Taller de plástico niños

Un taller de…¿plástica? Que nadie se asuste. Más allá de los complejos que muchos de nosotros arrastramos después de pasar en nuestra infancia por la asignatura escolar del mismo nombre así como más allá de los consabidos plastidecores y los folios DIN A4 se nos abre un mundo de experiencias creativas con niños que podemos llevar a cabo en nuestra propia casa, sin ir más lejos.

En esta entrada fue publicada originalmente en catalán en el blog de nuestra admirada ilustradora Gloria Vives. Con ella os proponemos la construcción de un taller preparado para acoger y dar rienda suelta a los procesos artísticos de nuestros hijos y de toda la familia

Un espacio ordenado

Para diseñar nuestro taller lo primero que hay que tener claro es que la orden es importantísimo. Los niños sienten mucho más deseo de utilizar y transformar aquellos materiales que están aseados, esperándolos en el lugar, seductores y provocativos. En un proceso creativo partimos de espacio armónico y ordenado, pasamos por el caos de la creación y acabamos ordenando de nuevo. Poner en su sitio aquello que hemos utilizado es un buen ejercicio de cierre en si mismo. Es importante que el niño se responsabilice de su desorden en la medida que sea capaz.

Recomiendo tener un lugar determinado para cada cosa, hacer el esfuerzo de planificar el espacio sin dejar mucho margen a la improvisación en el momento de ordenar. Los colores dentro de las cajas ordenados por gama o las ceras en botes para que no se ensucien (yo por ejemplo acostumbro a separar los colores  fríos de los calientes). Las tijeras, al estuche o colgadas. Los papeles y papelitos, guardados en un espacio donde no se arruguen. Las cajas donde encontramos el material desordenado y/o amontonado de cualquier manera no funcionan. Comprobado!

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También hay que valorar cuáles son los materiales que podemos dejar a su alcance y los que no, procurando no pecar ni de inocentes ni de demasiado prudentes, garantizando que puedan disponer de los que necesiten y – en su caso con nuestra supervisión- incluyendo también aquellos más comprometidos, ya sea porque ensucian mucho o porque podrían hacerse daño.

A la hora de pensar la estructura del espacio hay que pensar en las diferentes funciones que tiene que soportar. Una mesa baja donde hacer creaciones pictóricas horizontales, manualidades, experimentos, esculturas… Una pared donde poder pintar experimentando con la gravedad y la distancia que nos permite el hecho de estar derecho y un suelo para proyectos enormes donde generalmente el cuerpo y la mirada se involucran de una manera diferente.

Los materiales

Reciclar mucho! Tener cajas grandes y pequeñitas donde acumular botes de vidrio, botellitas de plástico, puedes de yogur, mallas de naranjas, palos de madera, hueveras, corros de papel higiénico y de cocina, envases curiosos, culos de botella. No hay ni que decir que conviene guardar todo el material limpio, dándole más valor, que invite a ser tocado y manipulado (el olor de la leche pudrida de meses dentro de un brick os puede arruinar una sesión creativa!).

La pintura

Para experimentar con la pintura podemos poner al alcance una caja de acuarelas con toda la gama
de colores, un bote con agua y pinceles. Estos tipos de pintura ofrecen un buen resultado (si son más o menos de calidad), no manchan y son fáciles de controlar. Para momentos más especiales podemos utilizar las pinturas acrílicas, en este caso necesitaremos más energía para entregarnos a la intensidad de la pintura y para contener los límites necesarios para proteger el sofá.

 

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Es recomendable utilizar la pintura acrílica con paleta, de base neutra (un plato blanco sería perfecto), y dejarlos experimentar y que vayan encontrando los colores a su ritmo. Es preferible poner doscientas veces un poco de pintura al plato e irlo limpiando cada vez que montar un cirio con los colores. Mejor no poner mucha pintura de entrada y tener que tirarla al final. Pasada la euforia de las primeras veces, se puede invitar el niño a limpiar el pincel en el agua cada vez que cambie de color y, despacio, aprender a no mezclar todos los colores de golpe (un juego muy divertido es encontrar colores diferentes partiendo de los tres primarios y una vez lo tenemos lo registramos en un papel, apuntamos quién son los «padres», le inventamos un nombre…).

También os invitamos a utilizar otros materiales con los cuales os topáis por casualidad, aunque sentís que no dominéis la técnica, da igual: sin miedo. Ceras o lápices acuarelables, pinturas en barra (cuidadín en verano, que se funden muy rápido), rotuladores, tinta china (los encanta pero mancha muchísimo), acuarela líquida ( la teoría del color con esta pintura es mágica!), nogalina (en la droguería) y – porqué no- tintas variadas que nos podemos inventar dando un vistazo a la despensa a partir de botes de colorante alimentario, tinta de calamar, cúrcuma, café, té, el agua de hervir remolacha, sal, lejía, cera de vela, papel secante… y los experimentos que os pasen por la cabeza.

El volumen

Podemos trabajar el volumen modelando, añadiendo o esculpiendo. Cada acción requiere un ingenio concreto para resolver los problemas estructurales con los cuales se vayan encontrando.

Podemos modelar con barro, plastilina casera, pasta de sal, pasta de papel, pasta de madera y diferentes experimentos de masas que podéis encontrar fácilmente en la red. El barro los atrae especialmente por sus características: es muy suave, desliza con el agua, es natural, blando, flexible, se puede pintar. Eso sí hay que tener en cuenta que, si no se cuece, un golpe seco acaba siendo un material débil y si el que queremos es crear objetos que tengan un uso posterior (títeres, casetas, paisaje) tendremos que asumir y sostener la complexión efímera. También va bien saber que un golpe seco se puede volver a recuperar mojándolo con agua y se puede guardar dentro de caja de plástico con tapa, envolviendo la parte que quede al aire con un trapo húmedo y una bolsa de plástico.

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Para trabajar el vaciado podemos partir de un bloque de barro e ir sacando con herramientas de vacío, hilo de nilón, cucharas… También podemos ofrecerlos una pastilla de jabón grande y que con un cuchillo poco agresivo vayan sacando y donante forma a la figura. La cera de abeja también es un material adecuado para esculpir pero es mucho más caro.

Para trabajar el volumen añadiendo se puede proponer hacerlo con pegamento de barra y pliegues de papel (llegan a resultados sorpresivos) o encajando materiales diversos, reciclados… Va muy bien disponer de una pistola de pegamento caliente para enganchar las estructuras imposibles (lo engancha sin embargo al momento pero no es muy duradero).

Acompañar

Tener el material escogido en un espacio adecuado asegura una buena base para acompañar el proceso artístico de nuestros hijos. Si el material o la edad del niño lo requiere, hay que estar presente, observando e interviniendo lo mínimo. Nos podemos situar cerca para ayudar a apagar los fuegos que puedan surgir (gotas de pinturas no deseadas, aguas que se derraman, cintas adhesivas que no enganchan…) y para anticiparnos, invitándolos a explorar, dejando un material cerca, haciendo una propuesta concreta, explicando un detalle técnico…

No corregirlos es difícil, pero no imposible. Nuestra experiencia acumulada con los materiales que los ofrecemos nos permite discernir rápidamente qué material o técnica son los adecuados para conseguir un resultado concreto y cuesta no ayudarlos a resolver los problemas con los cuales se van encontrando y dejarlos descubrir «haciendo». Aunque sabemos que con una grapa se engancharía mejor o quedaría más bonito, el éxito del proceso creativo justamente consiste en el hecho que ellos encuentren su propia solución.

Aún así, sí que llega un momento que la explicación de una técnica concreta los puede dar alas. A medida que crecen los interesa más y más llegar a resultados concretos y una ayuda técnica les puede abrir posibilidades. Al mismo tiempo hay que ser conscientes que hay métodos que no se aprenden sólo y que los podemos mostrar como se utilizan: o bien haciendo una propuesta («si quieres, se puede hacer así») o bien simplemente utilizando la técnica trabajando a su lado mientras ellos también trabajan. De hecho es como tradicionalmente nos hemos transmitido siempre los oficios, con la figura del maestro y el aprendiz. Es importante no juzgar ni el proceso ni el resultado.

Acompañar el camino celebrándolo y descubriéndolo en el mismo momento que el niño. El resultado final no tiene más importancia que la que el niño le quiera dar. No hay que tener una vitrina exponiendo objetos y convirtiendo en obra de arte una cosa que no lo es… Y nos sorprenderá observar los caminos que se abren cuando los dejamos descubrir los materiales desde su mirada. En definitiva, nos podemos hacer a medida el taller en casa nuestra, potenciando aquellos terrenos en los cuales nos sentimos cómodas y abriendo la mirada, sin el miedo de no saber, creando un espacio que nos acoja a  padres e hijos y nos invite a recorrer el camino del descubriento juntos.

Textos e imágenes: Gloria Vives