¿Un Voluntariado en familia ? ¿y por qué no?. Nuestra estancia en Finca Sarita, una granja familiar orgánica con animales y cuatro hectáreas de tierra dedicadas al cultivo de fruta y otros vegetales, está siendo todo una experiencia.

Nos habían dado buenas referencias de la Red Semillas de Ecuador cuyos integrantes se autodenominan románticamente guardianes de semillas. Se trata de una asociación que agrupa a varias fincas que buscan conservar y recuperar semillas de variedades autóctonas al tiempo que apuestan por la llamada permacultura y la agricultura orgánica como alternativas al monocultivo y al uso de insecticidas y productos químicos. Estos agricultores defienden la soberanía alimentaria y la comida sana en plena sintonía con el movimiento Slow Food.

Finca Sarita está situada a unos pocos kilómetros de Calceta, una ciudad de provincias situada al interior de Manabí. Buscábamos un lugar tranquilo en un entorno natural para pasar unos días largos. Además queríamos que Lluna pudiera conocer y compartir juegos con otros niños. Así que fue perfecto porque en Finca Sarita Servio, su dueño, convive con sus cuatro hijos; Manuco de 5 años, Joaquin de 7, Sara de 10 y Eric de 12.

Cuando hace dieciocho años Servio acabó sus estudios en ingeniería zootécnica, la situación económica pintaba mal. Servio resistió la tentación de emigrar a España como por entonces cada vez hacían más ecuatorianos y decidió apostar, ante el escepticismo de sus vecinos, por convertir su finca en una de las primeras del país en dedicarse a producir sin químicos. Hoy son ya casi quinientas las fincas de la comarca que optan por esta forma de entender no solo la agricultura sino la vida misma. Para Servio este planeta nos fue dado como un paraíso y lo estamos convirtiendo en un basurero.

Algo que nos llamó bastante la atención es que Finca Sarita es como una especie de  vergel tropical. Aquí se han catalogado 74 diferentes especies de pájaros y 106 diferentes tipos de árboles frutales donde maduran entre otros (tomo aliento): maracuyás, bananos, frutas del pan, maní (cacahuete), pitangas, naranjas, mandarinas, piñas, jack, fruits, aguacates, mameys, borojós, pumas rosas, cacao, chontaduras, papayas, cachotillos, mangos o melones de árbol .

Nuestro trabajo diario aquí como voluntarios consiste en echar una mano en tareas del huerto y dar de comer y beber a los animales: patos, pollos y gallinas, un cerdo, cabras, cuyes…un auténtico mini-zoológico que completan dos perros de nombre aterrador –Túmbalo y Mátalo–  pero que son una joya una vez hechas las debidas presentaciones. Por las tardes, antes de ir a bañarnos al río, nos dedicamos a realizar  artesanías como elaborar vasos con semilla de mate o anillos con otra semilla de noble textura, la tagua, llamada el marfil vegetal. Sin embargo nuestro proyecto estrella es la construcción con bambú de un tobogan (resbaladera) y de una escalera china.

Finca Sarita se encuentra inmersa en el Ecuador más rural y profundo, concretamente en la cultura montubia de Manabí.  Las casas  en Finca Sarita son del estilo de las de todas las comunidades en el campo las típicas de la zona de la costa, cabañas rústicas hechas con caña de bambú y madera casi sin el empleo de ladrillos o cemento. No imaginábamos lo resistente, fuerte y versátil que resulta el bambú. Estas estancias están generalmente elevadas varios metros del suelo por unos finos pilares que evitan los lodos de la temporada de lluvias. Cuando el sol pega con fuerza estos bajos sombreados de las viviendas son perfectos para pasar los rigores del calor junto a la hamaca. En Finca Sarita además Servio ha construido algunas cabañas sobre árboles para alojar a los voluntarios. Así que la estancias aquí son bastante espartanas y para  nuestros ojos de recién llegados no poco pintorescas. Definitivamente poco aptas para aquellos viajeros que con o sin niños se sientan desamparados al margen de las comodidades  de los hoteles.

Por las inmediaciones amplias de la casa Lluna juega libre y sin casi peligros. El peligro es más bien para un gatito del que Lluna se ha encariñado mientras su mama gata los mira resignada. Aquí no hay autos ni tantos peligros activos como en la ciudad así que nosotros estamos más tranquilos y sin tener que estar tan encima y ella puede dedicarse con más autonomía a seguir su curiosidad espontanea. Los niños de la casa cuidan de la más pequeña y cada día Lluna se va familiarizando más con el entorno y sus nuevas posibilidades.

Mucha gente objeta con razón que la comida orgánica (biológica) es cara. Otros se van agrupando en las cada vez más numerosas cooperativas de compra para abaratar la compra. En cambio a Servio  apenas se le ve el pelo en las tiendas de Calceta. Cuando por ejemplo los maracuyás están maduros se recogen y aquel día se hace un jugo con ellos para acompañar la comida. Si apetece comer un pollo criollo basta con salir al patio a buscar uno que tenga aspecto de sabroso. Que queremos una tortilla? tal vez a esas alturas Lluna ya habrá encontrado un huevo en una caja de serrín o en algún otro rincón. Prácticamente todo lo que comemos se produce en la finca o por la zona: plátanos, café, queso fresco, arroz integral, yuca…. Lo que toca según temporada. Probablemente el paraíso sea solo un lugar en nuestra mente, pero he de reconocer que Finca Sarita es una interesante versión en la tierra. Aunque, eso si, me niego a compartir ninguna clase de paraíso con los mosquitos.

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