Somos padres y madres y el viaje de nuestra vida continúa. Seguimos teniendo amigos, hobbies, família y trabajando y ahora además somos responsables de una hermosa personita…se dice pronto!. Lo han llamado, sobre todo en el ámbito laboral, “conciliación familiar” será que en estos momentos es cuando trabajo y família se pueden enemistar. Pues bien, toca tomar otra decisión más: guardería pública o privada?, canguro?, dejar el trabajo?…

Después de visitar guarderías y otras posibilidades valoramos buscar una opción que nos permitiera seguir de cerca y aprender junto con nuestra hija y otros padres y madres. La crianza compartida fué un descubrimiento, algo tan usual en las comunidades de antaño se ha ido perdiendo en esta sociedad individualista y competitiva. No hay como tener una necesidad común para volver a encontrar apoyos y unir esfuerzos.

Mis modelos educativos alzados en torres se iban desmontando. Desde que escogí parto natural ayudada por una doula (Imma Sarrias)  nos fuímos impregnando de la pedagogía de educación libre y para vivirla y sentirla valoramos que la mejor opción para nosotros era la crianza compartida.

Nuestra hija Lluna tenía tres meses cuando nos encontramos con madres y padres que habían formado uno de los espacios de crianza compartida que exiten en la ciudad de Barcelona, La Magarrufa. Nos interesó la implicación que los padres tenían en todo el proceso: presencia con los niños, comida con productos preferentemente ecológicos así como también la prioridad de los espacios al aire libre y la pedagogía activa en que se fundamenta. Era un lugar donde era posible una atención individualizada, donde se acompañara a cada niñ@ en su propio ritmo El grupo maximo estaría formado por diez niñ@s  de 1 a 3 años y tres adultos, dos padres o madres y una educadora contratada.

Fuímos a las puertas abiertas y visionamos un video. Sí, era el mismo grupo que en otras ocasiones habíamos visto en la playa del barrio de la  Barceloneta llevando a los niños en un tren guiado por un adulto, cantando canciones.  En aquel entonces tanto mi trabajo como el de mi pareja nos permitía disponer de un día a la semana y estar con el grupo de niñ@s. El horario de 9h a 15h nos iba bien, asumíamos la implicación en las asambleas y cocinar para el grupo un día a la semana. Antes de empezar leímos los estatutos de la Magarrufa, la propuesta de dieta semanal, actitudes y maneras de estar de los adultos y las bases pedagógicas que la educadora proponía.

A mediados de septiembre comenzamos nuestra adaptación progresiva en el grupo con Lluna. En tan solo una semana Lluna se sintió con confianza con los adultos, sobretodo con Itziar, la educadora, que era la persona constante y de referencia para todos los niñ@s. Yo disfrutaba y aprendía en mi mañana en el espacio de la Magarrufa. Poco a poco los niñ@s se iban acercando a los adultos acompañantes. Se estaba creando una gran família y a las pocas semanas nuestros hij@s tenían ya como referentes a otros adultos.

El grupo de magarrufos nos encontrabamos a las 9 de la mañana en el local del centro cívico de la Barceloneta donde desayunábamos y luego íbamos a la cercana playa o al parque con los niñ@s montados en el carro-tren o bien andando o llevándolos en la mochila. Hasta las 12 del mediodía los magarrufos han podido disfrutar del entorno, de los elementos naturales, de las propuestas de juegos y canciones. Al regreso al local nos preparábamos para  la comida que había traido una de las famílias.

La educacion activa tiene como ejes claves la no directividad  y el acompañamiento en los procesos de vida respetando las necesidades originales de las personas. Ahí queda eso, una frase y menudo contenido que todavía hoy día estoy integrando. Esta visión sobre la crianza entiende que el ser humano sabe lo que necesita para su propio desarrollo y maduración, y no necesita ser guiado desde el exterior. Afirma que quien  vive respetado y querido se quiere y respeta así mismo y a los demás. Y que en quien se confía, confía en sí mismo y en los demás. Potencia la libertad, sin olvidar los limites para dar seguridad y para permitir que surja desde el interior la motivación para aprender.

Durante mi turno con el grupo  de magarrufos intentaba poner en práctica la teoría y surgían mis reflexiones, dudas y preguntas;  ¿puede y sabe un niñ@ pequeño autorregularse para comer el solo lo que necesita?. Otros cuestionamientos era entorno a la ayuda; cuando ayudar a un niñ@ que lo pide sin ser directiva y permitiendo que busque su propia solución? ¿qué hacer ante los conflictos entre ell@s? ¿deben ellos siempre solucionar los problemas? ¿como confiar en su propia autoregulación siendo tan pequeños?. Eran estos y otros grandes retos que día a día me esforzaba por conseguir, entender y modificar, unos días con más éxito y otros con menos. Gracias a la interacción, al ir entendiendo y sobretodo confiando en los niñ@s  se iban resolviendo las dudas y afianzando mi seguridad.  Los adultos intentámos no dirigir pero si acompañamos, estamos presentes en los conflictos,  presentes para dar seguridad y recordar límites,  para ofrecer un ritmo y horario,  para seguirlos en su conocimiento del entorno… También los adultos estamos inmersos en un proceso educativo y cada uno tenemos nuestros propios ritmos.

Las asambleas eran reuniones semanales y allí debatíamos cuestiones de logística, organización, económicas y algunas cuestiones pedagógicas, menos de las que nos hubiera gustado y necesitado. Nuestra voluntad, compromiso e implicacion superaba día a día las dificultades que nos fuímos encontrando: búsqueda de local, búsqueda de famílias nuevas cuando se marchaba alguna y suplencias de la educadora. El gran reto lo encontramos en la adaptación que padres y madres teníamos que realizar al convivir en un espacio de crianza compartida. Si bien nuestros hij@s tuvieron una adaptación entre unos días y varios meses según el ritmo de cada uno, algunos de nosotros los padres aún estamos adaptándanos a esta nueva forma de interactuar con nuestros hijos. Leyendo estos días a Rebeca Wild en el libro “Aprender a vivir con niños. Ser para educar”, encuentro algunas posibles reflexiones que me ayudan a entender porque como adulta tengo esas dificultades y porque quizás como grupo de adultos no hemos podido dar continuidad a un proyecto que vale tanto la pena. Quizás nuestras inseguridades y necesidades no cubiertas en la infancia, quizás nuestra acomodación a presiones externas, quizás nuestra desvinculación con nuestros propios procesos biológicos, quizás los problemas económicos, quizás la falta de apoyo institucional.

Quiero agradecer a la Magarrufa y a todos los padres y madres que hemos formado parte, a los que hemos compartido la crianza, a los que nos dejaron el legado, a todos los magarrufos, a nuestros hij@s, a la educadora, a l@s suplentes de la educadora Rosa, Enric e Isis. Quiero agradecer la oportunidad que me han dado de poder reflexionar, de dudar, de haber entrado en este torbellino que me vuelve más sensible, más observadora y más consciente. Esta es una experiència que no tiene punto y final, se encuentra viva y se irá modificando a medida que nos reencontremos con nuestra vida.

La Magarrufa sigue viva, se reactiva al existir padres y madres interesados y si estás interesada ponte en contacto, es muy probable para este curso 2011/2011 ya se esten reuniendo.