Hablando de las Escuelas Bosque

Si todo esto empezó en Dinamarca, es claro que el clima no es una excusa para no hacerlo en España. ¿De qué hablamos? De que los niños aprendan en la naturaleza, a su ritmo y según sus intereses, sin paredes, sin currículum. Si le suena raro es porque todavía no oyó hablar de las Escuelas Bosque, el último fenómeno educativo en el norte y centro de Europa. En Alemania ya hay 1.000. En Escandinavia, 200. En Reino Unido más de 12.000 profesores han recibido una formación en Escuelas Bosque.

Año a año aumenta el número de escuelas bosques en Europa, y también las edades de niños y niñas que asisten a ellas. En Alemania comenzaron siendo primero exclusivamente “waldkindergarten”, hasta 6 años, y ahora ya hay las primeras “waldschulen”, de 6 a 12 años (“wald” significa bosque en alemán). Una progresión que no sorprende. Luego de ver cómo los niños viven y crecen en las escuelas infantiles en los bosques, madres y padres son los primeros en ocuparse en crear “waldschulen” en las que sus hijos pueden continuar.

Las razones de la rápida expansión de las escuelas bosque son evidentes. En estos tiempos en que los niños pasan cada vez más horas entre cuatro paredes, rodeados de asfalto y coches, con la mirada fija en pantallas, en que los únicos animales que ven son palomas y perros llevados de una correa, que la escuela sea un espacio de aire puro, naturaleza y libertad es una idea seductora y revolucionaria. Desde que en su libro “Last child in the woods” Richard Louv hablara de Trastorno por Déficit de Naturaleza, se le ha dado nombre y probables causas al malestar de los niños en la sociedad actual. Heike Freire, autora del libro “Educar en verde. Ideas para acercar a niños y niñas a la naturaleza”, explica en esta entrada en Familias en Ruta por qué es importante el contacto habitual con la naturaleza, y cómo afecta a los niños su ausencia.

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Los estudios realizados indican importantes beneficios para los niños que asisten a escuelas bosque: mejor equilibrio, agilidad, habilidad manual, coordinación física, sensibilidad táctil y percepción de profundidad. En los más pequeños, se ha notado una mayor capacidad para evitar lesiones, golpes en caídas, cortes o quemaduras usando herramientas. Tienen menos estrés, soportan mejor situaciones adversas, y tienen mayor capacidad de atención. Especialmente ilustrativo es un estudio realizado en Alemania por Roland Gorges (Waldkindergartenkinder im ersten Schuljahr – Eine empirische Untersuchung. En pdf, en alemán) que mostró que los niños que habían asistido a escuelas bosques estaban por encima del promedio en todas las áreas que se analizaron, tanto de conocimientos como de capacidades de comprensión, razonamiento, creatividad, motivación y concentración.

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Escuela bosque en Wertingen, Alemania. Foto: Manfi.B.  Licencia Creative Commons.

Resultados similares dio la tesis doctoral de Peter Häfner en la Universidad de Heidelberg. Häfner comparó el rendimiento en 1º de primaria (con seis años) de niños y niñas que venían de escuelas bosques con el rendimiento de quienes venían de escuelas infantiles convencionales. Para ello, envió un cuestionario a lo largo de Alemania a maestros, que habían tenido por alumnos a niños de 50 escuelas bosques. El resultado fue muy positivo para las escuelas bosque. En categorías, como habilidad física, creatividad, comportamiento social, tareas cognitivas, los niños de las “waldenkindergarten” tenían un rendimiento claramente por encima del de sus compañeros de clase.

Así son las características principales de las escuelas bosque que también nos gustaría encontrar en España:

1) En la naturaleza, cada día, todo el año.

La conocida frase “no existe el mal tiempo, existe ropa inadecuada” es una verdad irrefutable en las escuelas bosque. Si llueve, chubasqueros y botas de goma; si hay mucho sol, gorrita; si hace frío, abrigo. No hay más, porque sencillamente no hay opción de refugiarse en un aula con calefacción. El paso de las estaciones no es un acontecimiento abstracto que se mira desde la ventana o en los libros. Y a pesar del temor de padres y madres, sus hijos no se enferman más, sino menos. La vida diaria y activa en la naturaleza refuerza el sistema inmunitario.

2) Sin aulas, sin instalaciones, ni libros ni juguetes.

A la mente estructurada de los adultos, le cuesta entender que una escuela sin aulas sea una escuela, pero así es. En este pedagogía no se trata de dar un paseo por el bosque y luego volver al aula. El aula es el bosque. Las instalaciones de que disponen puede cambiar según cada escuela bosque. Hay algunas que no tienen más que una lona impermeable a modo de techo, bajo la que se dejan las mochilas y otras pertenencias al comenzar la jornada.

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“Aula” de una escuela bosque, en Alemania. En realidad, ahí se dejan mochilas y otras objetos. Foto: Manfi.B. Licencia Creative Commons. 

Otras escuelas bosque cuentan con una estructura de madera, sin puertas ni ventanas, que cumple la misma función: guardar cosas. Y en Alemania y Escandinavia es habitual que haya una pequeña cabaña bien aislada del frío, en la que se guardan objetos personales y se toma el desayuno antes de ir al bosque. No hay libros en las escuelas bosques. Tampoco juguetes, aunque sí cubos y palas para jugar con la tierra.

3) Trato respetuoso. El ritmo y las necesidades lo marcan los niños.

No hay prisas, gritos, órdenes, “rincones para pensar”, ni, mucho menos, castigos. El ritmo cotidiano de las escuelas bosque está marcado por los niños, sus emociones, necesidades, deseos. Por ejemplo, si una niña se detiene a ver un caracol, se la espera hasta que su curiosidad esté satisfecha. Se incentiva y fortalece la autonomía de los menores. Lo primero que llama la atención al visitar una escuela bosque es la tranquilidad. A pesar de estar en plena naturaleza y tener total libertad para correr y gritar, los niños suelen estar concentrados haciendo sus juegos u observando algo que les ha llamado la atención.

4) Juego libre y espontáneo.

Es ésta una de las bases de las escuelas bosque. No hay actividades planificadas, ni un programa a seguir. Los educadores no organizan ni dirigen, sino que los observan y acompañan. El juego libre es fundamental, y niños y niñas hacen lo que sale de su voluntad, creatividad y fantasía, que es precisamente lo que necesitan hacer en cada momento de su vida para un crecimiento y desarrollo armónico. ¿Para qué están los maestros? Para muchas cosas: cuidar de los niños, no vaya a ser que alguno se pierda en el bosque; solucionar conflictos, si los hubiera; escuchar, contener, acompañar; aportar aquello que el niño no puede obtener por sí mismo, pero que necesita para sus actividades (cubos, palas, cuerdas, por ejemplo).

5) Sin currículum.

Relacionado con lo anterior, es evidente que en esta pedagogía no se enseñan asignaturas al modo convencional, o incluso que no se enseña ningún tipo de contenido de manera estructurada. ¿Pero entonces los niños no aprenden nada? Sí, claro que aprenden. Y mucho. Pero otras cosas, y de otra manera: por sí mismos, de primera mano, no porque se los contó el maestro o lo vieron en un libro.

La preocupación de padres y madres ante este sistema educativo es que su hijo no adquiera habilidades y conocimientos básicos y que quede rezagado cuando más tarde asista a una escuela convencional, al instituto o la universidad. Los defensores de las escuelas bosque sostienen que en ellas los niños establecen bases sólidas que le brindarán un mejor desempeño el día que deban atenerse a seguir un currículum pautado, si es que llega ese día, claro. El mejor desarrollo motriz y espacial -dicen- facilita la escritura; a través de la naturaleza y la experimentación se accede a conceptos abstractos; el grado de desarrollo emocional, confianza en sí mismo y autonomía que adquieren, superan a los obtenidos en el sistema educativo convencional.
Y no solo lo dicen ellos. Los estudios realizados hasta el momento -como el de Roland Gorges y Peter Häfner- sostienen lo mismo.

Las primeras escuelas bosques

Aunque puedan parecernos novedosas, se podría decir que las escuelas bosques tienen un origen tan antiguo como el ser humano. A fin de cuentas, que los niños jueguen en el bosque, en grupo, bajo el cuidado distante y atento de un adulto siempre fue su forma natural de aprender.

Los inicios de la moderna escuela bosque comienza en EE.UU, en 1927. H. L. Russell, decano de la Facultad de Agricultura de la Universidad de Wisconsin Madison concibió las escuelas bosque. Su idea fue apoyada por el estado de Wisconsin y las primeras escuelas bosque se crearon en Laona, Wabeno y Crandon, tres ciudades del estado.

En Europa aparecen en 1952, en Dinamarca. Una madre, Ella Flatau, dedicaba tiempo cada día a estar en el bosque con su hijo pequeño y algunos niños del vecindario. El grupo fue creciendo hasta que los padres se organizaron para crear lo que sería la primera escuela bosque infantil europea. Desde ese momento, otras iniciativas similares se abren en Dinamarca primero, y luego en el resto de Escandinavia.

En Alemania existen escuelas bosques desde 1968, pero por aquellos años eran escasas. En 1993 el gobierno alemán las reconoció oficialmente, incorporándolas al siastema del Estado de ayuda económica a las familias, equiparándolas así al resto de kindergartens. A partir de ese momento, los waldkindergarten comenzaron a expandirse rápidamente por todo el país hasta llegar a más de 1.000 en la actualidad.

Suecia tuvo su propia modelo de escuela bosque. En 1957, Goesta Frohm creó el concepto de “Skogsmulle”. “Skog” significa bosque en sueco, y “mulle” es uno de los cuatro personajes ficticios que Frohm creó para enseñarles a los niños sobre la naturaleza. En 1985, se abrieron escuelas basadas en el modelo de Frohm. Se las llamó “I Ur och Skur” (Escuelas Lluvia o Sol), lo que sintetiza en pocas palabras que el clima no es lo importante.

Fundada en 1994, Bridgwater College en Somerset fue la primera escuela bosque en Reino Unido. Gobiernos locales y ONGs defensores del medio ambiente y la naturaleza propusieron integrar el uso de bosques en el currículum educativo. En 2006 ya había 140 escuelas bosques. 

El sistema educativo británico tiene la particularidad de que  escuelas convencionales se han sumado, a su manera, a la vida en la naturaleza y un día a la semana alumnos de educación infantil y primaria dejan las aulas para pasarlo en el bosque. Es claro que no todas las escuelas lo hacen ya que se trata de una modalidad reciente, pero va siendo cada vez más adoptada. Así es que hay asociaciones e iniciativas privadas que brindan a las escuelas convencionales el servicio de educadores y el espacio natural para hacer la salida semanal a la naturaleza.

Un día en una escuela bosque

Si algo suelen tener en común es la rutina diaria, que comienza dejando las mochilas y abrigos que no sean necesario en la cabaña, cuando la hay, o instalación creada para tal fin. Luego sigue un ritual, sentados todos en círculo, con una canción o juego. Y después, al bosque. En países con climas más rigurosos, en invierno se suele tomar un desayuno caliente dentro de la cabaña, antes de salir a la naturaleza.

Tierra, agua, piedras y ramas son los principales recursos pedagógicos, y la curiosidad y fantasía de los niños son el motor del aprendizaje. Por ello, la actividad principal un día cualquiera en una escuela bosque es caminar, jugar, tocar, explorar, correr, trepar, mojarse, ensuciarse con barro. Y si bien cada niño elige si quiere estar solo, de a dos o más, todo el grupo se mantiene unido, en especial cuando hay excursión a un área más lejana del bosque. Según cada escuela, la comida se hará en forma de pícnic en medio del bosque, allí donde estén cuando sea la hora de comer, o bien en la cabaña que cumple las funciones de sede central.

La jornada termina con todos reunidos en círculo y un ritual de despedida, que suele incluir una ceremonia de agradecimiento a la naturaleza. El respeto al medio ambiente y la rigurosa consigna de dejar el bosque tal como lo encontraron (o mejor incluso, ya que se puede recoger basura dejada por otros) es un denominador común en todas las escuelas bosques.

Hasta aquí, hemos contado todo lo bueno de esta opción educativa. El lado amargo es que en España a fecha de hoy, marzo de 2016, las escuelas bosque se pueden contar con los dedos de una mano. Hemos encontrado apenas cinco, todas nuevas y solo para niños de 3 a 6. Puede ser que haya alguna más, de reciente creación o que esté por comenzar, porque a medida que se va conociendo esta opción educativa, cada vez hay más interés de padres y educadores.

Nos queda mucho camino por recorrer, así que mejor empezar pronto. Ya es hora de que en España comencemos a hacer algo.

+ Info

Educar en Verde. Web de Heike Freire

Una escuela bosque en Hamburgo, artículo publicado en Educar en Verd

Artículo sobre las Escuelas Bosque en Alemania

“Aprender de la naturaleza. Artículo de Lívia Hervàs Pardo sobre las Escuelas Bosque en España

Beneficios de las Escuelas Bosques en los niños (Artículo de Wikipedia, en inglés)

Escuelas Bosque en España:

Directorio de Escuelas Bosque Innatura
Centro Bosquescuela Cerceda (Sierra de Madrid)
Saltamonte (Sierra de Guadarrama)
Ítaca International School (Altea)
Ses Milanes (Mallorca)
El Bosque Mágico (Valencia)