En 1979 la doctora Florence Haseltine decidió que le practicarían una cesárea porque según sus propias palabras “quería un niño y no un parto”. No tenía ningún problema de salud, ni nada parecido. Era una simple elección. Era el primer paso para la popularización de esta práctica médica.

Pero la historia de sacar a los niños por la barriga viene de antiguo …

Antes practicar una cesárea era el mismo que decidir sacrificar a la madre. Hasta el siglo XIX las mujeres morían o desganadas o por la infección que se generaba. Tenemos pocos ejemplos, casi milagrosos, de mujeres que sobrevivieron. Veamos unos cuantos …

El año 1508 Jacob Nufer, castrador de cerdos, se la practicó a su mujer. Después de que tres matronas intentaran extraerle el niño cogió sus bártulos y lo hizo él mismo.

En 1822 una criada de 14 años de Estados Unidos estaba embarazada de gemelos, decidió enterrarse en un montón de nieve, abrirse la barriga y quitarse uno de los niños. El otro lo sacó su dueño, médico de profesión.

En 1879 una mujer de Turquía que llevaba 36 horas de parto usó una hoja de cortar para quitarse el hijo.

A principios del siglo XX, con el descubrimiento de los gérmenes y la introducción de la anestesia hicieron que la práctica quirúrgica se popularizara el primer mundo, porque ya no era sinónimo de muerte de la madre. También ayudó el hecho de que en lugares como los Estados Unidos, por ejemplo, la industrialización estuviera haciendo estragos entre la población más pobre. La malnutrición endémica causaba deformaciones óseas que impedían a las mujeres dar a luz por vía vaginal. La cesárea empezó a convertirse en una buena alternativa. Es evidente que gracias a ella se han salvado muchas vidas de bebés y madres.

Y de esta manera se llegó a 1979, cuando la señora Florence, de la que hablaba en un principio, decidió dar un paso más; quiso utilizar la cesárea por elección propia y no por impedimentos físicos.

Y así, hasta hace pocos años, la práctica de las cesáreas ha aumentado considerablemente. Por un lado por las decisiones de algunas mujeres, que como la Florence, deciden parir en clínicas privadas para planificar el día que tendrán al pequeño y no parir vaginalmente.

También los médicos se deciden a menudo por la cesárea. Quizás más veces de las necesarias. Entre otras cosas, parece que la puesta en marcha de los monitores fetales ha supuesto el aumento desorbitado. Estos aparatos registran el latido del pequeño y hacen que a la más leve alteración los médicos pongan en marcha el procedimiento quirúrgico.

Incluso la Organización Mundial de la Salud ha tenido que tomar partido en el tema, porque considera que en los países desarrollados se está abusando de esta práctica que no deja de ser un operación y, por tanto, no exenta de riesgos. Según este organismo en España, en 2008, el 24% de partos en centros públicos eran cesáreas y el porcentaje se elevaba al 40% en los centros privados, cuando lo habitual debería ser un 10 o 15%.

 Cira Crespo, doctora en historia. Autora del blog fentdemama.blospot.com y del proyecto maternalias.blogspot.com)