Una colaboración de Cira Crespo, doctora en historia. Autora del blog fentdemama.blospot.com y del proyecto maternalias.blogspot.com:

En todo el mundo occidental hace unos siglos tuvo lugar un cambio estructural importantísimo. Afectó sobre todo a las estructuras de poder y las jerarquías. Como casi siempre a las mujeres nos tocó recibir. Hablo de la construcción del Estado moderno, también llamado Estado-nación. El fenómeno es de gran alcance y yo no lo conozco en toda la profundidad necesaria ni mucho menos. Pero intentaré hablar un poco, a pesar de la complejidad.

La frase que podría resumir todo es de origen francés: Un roi, un loi, un foi. Una ley, un rey y una fe, pero no sólo eso. También una sola lengua, una sola cultura, y una sola verdad. En otras palabras, se llegó a la conclusión de que para que un estado funcionara debía ser homogéneo en todos los sentidos. Desde finales de la Edad Media se iba gestando el gran cambio. Se empezaron a burocratizar, ordenar y clasificar todas las facetas de la vida.

Y ¿que tiene que ver esto con nosotras? Pues que a la vez que se construía el Estado moderno, se empezó a ordenar el conocimiento. Se constituieron las universidades como los únicos lugares donde se enseñaría el saber oficial. En otras palabras, se separó el conocimiento oficial  del no reglado, que acabaría considerándose inferior.

Hasta ese momento el tema del nacimiento estaba poco o nada regulado. Aquello era cosa de mujeres y eran ellas las que se encargaban de certificar el nacimiento de un niño, entre otras muchas cosas. Lo que pasaba dentro de las habitaciones durante el parto sólo ellas lo sabían.

Pero el conocimiento de las parteras y las mujeres que atendían el parto empezó a cuestionarse muy seriamente. Por un lado, porque no era un conocimiento oficial. ¿Quién acreditaba que aquellas mujeres no eran brujas? Y aún más importante, ¿cómo nos podíamos fiar de la palabra de una mujer cuando había que decidirse quien era el heredero?

Toda Europa, tarde o temprano, sufrió la ola racionalizadora y burocratizadora.

Para poder ejercer como comadrona había que superar un examen en una Universidad ante un tribunal masculino.

Para poder certificar un nacimiento se debía tener el visto bueno de un hombre.

En resumen, todo aquello que venía de la mano de una autoridad femenina era puesto en duda y por tanto, lo femenino era cuestionado.

Sus conocimientos eran no reglados, no oficiales y, por tanto, desestimados, en el mejor de los casos. En el peor, eran llevadas ante el tribunal de la Inquisición bajo la acusación de brujería.

Esto no tuvo consecuencias en seguida ni en todas partes de la misma manera. De manera desigual se fue extendiendo la mala imagen de las comadronas y mujeres sanadoras en general. En una horquilla que va desde el siglo XV hasta el XVII más o menos en toda Europa occidental se acabó con el poder de las mujeres en estos ámbitos (uno de los pocos donde tenían).

Los efectos colaterales los sintieron todas las mujeres. Porque dejaron de existir ejemplos de mujeres con autoridad y que fueran respetadas por sus conocimientos en el seno de las comunidades. La autoridad femenina fue perdiendo valor.

Las consecuencias estan persentes aún hoy en día. La falta de autoestima femenina ha calado fondo. La palabra incompetencia nos ha quedado grabada en el subconsciente. Demasiadas veces nos sentimos incapacitadas para tareas que hasta hace pocos siglos eran competencia sólo nuestro.

Ahora ha comenzado una época nueva, en que se revalorizan los conocimientos forjados al margen de la oficialidad. Empezamos a tomar conciencia de nuestras responsabilidades y capacidades. No tenemos que buscar todas las respuestas en los demás, en los médicos o en los manuales de “cómo ser madre”, por cierto, curiosamente en gran medida, escritos por hombres…

El emporedamiento femenino

Las palabras “empoderamiento femenino” empieza a formar parte de nuestro vocabulario. No es un recorrido fácil, son muchos años de amedrantamiento, pero esta sólo en nuestras manos darle la vuelta a la situación.  Nuestra mejor aportación a la humanidad es convertir-nos en mujeres capaces y capacitadas.

(Buena parte de las ideas que he usado para la entrada ls he extraído del libro “Sanadoras, matronas y Médicas en Europa. Siglos XII-XX”. Muy muy recomendable para todo aquel que quiera profundizar y conocer ejemplos concretos de lo que he explicado).