Con esta tercera entrada ponemos fin a esta trilogía donde explicamos nuestros seis meses en familia cuidando y viviendo en una granja ecológica. Sensaciones a flor de piel, reflexiones y un balance siempre subjetivo. Cosas a tener en cuenta si alguna vez tenéis curiosidad por saber como puede ser la la vida milagros de una familia urbanita viviendo en el campo.

Vareando un algarrobo (quien nos lo iba a decir)

¿TE GUSTA CONDUCIR?

Era la cansina pregunta con la que hace años un spot televiso de una marca de automóviles caros nos machacó durante varios meses. Se suponía que conducir tranquilo, sacar el brazo por la ventanilla y jugar con el viento mientras se disfrutaba de increibles paisajes solitarios era un privilegio de unos pocos.

La idea sugerida era que para disfrutar de aquella especie de zen conductor había que correr a un concesionario a gastarse una pasta gansa. Lo que el spot escatimaba era la parte de pasarse también por un banco a pedir un préstamo y lo que tampoco aparecía en ninguna parte era que para pagar ese préstamo más valía que trabajásemos un poco más así que poco tiempo para la conducción lirico-contemplativa nos iba a quedar.

Pues bien, en su nueva vida campestre los urbanitas que esto escriben hemos sentido esa misma sensación zen de ese spot pero el mérito es que ha sido a bordo de nuestro viejo vehículo mixto, versátil y bastante espacioso  comprado de segunda mano y sin visita previa a ningún banco. En el ámbito rural las prisas si existen son menos, cuando pasas por un radar no necesitas pisar el freno para evitar la multa y encuentras aparcamiento en cualquier parte. Cada semáforo en rojo no es el prólogo de ninguna carrera. Toda una gozada.

Sin embargo me temo que no todo es tan bonito. Una vida en el campo, concebida como una opción de vida más natural, debería hacernos menos dependientes del auto, de todo el combustible que consume y del dinero para comprar ese combustible con el que contaminamos la atmósfera como el que más y de paso enriquecemos a las grandes multinacionales de las energías fósiles.  Pero es que, aparte de cualquier otra consideración, estar todo el día dependiente del auto, y más con niños, resulta de una pesadez supina.

Lo contamos al principio de esta trilogía: lo ideal no solo es vivir en el campo sino tener el trabajo, escuela, servicios y tu red social lo más cerca posible de nuestra residencia.  Porque sucede que a menudo ir a trabajar, a la escuela o punto de reunión de tus hijos con sus amigo o tú con los tuyos, a comprar, al médico…supone recorrer constantemente unos buenos kilómetros.

La red en ese aspecto abre nuevas vías en el ámbito rural a algunos perfiles profesionales puesto que es posible acceder fácilmente al trabajo deslocalizado, la información y a multitud de recursos sin tener que movernos físicamente.

EL CAMPO ES ABURRIDO

No hay mentira más grande que la que afirma este título. Si vivimos en una casa en el campo rodeados de huerto, jardines o plantaciones de árboles os aseguro que no queda tiempo para aburrirse, es matemáticamente imposible si quieres que todo dé sus frutos y que todo esté en un estado aceptable según la época del año. Así que regar a diario a final del día se convierte en un ejercicio de contemplación y relax donde puedes conversar con los pimientos o escuchar ese susurro de los tomates.

¿Os acordáis de aquello de trabajar de sol a sol?. En el campo y sobre todo si vivimos y trabajamos en una finca rural existe ese riesgo. Por suerte compensa la falta de prisas, el hecho de que no hay que desplazarse demasiado para hacer las labores y una flexibilidad real de horarios además, claro, de que cuando le vemos el rendimiento a nuestro esfuerzo le cogemos el gusto.

Pero si en la ciudad no regalan nada, en el campo me temo que tampoco.  Viviendo en el campo el sedentarismo no es que sea una anomalía, es que es casi imposible! y apuntarse a un gimnasio una auténtica excentricidad. Mantener una propiedad rural por medios propios requiere de ímpetu, imaginación y de practicar mucho el arte de  la bricología.

LA BRICOLOGÍA

La filosofía de la bricología (conocida comunmente como bricolaje) consiste en la práctica del principio fundamental de: aprende tú mismo a construir y arreglar las cosas o si no ya me explicarás.

Os aseguro que la bricología representa un curso rápido de autosuficiencia, incluso para aquellos de vosotros que no sentís un especial apego por el bricolaje. Vivir en el campo te hará recordar como se arregla un grifo que gotea, se instala un enchufe, se repara una valla o la puerta de una lavadora por poner sólo unos ejemplos.

Vivir en el campo es un paraíso para los aficionados al bricolaje: siempre hay algo que arreglar. Sólo faltaría que tuviera que venir un técnico cada vez, no ganarías ni para pagarle el desplazamiento. Nada de comprar si se puede reutilizar. Lo mejor es aprender a apañárselas y además es lo irremediable. A tu lado MacGiver será un colega de profesión y el Equipo A estará encantado de quedarse encerrado  en tu cuarto de las herramientas.

 COSAS VEREDES

Así le decía Sancho a su buen caballero Don Quijote. En el campo descubres lo que la mayoría de los abuelos y muchos de nuestros padres ya saben: que cada producto tiene su temporada y  que las gallinas tienden a poner más huevos en verano porque hay más horas de insolación, a acabar con un nido de avispas sin peligro. Compruebas que los caballos duermen de pie, que los conejos son unos sibaritas de las hierbas frescas o que las cabras paren sin ayuda y que las que no tienen cuernos comen las últimas.

Se aprende a convivir con la luna que se puede divisar cada noche, a entender porque en el campo muchos se alegran de que llueva aunque sea sábado, a darse cuenta de como desgraciadamente cada año decrece el número de mariposas y de abejas, a disfrutar de las comidas bajo la sombra de un algarroba, a descubrir y a jugar tú con tus hijos con multitud de insectos y a no gritar de terror cada vez que te encuentras con una araña en el baño. A maldecir a las moscas, a dormir sin ruidos. Se aprende que no hay nada como comer pan hecho en casa y se comprueba lo sabrosas que están las lechugas cuando las has visto crecer.

Los niños encuentran en el campo un entorno perfecto

INVÉNTA TU VIDA.

Ahora que hemos conocido a unos cuantos, podemos decir que los nuevos pobladores del campo ejercen para nosotros una fascinante atracción pues representan una extraña mezcla entre la lucidez y la capacidad para soñar. La gracia de vivir en el campo tal y como la planteamos en esta serie de entradas es vivir de otra manera, de forma más autónoma, necesitando menos. El trueque y el intercambio son sistemas arraigados desde siempre en el ámbito rural pero al final en mayor o menor grado se necesita tener un fuente de ingresos: el mundo funciona con dinero.

En este sentido las grandes latifundios y sus propietarios reciben increíbles subvenciones europeas. Los pequeños no. Emprender una pequeña explotación agraria o ganadera, hacerlo como una forma de negocio, es hoy día una autentica heroicidad. Apenas hay ayudas públicas, cada vez se pagan menos por los producido y sin embargo los requisitos y costes son cada vez mayores. Sencillamente no es viable si no se hace para el puro autoconsumo.

En la ciudad nadie regala nada, en el campo tampoco. Se impone buscarse la vida, inventarse alguna actividad que genere recursos económicos: plantaciones ecológicas, dedicarse a cuidar casas o jardines, dedicarse al turismo y/o la restauración, elaborar y/o vender artesanías, etc.

En general no se dan facilidades legales o económicas desde las administraciones públicas para contruir o rehabilitar casas derruidas sobre fincas rústicas o para recuperar pueblos abandonados. Algunos excesos en el pasado ayudan a explicarlo, pero no se entiende que sea legalmente tan difícil incluso cuando el proyecto de vivienda sea bio-sostenible y no genere residuos. No parece que interese que el medio rural se repueble de forma equilibrada, como si el virus del ladrillo y el vicio de las administraciones de poner trabas a la innovación y el recaudar a toda costa estuvieran a prueba de crisis, como si no estuviera pasando nada.  ¿Acaso todo esto forma parte de ese tan anunciado solemnemente cambio de modelo productivo?.

UNA CONCLUSIÓN

La nuestra. Incompleta, provisional y fruto de nuestra propia experiencia. La ilusión por vivir en el campo es cada vez más frecuente por parte de de muchas personas que viven agobiadas en la ciudad. Un sueño posible que merece la pena perseguir si de verdad se desea.

No es algo sin embargo nada fácil, requiere de mucha ilusión, un plan y mucho trabajo además claro, de atraverse a romper con la rutina, de, como decía un amigo, tirarse de la moto, de emprender un nuevo camino. Un buen sistema para hacernos una idea más real de lo que supone irse a vivir es acercarse a conocer diferentes proyectos de vida en el campo que tienen algunas familias. Nosotros al menos hemos querido dejar con eata trilogía un testimonío desenfadado y a la vez realista de nuestra experiencia. Nos encantará recibir vuestras opiniones via comentarios.

Y AHORA…SIGUE LA RUTA

Ya pasaron nuestros seis meses campestres. Estamos a punto de cambiar de residencia aunque seguiremos en el ámbito rural. Buscamos nuevos horizontes, y os decimos que vamos a volver a ser papás, que esperamos un hijopara dentro de no mucho, que se abre para nosotros otra etapa. Pero esa será otra historia que esperamos poder contarte y poder seguir compartiendo contigo.

+ info:

Plataforma rural

Huerta Vieja

Proyecto vivir en el campo

Pueblos abandonados

Abraza la tierra

Quédate a vivir

Foro de vida rural de la revista Integral

Red ibérica de eco-aldeas

Rurales en Red

El Blog alternativo

Red de Permacultura

 

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