdik que nos ofrece (para variar) una espléndida comida (tjin de raya y couscous de pollo acompañado de verduras y el siempre presente té).

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Con ellos salimos todos a plantar olivos y para los niños preparan un taller para hacer pan y cocerlo en un horno tradicional. Y además uno de los platos fuertes inesperado es poder darle algunos restos de couscous a una gallina con sus pollitos o ver a las vacas en su establo, cuando algo es divertido lo es, como decía el Principito los niños a los adultos siempre nos lo tienen que explicar todo

A final de la tarde llegamos a nuestro alojamiento (Maison des Osseaux, buen espacio para ir con niños, espectacular cena) cerca del pueblo de Mulay Buselahm ya en la costa.  Cuando llegamos hace calor y coincide que están funcionando a toda marcha unos aspersores en los jardines. ¿Resultado? Los niños no suelen desaprovechar ninguna ocasión para una buena y refrescante…fiesta !!

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No estaba previsto inicialmente así que fue una agradable sorpresa que la espesa niebla amenazaba con arruinarnos y es que uno de los grandes placeres de Mulay Buselham, incluso para el menos convencido de los aficionados a la ornitología es tomar una barca para recorrer el Parque Nacional de Merja Zerga (laguna azul) acompañados por un guía experto.

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Se trata de un espacio privilegiado de 73 km2 de marismas y una mezcla de agua salada y dulce procedente de la desembocadura del rio Oued Dredr con entre 50 cms y 4 metros de profundidad que atrae a miles de aves migratorias (garzas, flamencos, ibis, espátulas…) lo que convierte este humedal privilegiado en una de las mejores áreas del norte de África para ver de cerca a estos animales.

La niebla no sólo no fue ningún problema sino que le dio, a la siempre divertida experiencia para los niños de navegar en barca, un encanto espectral y encantado. Rica en pesca de moluscos (berberechos, chirlas o almejas) una de las cosas que más nos gustó de nuestra visita a Merja Zerca fue el poder acercarnos en algún momento a ver como trabajaban e incluso conversar con algunos pescadores.

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Tras el paseo, baño y juegos en una playa virgen junto a Mulay Buselham con el océano a un lado y Merja Zerca al otro viendo como entraban los barcas de pescadores hacia el puerto.

4. Pasear por una de las medinas más auténticas de Marruecos

Hablamos de Larache, una población que experimentó una etapa de gran prosperidad comercial y cultural durante el protectorado español y que se encuentra desde su final en 1954 sumida en un letargo que nos pareció claramente que no hace justicia a sus enormes posibilidades.

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En Larache fuimos conducidos por una serie de edificios y pasajes históricos por la parte alta de la medina cuyo esplendor reivindican y tratan bravamente de recuperar algunos vecinos si bien como vital y genuina nosotros nos quedamos con el zoco chico, la parte de la medida más popular y cotidiana y donde apenas se encuentran turistas.

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En Larache, y a partir de aquí toda la estancia restante en la costa, el rey y gran reclamo de la mesa es el pescado fresco. Sentados en la terraza de un restaurante en la plaza de la Liberación pudimos dar fe de la frescura de su pescado y la sabrosura de sus sardinas.

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5. Ver la puesta de sol alojados entre nidos de cigüeña

Berbari es sencillamente uno de los alojamientos con más personalidad y más encantadores en los que me he alojado en mi vida. Así, como suena. Este alojamiento es un sueño hecho realidad fruto de la sensibilidad y empeño de Rachida una mujer joven emprendedora tangerina que le ha dado un sello personal a este alojamiento único diseñado por un arquitecto y decorador de interiores como un capricho de la imaginación imitando la forma de un barco respetando como condición el respeto a la tradición y con uso de materiales  locales o bien reciclados.

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A tan solo 6 kms de Assilah Berbari se encuentra rodeado de nidos de cigüeñas muy abundantes en toda la zona. Situado sobre una colina sus vistas dominan un valle recortado por otra colina tras la cual se encuentra la costa.

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Berbari cuenta con diferentes terrazas y zonas ajardinadas y un montón de habitaciones y estancias que hicieron las delicias exploratorias de los peques los cuales por momentos creímos desaparecidos (buena señal!).

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Berbari es un oasis de paz y buen gusto que atrapó rápidamente nuestros sentidos viajeros incluyendo el paladar. Cena a base de un tajín de ternera antológico a la mañana siguiente nos esperaba uno de los mejores desayunos de todo el viaje (que ya es decir). Me vuelve la risa recordando lo que decía uno de los papás del grupo, que le daba lástima irse a dormir porque no quería irse de Berbari.

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Al final te consuelas pensando que Berbari ya forma parte de alguna manera de ti, que te llevas un trocito contigo a través de tus recuerdos y si eso no fuera suficiente diciéndote que algún día volverás, porque a Berbari hay que volver siempre.

6. Conocer una ciudad encantadora perfecto punto de entrada o salida a Marruecos

Nos habían dicho que casi toda la medina de Assilah había sido comprada por extranjeros, que este pueblo tenía un aire ya desnaturalizado y demasiado turístico. No hay como ir tu mismo a los lugares para darse cuanta lo subjetivos e injustos que todos podemos resultar en nuestras afirmaciones o tal vez en nuestra forma de interpretar las de los demás.

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La cuestión es que Assilah es un lugar diez para viajar a Marruecos con o sin niños. Esta bella localidad dominada en su medina por el color de sus casas encaladas delimitadas por las murallas que construyeron los portugueses como primer puerto franco y parada en su camino hacia Asia por la costas africanas.

Una de las mejores épocas para visitar este pueblo es la primavera pues nos comentaban que en agosto sí pueden alcanzarse cuotas de cierto agobio. Entre lo mejor sus atardeceres desde el mirador de la muralla, perderse por sus callejuelas y detenerse para inevitablemente acabar comprando artesanía en alguno de sus comercios. Assilah es célebre por la proliferación de talleres de pintores que cada año adornan algunas de sus paredes con preciosos murales.

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Como punto de mejora si bien Assilah cuenta con unas estupendas y extensas playas bastante buenas para ir con niños pues no son profundas hay que elegir bien el lugar pues en algunas ubicaciones se echa en falta un poco más de limpieza…si bien la cosa fue que los niños empezaron a “reutilizar” algunos elementos como palos o algún plástico para construir…su propia casa imaginaria.

 

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Nos gustaron las terrazas de sus cafés…para tomar té (con poca azúcar por favor), su ambiente tranquilo y a nuestros peques el poder disfrutar del ambiente cotidiano del parque infantil que se encuentra en pleno centro, bien cuidado y con bastantes módulos de juego algo poco habitual en Marruecos. En este pueblo se encuentran estupendas opciones para comer pescado fresco a mitad de precio que en España y en sus animadas noches los locales suelen pasear y comer en alguno de los puestos callejeros de caracoles o garbanzos cocidos, algo a lo que nosotros no nos pudimos resistir.

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7. Saborear una de las mejores cocinas del mundo

Marruecos es un paraíso para cualquier paladar inquieto y sensible. Así de simple. A los marroquís les gusta comer bien y hacerlo bien acompañados de familia y amigos. En este país como en otros latinos la comida sigue siendo un ritual para compartir, no es extraño que se coma o cene tarde…digamos que el horario español pudiera tener en la cultura árabe o tal vez magrebí su origen. Recetas populares como los buñuelos y churros, el turrón o la paella tienen su origen en la cultura hispano-musulmana anterior a la conquista cristiana. Viajar a Marruecos es como hacerlo de alguna forma a una parte fundamental de las raices culturales de la Península Ibérica y tiene mucho de sabrosa arqueología!

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Por una parte destaca la gran presencia de alimentos familiares en el norte del estrecho como son el aceite de oliva (desgraciadamente son una minoría los lugares donde lo puedes probar virgen extra), unas olivas aliñadas adictivas que quitan el sentido o el amplio uso del pan de trigo para acompañarlo casi todo. Por otra destacan sabores y recetas nuevas como los couscous, pinchos o tajines de cordero, pollo, pavo, pescado (raya, gamba, dorada…) donde el uso justo de aliños y especies es todo un arte. Que bueno el queso fresco de cabra (jben)que se estila en el norte, esos crêpes marroquís (ftayar) para acompañar dulce  salado o el pan de sémola (harcha). También deliciosa la harira y las ensaldas marroquís servidas como entrantes.

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Algunos niños de entrada experimentan rechazo a los nuevos sabores pero no suelen faltar nunca opciones más estandares como espaguettis, tortilla de huevos o pizzas. Una cocina marroquí nunca se queda satisfecha si alguno de sus comensales no lo está.

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Con el paso de los días muchos niños se van a familiarizando a los nuevos sabores y es que precisamente ese gusto por aprender a disfrutar de lo nuevo y diferente y a respetar otras tradiciones es de las cosas que más me gustan de viajar a Marruecos con niños, toda una aventura que no podemos dejar de recomendar….al menos nosotros ya estamos pensando en el siguiente viaje. En julio no faltaremos a nuestra cita esta vez en la ruta de las kasbash y el desierto de Marruecos Sur.