Es sin duda uno de los libros del momento (entrevista en La Vanguardia, cita de Vicente Verdú en El Pais) pero no es un libro de moda. Educar en Verde (con versión en lengua catalana Educar en verd, ambas de Ed. Graó) trata desde una perspectia actual de algo tan intemporal como esencial para la salud y el bienestar no sólo tuya o de tus hijos  sino para la de este planeta de todos amenazado y que se nos derrite en las manos ante nuestros ojos atónitos.

Estamos hablando de una de esas pequeñas  joyas que valen su peso en oro. Escrita por la filósofa y pedagoga Heike Freire, esta obra -que parte de una base teórica bien documentada que cada lector puede seguir a partir de sus numerosas fuentes y citas-  es todo un bello, necesario y vitalista alegato a favor de todas las ventajas de que nuestros hijos y nosotros mismos pasemos más tiempo al aire libre y en contacto con la naturaleza.

Una obra práctica y fácil de leer que es también toda una invitación a que seamos más conscientes y no dejemos de reivindicar y poner en práctica el derecho nuestro y de nuestros hijos a viajar de regreso a nuestra Madre Tierra, tanto en nuestra vida diaria como en las escuelas y por supuesto también en nuestras vacaciones y escapadas que son una ocasión de oro para que volvamos a ser niños en familia.

A petición nuestra y con permiso de la autora os ofrecemos un fragmento de este libro donde Heike proporciona un listado abierto de 18 diferentes maneras de acercarse y descubrir la naturaleza durante todo el año con nuestros hijos:

1. Construir cabañas

En el campo, al aire libre, en contacto con la inmensidad del espacio, los niños se deleitan construyendo pequeños refugios o cabañas, ya sea sobre los árboles o en la propia tierra. El impulso de crearse un lugar, un espacio íntimo y secreto, responde a necesidades y deseos psicológicos ancestrales relacionados con la supervivencia de nuestra especie. Aunque, generalmente escondidos y de reducidas dimensiones, suelen estar vetados a los adultos, podemos ayudarles a fabricarlos, siempre que nos lo pidan. Actuaremos como apoyo, bajo su dirección, dejando que ellos sean los auténticos arquitectos. Además de los materiales que encontraremos en la naturaleza como ramas, piedras, hojas, troncos y palos, podemos utilizar otros de reciclaje que traigamos de casa: sábanas viejas, cajas de cartón, cuerdas…. Cuanto mayor es el niño, más complejas serán sus construcciones. No insistas en que las terminen si no lo desean. Este tipo de actividades pueden completarse con otras que realizarán también espontáneamente en los cursos de agua, donde les gusta hacer puentes, molinos, construir diques, etc…

2. Criar renacuajos

Si viajáis cerca de algún río, arroyo, laguna o charca, especialmente en época de lluvias, es probable que encontréis renacuajos. A los chavales les encanta observar la magia de las transformaciones de estos animales. Todo lo que necesitas es una red y un recipiente lleno de agua de charca o de lluvia. También puedes añadir algunas plantas y piedras para que puedan salir del agua y descansar en ellas cuando se desarrollen. Además de pequeñas algas de agua dulce, los renacuajos se alimentan de lechuga cocida, comida para peces, gusanos y carne picada. Una vez completado su ciclo, dejad libres a las jóvenes ranas en el mismo estanque donde las habéis recogido.

3. Observar insectos y pequeños animales

Coloca una tabla plana de madera sobre la tierra en un parque cercano a tu casa o en el campo y vuelve al cabo de un par de días; podréis ver los diferentes animalitos que lo utilizan como refugio, y si hacéis visitar regulares para ver qué hay de nuevo, realizar anotaciones y hacer un seguimiento de esta pequeña fauna.

Los árboles o ramas caídas suelen dar cobijo a numerosos animales: ciempiés, gusanos, escarabajos, que entusiasman especialmente a los más pequeños. Enséñales a tratarlos con respeto y observarlos sin trastocar demasiado su hábitat. También si colocáis, por ejemplo, un poco de melaza en el tronco de un árbol, acudirán hormigas y todo tipo de bichitos golosos.

4.  Recoger setas

Aunque hay setas todo el año, el otoño y la primavera son las mejores épocas para salir en busca de estos preciados comestibles. De colores, formas, sabores y olores muy diferentes, la aventura de ir descubriéndolas entre la hojarasca constituye un reto para la vista y una alegría para todos los sentidos. Buscar setas es una forma estupenda de vivir y sentir el bosque. Además de un placer culinario para grandes y pequeños. Varios organismos medioambientales y sociedades micológicas ofrecen cursos impartidos por expertos para conocer las especies de tu región. Algunas son relativamente fáciles de identificar y difíciles de confundir con otras, por lo que resultan altamente seguras.

5. Explorar un río, nadar, navegar

Los cursos de agua son lugares formidables, siempre llenos de vida. Puedes explorarlos en canoa, kayaks, o cualquier otro tipo de embarcación, incluso hinchables. O si lo prefieres simplemente caminar a lo largo de la orilla. Asegúrate de que tus hijos han aprendido a nadar antes de lanzarte a la aventura. Los baños en aguas “salvajes” relajan y energetizan más que los de piscina.

6. Ir de pesca

A la mayor parte de los niños les encanta pescar, y empiezan a interesarse intensamente a partir de los 4 o 5 años. La pesca sin muerte es una actividad ecológica y relajante, además de representar un auténtico desafío. Al aire libre, en medio de la naturaleza, llueva o haga sol, nos permite ver y sentir la belleza del medio. Aunque es bastante social, y suele practicarse con otras personas, también permite estar sola en una especie de meditación individual. Hacer una caña puede ser muy sencillo: solo necesitamos una rama fuerte y flexible, hilo y un anzuelo. Los niños aprenden rápidamente y no suelen necesitar demasiadas explicaciones. Si vives cerca del mar, explorar las rocas puede ser una aventura apasionante. Algunos educadores han observado que pescar desarrolla la paciencia, la tenacidad y la capacidad de fijarse objetivos.

7. Arte en la naturaleza

No olvidéis llevar en vuestras salidas papel y colores para que, si les apetece, los niños dibujen las plantas y animales que ven. Muchos elementos naturales como hojas, tierra, ramas y piedras pueden servir para realizar hermosas obras de arte, pinturas y esculturas, para llevar o dejar en el lugar donde se realizaron; así podréis observar sus cambios con el tiempo y la acción de los elementos. La corriente de arte contemporáneo denominada “Land Art”, puede ser fuente de inspiración, pero los niños hacen muchas veces este tipo de creaciones espontáneamente (y con frecuencia, los propios artistas ¡copian sus trabajos!).

8. Fuegos y hogueras

Una hoguera en el campo es una actividad interesante y divertida, con múltiples usos, en la que puede implicarse toda la familia: dar luz y calentarse, cocinar, contar cuentos… o simplemente quedarse ensimismados contemplando la bella danza de las llamas. Antes de empezar, conviene informarse de las prohibiciones que suelen establecerse entre junio y septiembre, para evitar incendios. También es útil determinar, con la participación de los niños, las tareas que asumirá cada cual según sus posibilidades y los límites necesarios (por ejemplo, no correr alrededor, no tirar cosas de plástico…). Un análisis riesgos-beneficios puede ser útil para establecer algunas normas. Aunque muchos empiezan a intentarlo desde los 2 años, a partir de los 4 o 5 ya son capaces de encender el fuego, siempre bajo la presencia atenta de un adulto. Los más pequeños pueden recoger leña de su tamaño y ayudar a cortarla; existen herramientas especiales para niños, sierras, martillos, etc…”como los de los mayores”, que pueden utilizar “de verdad” sin grandes problemas; mejor si llevan guantes y se fijan algunos límites de seguridad.

9. Cocina natural

La ventaja de cocinar en el campo es que luego no hay que pasar la escoba ni fregar…; basta con recoger todo lo que no sea orgánico y dejar el lugar tal y como lo encontramos. Además, el aire puro abre el apetito y fomenta las imaginativas recetas de los niños que siempre están “muy ricas”. Incluso se puede hacer pan artesanal, amasando un poco de agua y harina (esto a los pequeños les encanta) y dándole luego forma sobre un palo de madera resistente, por ejemplo de bambú. Calentado lentamente al fuego de la hoguera, el resultado es exquisito. Las patatas y otros tipos de hortalizas, envueltas en papel y horneadas en las brasas también les encantan. Si sabes reconocerlas, puedes encontrar riquísimas plantas para hacer, por ejemplo, una ensalada como diente de león, cola de caballo, borraja o llantén.

10. Contar cuentos

Al amor de la lumbre, generalmente con el atardecer, cuando los niños están cansados de correr, saltar y realizar todo tipo de ejercicios físicos, son los momentos ideales para contar historias sobre animales, plantas y lugares salvajes que abren su apetito de aventura y fomentan su empatía hacia todo lo que está vivo. Desde las fábulas de Esopo a los cuentos de Andersen, nuestra cultura está plagada de hermosos relatos con la naturaleza como protagonista. Pero el entorno, lleno de magia y misterio, también es lo suficientemente inspirador como para que podamos crear con ellos nuestras propias historias.

11.  Bici en familia

En muchos lugares existen recorridos y rutas ciclistas especialmente acondicionadas y señalizadas, por las que puede circular fácilmente toda la familia. La mayoría de ellas atraviesa hermosos parajes con preciosas vistas. Pensadas para disfrutar de los sonidos, olores y paisajes de la naturaleza a una velocidad razonable, hacer ejercicio y mantenerse en forma.

12. Una colección de hojas

Especialmente en otoño, id en busca del mayor número posible de hojas diferentes: de árboles y arbustos, plantas trepadoras y flores. Después, podéis jugar a tratar de identificarlas o clasificarlas por categorías reales o inventadas, como: las más redondas, las más amarillas o las más suaves…Para esta actividad no necesitas ir muy lejos, un parque cercano a casa es suficiente.

13. Buscar refugios de animales

En invierno, para adaptarse a las duras condiciones climáticas y a la escasez de alimentos, muchos animales hibernan. La marmota, el lirón, el erizo o el murciélago, entre los más comunes que podemos encontrar en nuestros campos. Tratar de localizar sus refugios, por supuesto con mucho respeto y cuidado, puede ser una actividad lúdica, imaginativa y didáctica para los niños.

14. Observar a los pájaros

Debido a la diversidad del suelo y el clima, España disfruta de una gran diversidad de especies, especialmente aves. La mayoría de ellas son autóctonas y permanecen aquí todo el año; otras como las grullas, las golondrinas y las cigüeñas migran en invierno, hacia o desde nuestro país. Observar la forma en que se desplazan, en épocas de migración, presenciar una concentración de grullas, flamencos o garzas en algún humedal de la península, o contemplar el majestuoso vuelo de buitres, águilas y halcones es una hermosa experiencia que puede dar lugar a interesantes conversaciones, juegos y/o dibujos sobre la vida de estos alados animales.

15. Encontrar nidos abandonados

En verano, otoño e invierno suelen aparecer todo tipo de nidos abandonados, tallados, “pegados” en los troncos de los árboles o suspendidos en las ramas, que a veces caen al suelo. Si tenemos la suerte de encontrar uno, puede ser interesante investigar con qué materiales está hecho, a qué tipo de ave pertenece, cómo se fabricó, si participaron macho y hembra en su elaboración, e imaginar la historia de lo que sucedió, quien lo habitó, cómo se alimentaban los polluelos y cómo y cuándo lo abandonaron. Según la edad de los chavales y sus intereses puede ser un simple ejercicio de imaginación o un auténtico trabajo de “historia natural”.

16. Recoger minerales y/o estudiar fósiles

En nuestro país existen numerosos yacimientos de fósiles y minerales, que pueden visitarse. También hay muchos clubs de mineralogía que organizan excursiones a antiguas minas, cuevas, e incluso a ríos donde aún se puede batear oro. Sin tener que llegar a ser un experto, es posible encontrar, en muchas zonas campestres, bonitas piedras e incluso restos de conchas y animales fosilizados que alimentan la curiosidad y la imaginación de los niños. Una visita a un Museo de Historia Natural es muy recomendable para ver muestras “raras”, difíciles de descubrir en nuestros paseos y obtener valiosas informaciones.

Esta ha sido tan solo una pequeña muestra de las muchas actividades que puedes realizar con tus hijos, alumnos, familiares y amigos, al aire libre. Si necesitas más información, existen numerosas publicaciones y páginas web, algunas de las cuales están recogidas en la bibliografía. Además, te invitamos a confiar y desplegar todo tu potencial creativo y el de los niños, para inventar muchas otras. Observando su juego espontáneo y sus intereses puedes aportarles ideas que les permitan profundizar (siempre y cuando las acepten) y co-construir con ellos un sinfín de nuevas aventuras. Y recuerda que pasear, charlar, observar los recorridos de las hormigas, contemplar la puesta de sol o simplemente estar juntos, en silencio, sin necesariamente hacer nada, son también formas estupendas de disfrutar de la naturaleza.”

Heike Freire

Seguro que entre todos se nos ocurren más maneras, ¿hacemos un listado via comentarios?

Por mi parte,leido y releido, me reconforta poder recomendar Educar en verde a todos y es que el sentido más genuino de un blog o viene a ser esencialmente lo que para uno de verdad vale la pena?. Espero que lo disfrutéis y tengáis la ocasión de ponerlo a prueba con vuestros peques!.