A continuación tenemos el placer de compartir un post invitado escrito por Alfredo Pavón, buen amigo y seguidor de Familias en Ruta. Se trata la reproducción de las aportaciones que componen Si los hombres hablasen un libro que recoge los testimonios de diversos padres con ganas de compartir las emociones y reflexiones que les ha provocado la experiencia de ser padres.

El libro de Si los hombres hablasen toma nombre de una iniciativa más amplia que pretende acompañar el despertar individual pero también el cambio social al que avanza una nueva paternidad consciente.

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Aquí estoy, aquí me encuentro, en este lugar al que he llegado después del hacer y no hacer, este lugar que de momento, es extraño para mi. Soy hombre de pocas palabras, hablo poco y nunca he escrito nada (que no sea la lista de la compra). La paternidad me ha llevado por estos caminos, por los cuales jamás habría pensado antes que iba a caminar, voy sintiéndome cómodo, poco a poco, el acto de escribir sobre ciertos temas me ha resultado sanador.

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Hijos, parto, postparto, puerperio, matrona, lactancia, pañales, crianza, apego… Cuando escuchamos estas palabras, normalmente ¿qué es lo primero que se nos viene a la cabeza?. ¿Un bebé? Sí. ¿Una mamá? Sí, ¡seguro!. Pero raramente pensamos en un papá, en un padre, en un Hombre. ¿Pero por qué?. Sin duda estas palabras están vinculadas directamente con los bebés y con las madres, pero no en exclusividad.

Tener hijos, criarlos y educarlos es un gran regalo que nos hace la vida, un regalo hermoso, con una gran carga de responsabilidad que tiene que dejar de ser exclusivo de Mamá, tenemos, (los hombres) que ocupar nuestro espacio sin apartar a nadie, no podemos dar el pecho, pero sí podemos ayudar a que el momento de la lactancia sea mas cómodo para la mama y para el bebe.

Desde el mismo momento en que supe de mi próxima paternidad, comencé a sentirme Padre. Padre como el tercer pilar de la familia y que muchas veces queda fuera del triángulo de Amor que es la familia: Los hijos, la madre y el padre.

Durante el embarazo se me dieron determinadas situaciones, cuando menos curiosas, que me sorprendieron desagradablemente.

Cuando íbamos a ser padres, me di cuenta de que en la revisiones médicas y de control del embarazo, el profesional de turno, prácticamente nunca se dirigía a mí, al padre. Con una mirada me hubiera bastado. Ese hacerme sentir invisible, inexistente con lo más grande que me estaba pasando en mi vida, fue lo que me hizo buscar. Buscar primero en mí, qué me estaba pasando y después a otros hombres–padres, que se sintieran como yo ante su paternidad: solos (no en cuanto a su familia, si no en cuanto a la sociedad). Porque en ocasiones me apetecía compartir con amigos cualquier nimiedad relacionada con la crianza de mi hijo, con nuestra manera de criar, que no es ni mejor ni peor que las de los demás, pero sí es la que hemos escogido nosotros. ¿Pero por qué me costaba tanto encontrar un “colega” con quien tomarme algo en algún bar, hablando de pañales o de lactancia?.

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Para mí, sí era complicado, era como si el universo se confabulase en mi contra, para que cuando me juntase con mis amigos, tan sólo les interesase hablar de cosas sin transcendencia, nada de emociones, nada de crianza, ninguna duda sobre lo que hacían o sentían ellos como padres o sus parejas, me sentía incomodo por que era yo, el Hombre, el que se quedaba en casa al cuidado de su hijo y haciendo las tareas del hogar, mientras mi pareja continuaba con su trabajo y casi ni me atrevía a hablar de ello. Las Mujeres no me preguntaban cómo me sentía, ni querían hablar o compartir estos temas conmigo. Sentía que me comparaban con los hombres que ellas habían elegido como sus parejas, esto me dejaba en una situación delicada e incómoda.

Tuve la fortuna de que me despidieran del trabajo que tenía entonces al momento de comunicar el nacimiento de mi hijo, permitiéndome disfrutar del bebé, de la mamá y de mi recién estrenada paternidad más allá de los irrisorios días de paternidad que concede la Seguridad Social. Tomando así, la decisión familiar de que fuese yo quien ejerciese de “amo de casa”.

Nunca pensé que el nacimiento de mi hijo me haría renacer a mí también, como persona, como hombre y por supuesto como padre. Quien yo era hasta entonces quedó olvidado, desvanecido. Lo que quedaba del padre que yo creía iba a ser se borró, se disipó en el momento de coger por primera vez a esa criatura tan indefensa y hermosa, mi hijo.

Antes de ser padre pensaba que cuando tuviera un hijo le iba a enseñar esto y aquello y que él sería mejor persona que yo. Sobre enseñarle… En estos casi 4 años Mael me ha enseñado tanto que para poder devolvérselo necesitaré un par de vidas más y claro que va a ser mejor que yo. Es un ser hermoso por dentro y por fuera que brilla con luz propia y que ha llegado a mí para enseñarme, no yo a él.

Intento aprender cada día, disfrutando incluso de lo menos agradable, hasta cuando el día ha sido difícil y duro y me he enfadado con él y por tanto conmigo mismo. En esos días complicados, sigo pensando que merece la pena acompañarle en todo momento, que también para ello he decidido ser padre, sin guiarle, sin conducirle. Quiero ser un padre diferente al que me han enseñado, diferente al que he conocido, quiero vivir esta aventura de la mano de mi pareja, ni delante, ni detrás, ni abajo, ni arriba, a su lado con un proyecto común de futuro y remando hacia el mismo lado.

Jamás le he dicho a nadie qué tiene que hacer o cómo lo tiene que hacer. Vivir así la paternidad es asunto mío y sólo mío y de mi familia, para mí es una necesidad. Este camino de la paternidad que hemos elegido no me resulta fácil, para mi sería mucho mas cómodo ocuparme solo del sustento económico de la familia, cumplir con mi horario laboral y regresar a casa y no tener que ocuparme de nada más hasta el día siguiente. Pero simplemente no puedo, no me sale. Me siento tan responsable de todo lo que le pasa o pase a Mael que a veces el miedo me atenaza y siento un vértigo que creo que no voy a poder soportar.

Después de acompañar a Pilar, a los grupos de lactancia, crianza, grupos de Juego, etc. comprendí, que nunca encontraría el camino del padre que quiero ser, si no conseguía compartir mis frustraciones, mis sentimientos y mis miedos, con otros hombres, necesitaba visión masculina sobre todo lo que me estaba pasando y no quería ser padre olvidándome de ser hombre.

Así llegué a los grupos presenciales de hombres-padres a los que he tenido el placer de asistir. El primero fue “El diván de Peter Pan” en el cual comencé mi búsqueda del padre que quiero ser y comencé a descubrir que más papás tenían las mismas inquietudes que yo. Así comencé a dejar de sentirme un “perro verde”. Actualmente asisto cada quince días en “la Cocinita” a un grupo presencial de hombres de la Fundación Siloshombreshablasen, donde estoy creciendo como Hombre, como Padre y como Ser Humano.

En estos grupos presenciales nos encontramos ya muchos hombres, padres unos y otros no, con las misma necesidad: encontrar a otros como nosotros, necesitados de que se nos escuche como hombres, como padres y como hijos.

Cuando la fundación se planteó publicar un libro sobre esta forma de vivir y sentir la paternidad se me dio la oportunidad de diseñar y maquetar el libro y de colaborar como uno de los autores. Ahora con el trabajo ya realizado me siento muy satisfecho. He disfrutado muchísimo poniéndole los adornos, el papel de colores y el lazo a este gran regalo que es “Hombres Padres y un hijo”.

“Alfredo me llamo, Fredi soy”, así comienza la entradilla de mi aportación en el maravilloso libro “Hombres Padres y un hijo” un libro coral de la Fundación Siloshombreshablasen en el cual 20 padres y un hijo, 21 hombres hablan sobre su visión de la paternidad y masculinidad, con el objetivo de difundir los valores y propósitos de la fundación y para actualizar el modelo de paternidad y masculinidad.

Enfrentarme a un folio en blanco para que recogiese mi forma de ver y sentir mi paternidad, me ha resultado muy difícil. En algún momento pensé echarme para atrás. Conseguí por fin ir ensuciando ese folio en blanco y al final salió. Ha sido todo un privilegio poder participar en esta realidad que me ha permitido tener en mis manos esos maravillosos textos con los que he reído y he llorado sin ni siquiera tener que pasar de página, incluso a veces en el mismo párrafo

Gracias amigo Javier por darme esta oportunidad de conocerme a mí mismo y de conocer al grupo.
Gracias amigo Víctor por esa palmadita en la espalda que me diste al leer mi texto, fuiste el primero en leerlo.

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Gracias amigo Justo por esa gran labor de coordinación, que no se ve pero que es tan importante.

Gracias amigo Juan Pablo por recordarme, continuamente, que la paternidad es un Gran Regalo.

Gracias a Mario, Paco, Ritxar, Carlos, Remmert, Fer, Raúl, Patxi, Iñaki, Adrián, Bruno, Jesús, Roberto, Caio, Alex, Migue. Gracias amigos por ser, estar, escuchar y participar.

Si queréis tener en vuestras manos y disfrutar de la lectura de este libro coral que ya está en la calle gracias a la Fundación Siloshombreshablasen y a la Editorial Cuatro Hojas podéis que escribir un mail a info@siloshombreshablasen.es y en poco tiempo os devolveremos el mail con toda la información de los precios y de cómo gestionar el pedido, también aquí os informaremos de cómo hacerse socio de la fundación y de los beneficios que tiene pertenecer a este gran grupo.

Podéis conocer algo mas de los grupos presenciales o sobre la Fundación Siloshombreshablasen a través de nuestras direcciones virtuales.

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