Una ruta con niños por Cuba hospedándose con otras familias, una experiencia memorable. Este relato nos lo remite Airi Ferrer y nos transmite que hay vida y mucha en esta isla del Caribe alegre y de personalidad arrolladora. Con ella descubrimos que los cubanos adoran a los niños y que más allá de los hoteles se encuentran opciones de alojamiento ideales para ir con los peques y mezclarse con su gente.

“Cuando fuimos a Cuba con nuestra hija de 2 años, una de las cosas que más nos preocupaba era el hospedaje. No soportamos los hoteles para ir con niños. Es incómodo, cuando quieres descansar te encuentras toda la familia metida en una habitación (generalmente pequeña), por la noche estás agotado de todo el día y salir a cenar es un suplicio, y a todo esto hay que sumarle que no siempre eres recibido como quisieras en todos los hoteles cuando vas con niños.

En Cuba tuvimos el gran acierto de elegir familias cubanas para hospedarnos.

La primera familia con la que estuvimos fue en la Habana. Encontramos la casa por internet y fue la única que reservamos, ya que nuestro vuelo llegaba a las 7 de la tarde. Era una casa en la Habana Centro (*1), con un salón de altos techos y grandes ventanales, suelos con baldosa hidráulica y una terraza con barandillas blancas que daba a una de las destartaladas calles de la Habana Centro, en la que cada vez que asomabas, pasaba algo interesante. La viva imagen que siempre había tenido en mi mente cuando trataba de imaginar como debía ser una casa en una de las ciudades que más habían brillado en tiempos antiguos. En ella nos encontramos con la familia de la señora María. Entre huéspedes que iban y venían, la familia seguía su vida cotidiana: la abuela pasaba las horas leyendo y charlando, el marido se iba a trabajar cada mañana, las hijas al colegio y la mujer se ocupaba de los huéspedes. Y cuando volvíamos a la noche, podíamos compartir unos momentos todos juntos.

De allí pasamos a hospedarnos con la segunda familia en Cienfuegos: en la casa del señor Luís y la señora Norma (*2). Allí estuvimos dos noches, y comimos de maravilla. Una de las grandes ventajas de hospedarse con las familias es que te ofrecen la posibilidad de cenar en la casa. Nosotros lo probamos una noche en Cienfuegos y desde entonces reservamos la cena cada noche en todas casas.

En primer lugar no tienes que salir de noche y empezar a buscar un lugar donde cenar, lo que resulta muy cansado para un niño pequeño; sino que llegas de tu día, te tomas una ducha y cenas comida recién cocinada, realmente muy buena.

Habíamos oído que en Cuba no se comía demasiado bien, que sólo encuentras frijoles y ropa vieja, pues bien, nosotros comimos pollo, ternera, cangrejo, langostinos, pescado, bogavante, todo tipo de legumbres, arroz, sopas y cremas, ensaladas, huevos y frutas tropicales. Los desayunos no eran menos: pan recién horneado y bollos, mantequillas y mermeladas caseras, cafés y tes, huevos revueltos, frutas y zumos….En fin, una gran variedad de productos, comida fácil para cualquier niño, buena, casera y no hace falta decir que súper “ecológica”, es decir como la cocina de antaño, porque en cuba las gallinas siguen siendo animales que corren por los patios y las vacas siguen pastando libremente. La leche que nos ofrecían la teníamos que hervir previamente ya que venía directamente de la vaca. No había vuelto a hervir leche desde que era pequeña en el pueblo. Además te piden por la mañana qué te apetece para la cena y te lo hacen, así que vas comiendo una alimentación equilibrada. A Lola le encantó toda la comida que probó, y fue un gran alivio no tener que salir a por un restaurante después de un largo día.

Una de las familias más maravillosas con las que estuvimos fue con Maité y su compañera (*3), en Morón (desde allí visitamos los Cayos y un montón de pueblos). Tenían una habitación adaptadísima, con 2 camas grandes, un baño impecable y hasta una cocina para ti con nevera. Fuera, una gran terraza con un balancín. Estuvimos como 4 días con ellas. Maité era una grandísima cocinera y su compañera una grandísima compañía. Con ellas estuvimos varias tardes con la música de Buena Vista Social Club de fondo manteniendo largas conversaciones, mientras Maité cocinaba en el fondo de la cocina y la pequeña Lola correteaba entre sus faldas, jugando con el papagayo que tenían.

Los Cubanos son unos grandes fans de los niños. Nos sentimos tan bien acogidos que nunca lo hubiésemos imaginado. Lola se encariñaba con cada una de las familias con las que estábamos y aun hoy se acuerda de muchas de ellas.

La penúltima familia con la que estuvimos, fue en Viñales. Entre medio estuvimos con familias en Trinidad, Remedios, Camaguey, Morón, Soroa y de nuevo en la Habana, y en cada una de ellas pasamos grandes momentos. (*4)

Con la familia de casa Dovales (*5) en Viñales fue diferente, fue como un descubrimiento mutuo, casi como una historia de amor entre dos familias! En casa Dovales, con la familia de Aracelis conectamos tanto el primer día que decidimos cambiar nuestros planes y quedarnos con ellos 3 días más. Decidimos que estar con la gente era algo que nos estaba aportando tanto, como visitar un lugar o disfrutar de un paisaje, y que el hecho de pasar días en un lugar sin hacer nada en concreto, no significa perder los días sino conocer el país desde otro punto de vista.

Aracelis vive con su marido, su hija Milena y sus padres: Ada y Gilberto. Son una familia entrañable y muy cariñosa. Inteligentes y muy interesantes! Con Lola fueron magníficos, la cuidaban, jugaban con ella…y ella realmente se sentía como en casa, estaba tranquila, confortable y todo era fácil. Esta es una de las ventajas de viajar a un país en el que los niños son bien recibidos y no son considerados un estorbo, que todo es mucho más fácil!

Cuando regresamos a Barcelona, decidimos hacer una pagina web para promocionar su hospedaje, y de alguna manera participar con la familia en algo que les podía ayudar en su negocio, y al mismo tiempo también ofrecer un servicio a gente como nosotros que van buscando familias donde hospedarse. Así creamos: www.casadovales.com.es

Ahí podéis ver algunas imágenes de la familia y también de otras familias que han estado con ellos.

En general, pensamos que el viaje a Cuba fue todo un acierto en todos los aspectos.

Pero sin duda en lo que más acertamos fue en el alojamiento. Si vas a viajar con niños o un bebé, necesitas tener más espacio que una habitación, y el alojamiento en una familia es una solución buena y económica.

La comida cocinada al momento para ti, y servida en un comedor o una terraza nos pareció mucho más lujoso que ir a cualquier restaurante o hotel, los pequeños pueden levantarse, moverse y correr sin molestar a nadie. Se sienten libres y los padres pueden disfrutar de una cena!

Esperamos encontrar buen hospedaje en nuestra próxima aventura!

Jordi, Lola y Airí

Recomendaciones:

*1- Casa Amada: calle Lealtad n.262, ático. Centro Habana / casaamada@yahoo.es

*2- Casa de Luís: Cienfuegos / inf200701@ucf.edu.cu

*3- Maité: calle Luz Caballero, n40-b. Morón / maite68@enet.cu

*4- Casa de Carlos Gonzalez: calle Piro Guinar, n36. Trinidad

– Casa Rafael: calle avellanada, n3. Camagüey / requejobarreto@gmail.com

– Hospedaje Maite: Carretera a Soroa km7. Soroa / elsa07021@pri.jovenclub.cu

– Villa Colonial: calle Antonio Maceo n43. Remedios / frankarecuba@gmail.com

*5- Casa Dovales: calle Adela Azcuy, n2. Viñales / milena05@princesa.pri.sld.cu