¿Cuántos padres con bebés ponen su inquietud viajera “on hold”, en “pause”, hasta que sus hijos sean “un poco mayores”? Cada vez que oigo esa frase, no puedo evitar preguntarme, ¿cuánto es ese “poco mayores”? ¿Unos meses, unos años? ¿Hasta que vayan a la uni?. No more excuses. Viajar con bebés es una tarea más que posible.

Islandia con niños

Para muestra un botón. Gemma tiene 4 años y medio. El pasado junio, al final de su primer curso en el cole, fue a sus primeras colonias en las que los niños pasaban una noche fuera de casa. Varios padres, claramente preocupados, comentaban que aquella iba a ser la primera noche que su hijo durmiera fuera de su cama. ¿¡Qué me dices!?

¡Salid, salid, con vuestros bebés! Al contrario de lo que las marcas de cochecitos, tumbonas, calienta biberones y demás artilugios quieran hacernos creer, los retoños solo necesitan una cosa: a sus padres. Y si hay pecho, esos pezones suculentos y siempre dispuestos de mamá, ¡oh, la panacea! No hay mejor remedio para el hambre, la sed, el sueño, la angustia, el miedo, la excitación, e incluso el dolor de oídos que puede provocar el cambio brusco de altitud en los aviones.

Gemma , una pequeña gran viajera en Islandia

Seriamente, esta primera entrada pretende animar a los padres de bebitos a salir y divertirse y aprovechar ese período, que (¡increíble pero cierto!) es tremendamente corto, en el que vuestros hijos no necesitan más que saberse amparados por vuestro cuerpo y cariño. Y vuestros bolsillos solo necesitan cubrir los gastos de los adultos, también importante, Porque recordad, los niños no pagan pasaje de avión hasta los 2 años.

En nuestro caso, primero fue Japón, ella tenía seis meses; luego Holanda, tenía 12; luego Islandia, 22.

De Japón, recuerdo un vuelo largo pero plácido, con la niña en pijama de Bruce Lee dormida en la canastilla que instalaron para ella. Recuerdo ir a todas partes con ella colgando, lo cual es especialmente práctico en Tokio porque el transporte público no está diseñado para cochecitos y las estaciones de metro raramente tienen ascensores. Una mochila ergonómica es siempre una buena inversión. Recuerdo su primera sillita para ir en bici, instalada delante del ciclista (su padre o yo). Recuerdo también que la comida supuso un descubrimiento. Introdujimos el tofu, la calabaza, la soja y alimentos que el pediatra en Barcelona confesó no tener ni idea de dónde meter en el calendario alimentario. Y por último recuerdo lo práctico que nos resultó el sistema de alquiler de aparatejos de bebé, puesto que nuestra estancia se prolongó durante tres meses. Hay empresas que alquilan material como tronas, cunas, cambiadores y demás y que, por un módico precio en yenes, te ahorran el importe de una compra injustificada y el quebradero de cabeza de cómo regalar – revender – recolocar ese material que te queda nuevo cuando te marchas.

2010-03-tokio (2)Viajar a Islandia. Con la mochila preparada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De Holanda recuerdo lo preparado que está todo (como en la mayoría de los países nórdicos, dicho sea de paso) para las familias con bebés, especialmente en locales y restaurantes de los llamados familiares (family restaurant, concepto americano). La estancia fue corta y nos alojamos con amigos, lo cual nos califica poco o nada como trota-Países-Bajos.

Islandia, ¡Islandia sí era prueba de fuego! Una ruta circular, cada noche en un lugar distinto. Distancias de coche no muy largas, pero lo suficiente como para garantizar un mínimo de dos horas diarias de viaje. Caminatas, ascensiones a volcanes, picnics al aire libre. Terreno rocoso, arenoso, nieve, hielo, agua y todo. ¿Y sabéis qué? La peque se adaptó a todo, dormía cuando tenía sueño (para muestra, ver foto), comía cuando tenía hambre, dentro o fuera, bocata, queso, fruta o un guiso caliente. Todo le parecía estupendo, increíble, trotaba y alucinaba igual con una florecita que con una cascada. Su única exigencia era escuchar sus canciones en el coche, que los mayores nos aprendimos (¡en japonés!) y tarareábamos resignados y hartísimos. Pero compartir aquel viaje con ella fue lo mejor que habré hecho nunca.

Viajar a Islanda, Holanda y a...

Hemos seguido viajando y tenemos previsto hacerlo mucho más. Ahora los viajes son una experiencia compartida ya desde la preparación: desde la elección del destino hasta qué ver, cómo desplazarnos, dónde dormir… Grandes viajes, como lo son todos, pero papis de bebés, pocas veces viajar será tan práctico, simple y barato como con un bebito. Lo dicho, a viajar que son… dos años.

 

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