Una colaboración  escrita por Cira Crespo, nuestra historiadora de cabecera, autora del blog fentdemama.blospot.com  y promotora del proyecto maternalias.blogspot.com. Gracias Cira!.

¿Habéis intentado ganar más de 4 medallas de atletismo en unas olimpiadas? Bien, sé que la mayoría de vosotros vais a decir que no. Pero, ¿habéis intentado alguna vez ir con vuestra hija de siete meses al trabajo, o compartir con ella algún rato de ordenador mientras tenías que entregar un trabajo importante? A esta pregunta estoy segura que muchos de vosotros (y sobretodo de vosotras) vais a contestar afirmativamente. Por esa razón seguramente os sentiréis cercanos a la historia de Fanny Blankers, una atleta holandesa que hace más de 50 años ganó 4 medallas en los juegos olímpicos de Londres.

Están a punto de empezar los Juegos Olímpicos de Londres y ya tengo ganas. Me gusta mucho seguirlos. Con lo que más disfruto es con las pruebas de atletismo. Personas anónimas gran parte del año logran cruzar sus propios límites, hacer un esfuerzo de superación y conseguir ser únicos por un día. Me gusta ver el momento de las medallas, la emoción del ganador, como mira al cielo pensando en su hazaña.

Entre las historias de superación inolvidables está la de nuestra protagonista. Su hazaña en los Juegos Olímpicos de la posguerra (Londres 1948) dio al deporte femenino una dimensión universal. La llamaron “la ama de casa voladora” o “mala madre”. Pero Fanny Blankers, de 30 años, madre de un hijo de 6 y una hija de 3, siguió adelante y compitió. Un mundo lleno de prejuicios decidió juzgarla, como mujer y como madre. Ella también decidió y ganó, 4 medallas de oro en los 100 y 200 metros, 80 metros vallas y en el relevo 4×100, entre muchas otras cosas.

En primer lugar, lucho contra el propio infortunio y  el contexto histórico, porque Fanny Blankers tuvo que sobrevivir la Segunda Guerra Mundial y a la ocupación alemana de su país. Después llegó la posguerra y una familia con dos hijos que echar adelante. Pero quería seguir entrenando así que preguntó a los médicos si la leche materna se vería perjudicada por el ejercicio, pero los médicos no lo sabían, porque nadie lo había probado. Así que Fanny decidió seguir adelante. Su hija de 7 meses la acompaño a las sesiones de entrenamiento y seguro que fue parte de su éxito y verla le dio fuerzas extras. Todo lo que hacía no era ni común ni fácil. Pero tuvo su recompensa: logró sus objetivos y fue elegida como la mejor atleta del siglo XX por la Federación Mundial de Atletismo.

Historias de superación como la que hemos contado, se convierten en leyenda en la época de las Olimpiadas, pero no hay que olvidar que cada día en muchas casas de familias anónimas hay madres que luchan, no sólo para sacar adelante a sus hijos, sino también para construir su porvenir y realizar sus sueños. Para todas ellas, esta pequeña entrada.