Las islas de la comarca de Kuna Yala, conocidas como Islas de San Blas son, junto con las de Bocas del Toro, el destino caribeño de Panamá por excelencia. Son la antítesis del ruido y el estrés de la capital. La belleza de sus fotos es impresionante, son las típicas que tantas personas tienen como fondo de escritorio en su computadora del trabajo. Estando en Panamá nos parecía que San Blas podría ser un destino perfecto para conocer con nuestra hija y…nosotros si hay que sacrificarse nos sacrificamos.

CAMINITO A SAN BLAS

A San Blas no se va uno así por la buenas. Hay que contratar primero el transporte de desde Ciudad de Panamá. No hay trasporte público y solo hay dos maneras de llegar hasta allí. Una opción es volar en avioneta hasta el aeródromo desde la Ciudad de Panamá hasta Carti lo cual toma solo 20 minutos aunque es algo caro. La otra opción es ir en taxi 4×4 desde la capital hasta el embarcadero situado junto al aeródromo de Cartí. Toma dos horas y media y sale por 50 dólares por trayecto y persona. A través de foros de viajes contactamos con Judy Lam. Esta empresa cuenta con varios vehículos y se dedica exclusivamente al transporte pero conoce todas las opciones en muchas de las islas y os recomedará lo mejor para cada opción con una información de precios veraz. (Podeis contactarla en panalamecotourist@yahoo.com, y su facebook). Solo la última hora del trayecto es pesada por los desniveles y curvas aunque compensan las vistas de la jungla. Para entrar en Kuna Yala hay que pagar 6 dólares por cabeza (se rumorea que lo van a subir pronto a 25) y 2 por usar el embarcadero.


La comarca de Kuna Yala que comprende una estrecha franja costera de 300 km y las 365 islas del archipiélago de las cuales sólo algunas están habitada por los indígenas kunas que gozan de una gran autonomía de gestión política y económica. Se calcula que son alrededor de 30 las que se están dedicando al turismo y este número probablemente va a crecer en un futuro porque en San Blas no faltan turistas durante todo el año. Los kuna son los dueños ancestrales de este territorio y para ellos el turismo es esa fabulosa fuente de ingresos tanto necesitan ya que la pesca o la agricultura de subsitencia son prácticamente las únicas fuentes de riqueza disponibles. Los kuna son celosos de su tradición, las mujeres visten de forma colorida y le dan a toda la estancia un punto exótico añadido. Imaginamos que también para ellas el punto exótico lo debemos dar nosotros.

EN LA ISLA DE NARASGANDUB CON UNA NIÑA

Nosotros decidimos ir a la Isla de Robinson (Narasgandup en kuna) ya que esta pequeña isla de poco menos de 1 ha es una de las pocas donde familias kunas conviven junto a las cabañas de algunos turistas. Además el precio era más asequible (25 por persona y día todo incluido, Cabañas Robinson).  Existen más opciones y el precio va en aumento si las islas son más solitarias o como en algunos casos cuando solo hay una cabaña (y la persona que viene a hacerte las comidas claro). Según nos han contado los Cayos holandeses son las islas más lejanas y espectaculares y con mejores arrecifes, también existen algunas opciones de alojamiento casi de lujo y no falta algún que otro millonario dándose una vuelta con su yate o velero.

Íbamos para cuatro días y al final pasemos seis. Todos los días comíamos pescado fresco (pargo, atún, jurel) o langosta (en este lugar no hay sobrepesca) acompañados de arroz. Teníamos la playa a quince pasos andando en linea recta de la cabaña y a ocho de la hamaca. Sus playas son de arena blanca y se encuentran flanqueadas por exhuberantes palmeras. Están bañadas de unas aguas de verde turquesa sobre las que en cada salida y puesta de sol se combinan toda la gama de naranjas. Vaya, que son tan bonitas que dan hasta repelús.

Por nuestra parte decir que aunque los kuna tienen fama de ser inflexibles en nuestro caso no tardaron ni medio minuto en ponerle una cama supletoria a Lluna y sus platos de comida eran casi tan abundantes como los nuestros y por nada de ello nos cobraron un dólar, pero cada caso concreto habrá que hablarlo con ellos. En general la atención fue bastante buena.

Lluna no daba crédito. A veces nos decía “vamos a la piscina?”. “Que es una playa”, le decíamos”. En este Caribe el mar es calmado y transparente y su temperatura suave así que puedes pasar largos minutos metidos en el agua. Además abundan las conchas y pececillos o cangrejos que son como pequeños tesoros. Para los niños este lugar es perfecto siempre claro que los protejamos bien del sol. Por otra parte en este mes de octubre aquí ya ha empezado el invierno que significa la misma manga corta aunque cielos más variables y vientos algo molestos algunas tardes. En noviembre se pone peor para empezar a mejorar desde diciembre y hasta mayo su periodo de puro verano.

Panamá con niños. Lluna tiene tan solo algo más de tres años. A veces nos preguntábamos como le vamos a explicar el día de nuestro regreso del viaje que la vida no consiste sólo en ir de playa en playa, que en algún momento habrá que seguir alguna rutina. ¿Cuanto tiempo pensais que tardó en ir a jugar con los niños que nos recibió al llegar a la isla? Quince minutos? Diez?, creo que fueron treinta segundos. Al rato vino con Lirinet una niña kuna de 9 años para decirnos que se iba con ella a su casa.

Aquí son comunes los tours para ir a hacer snorkeling a los arrecifes o a pescar a otras islas. El fin de semana también vinieron unas niñas, hijas de una pareja que vive en Ciudad de Panamá con los que compartimos un bote  para ir a la vecina Isla de las Estrellas (no sabemos su nombre en kuna).

LOS KUNAS EN SU FRÁGIL PARAISO

Seguro que si nosotros  vivieramos en este paraíso estaríamos todo el día bañándonos en la playa. Lo curioso es que los kunas apenas se bañan, nosotros creo que sólo vimos a una que lo hiciera. Creo que por ejemplo en el litoral mediterráneo los pescadores de antaño tampoco solían ir a la playa para bañarse. En realidad vivir en Kuna Yala siempre ha sido muy duro. En primer lugar por la dificultad de transportarse y de contar con agua dulce en las islas. Pescado y marisco no les falta desde luego, pero como cultivos propios en la costa tienen poco más que caña, maiz y plátanos. Les quedan los cocos, eso sí, deliciosos y cosa muy seria ya que hasta el último coco en cada isla tiene su propietario cosa que algunos turistas desconocen y descubren al ser sorprendidos robando cocos.

Otra cosa que nos llama la atención, en este caso negativamente y que es triste. Los kunas que se dedican al turismo suelen cuidar las cabañas, playas y el entorno que usan los turistas. Pero hay partes de las islas que son como una especie de vertederos. Aparte de las colillas con las que (algunos) fumadores visitantes nos obsequian al resto de la humanidad la población kuna no es consciente por ejemplo de que muchas pilas contienen mercurio o que los envoltorios de las papas fritas o las latas de refrescos pueden tardar seiscientos años en desaparecer. O sea, que la profusión de comidas envasadas y la cultura del usar y tirar ensombrece la belleza rotunda de esta parte de la tierra como ocurre en tantos lugares. Esperemos que reaccionen a tiempo y que sepan gestionar adecuadamente el previsible incremento de visitantes que les esperan porque en la sociedad kuna actual da la sensación que este fenómeno está creando una sociedad dual donde los que no poseen terrenos en islas o dinero para invertir en el turismo quedan al margen. Las autoridades kunas recaudan dinero por muchos conceptos sin embargo este tal vez no se reparta tan bien como pudiera esperarse. Algunas kunas se las ve haciendo shoping a la capital ataviadas con sus trajes tradicionales mientras que en las comunidades otras muchas familias apenas cuentan con lo necesario para vivir.

Esta cultura ha sido históricamente brava defendiendo su forma de ser mientras que sus vecinos los indios caribes o tainos prácticamente desaparecieron como pueblo tras la llegada de los españoles. Tal vez el mayor reto de futuro al que tendrán que enfrentarse será la previsible subida del nivel del mar en las próximas décadas.

SIN TURISTAS PALESTINOS

Durante nuestra estancia no dejaban de pasar turistas, la estancia más normal son como unos tres días. Algún europeo y sobre todo en estas fechas una increíble concentración de turistas israelís. De hecho te encuentras a muchos turistas de esta nacionalidad y lengua hebrea por América. La mayoría de los israelís que había en la Isla Robinson eran jóvenes universitarios que han acabado el servicio militar obligatorio y han formado parte del ejército israelí. Muchos de ellos son la mar de simpáticos. No soportamos el antisemitismo que ya condujo a un holocausto y cualquier forma de terrorismo nos provoca un rechazo total. Sin embargo también nos hubiera gustado encontrarnos a jóvenes palestinos disfrutando de San Blas pero mucho nos tememos que eso será difícil mientras este pueblo se encuentre sometido bajo la implacable bota de la maquinaria militar israelí. Nos alegra saber que cada vez más ciudadanos israelies se oponen a este sisentido. (Breakingthesilence).

Link de interés sobre las playas de Panamá: El Almanaque Azul