¿Te gustaría volar? ¿Quieres ser pequeña? Es una de las preguntas que Lluna, nuestra hija de tres años, nos hace a menudo durante nuestra ruta. La imaginación y fantasía propia de su edad se amplia con las diferentes realidades que va conociendo mientras viajamos juntos.

Jugar juntos, pasar tiempo juntos, es el mejor regalo que nos hemos hecho. Sin prisas, sin tiempos de reloj vamos con las maletas a cuestas recorriendo  América Latina.

JUEGOS Y JUGUETES

Para ir de ruta llevamos todo lo necesario y Lluna no se ha olvidado de la suya donde ha colocado algunos juguetes para poder compartir y enseñar a los amigos que va encontrando. Nos fuimos de la gran ciudad con un peluche que le regaló una amiga, colores, plastelina, un cuaderno, libros, algunos muñecos pequeños y un avión. En el camino su amiga Lizet le han regalado un perrito de peluche, ha encontrado semillas en la selva, conchas y caracolas en las playas, hemos fabricado tarjetas para jugar a parejas reutilizando carteles, recogimos dos coches que alguien dejo olvidados en la playa de Canoa (Ecuador), hemos intercambiado algún libro en el mercado del León Dormido (Ecuador) y hemos regalado algún juguete a otros amigos. La última incorporación ha sido una especie de tetris con la piezas de maderas de colores. Lluna sabe que no podemos llevar muchos juguetes, solo aquellos que caben en su mochilita.

Los mejores juguetes han sido muchas veces la reutilización de objetos naturales y de desecho que ha ido encontrando: un vaso o botella de plástico en la arena de la playa, una enorme hoja que sirve de plato, un coco partido que hace de olla y una hamaca hace de bus desde el que Lluna vocifera su destino “a Cotacachi, a Cotacachi!!”.

Juegos no han faltado donde ningún material es necesario, tan solo el movimiento y el cuerpo: Lluna ha jugado con la gravedad en la cama elástica del León Dormido, con la agilidad subiendo árboles o bajando por sus enormes raíces hasta el río en Finca Sarita (Ecuador) aprendiendo a nadar en las aguas turquesas del caribe o jugando al escondite o al pilla pilla con sus nuevas amistades.

NUESTRA CASA

Cuando Lluna escucha el cuento de los tres cerditos se queda pensando y rápidamente cambia el final. Ninguna casa sale volando por los soplidos de un lobo, todas son fuertes y resistentes. Y no es de estrañar ya que desde que dejamos nuestro piso de alquiler y dejamos todas nuestras cosas en cajas, Lluna y nosotros hemos ido viviendo en casas de diferentes tipos: casas de madera en el León Dormido o en finca Sarita o en finca Flor del Paraiso, (Costa Rica) con tejado de paja en las islas de San Blas (Panamá), con paredes de caña de bambú en Canoa o de cemento con ladrillos en hostales de Baños, Boquete o Cerro Punta. En medio de tanto trajín de casas buscamos la seguridad y ningún cuento va a estropearnos nuestro hogar aunque este sea por por unos días.

IDIOMA

Hola. Esa fué su primera palabra con sentido que Lluna dijo, y la respuesta casi siempre llegaba envuelta en una sonrisa. El catalán y el castellano han sido los idiomas que ha aprendido y ahora va incorporando a su lenguaje algunas palabras de un español americano. Mamasita, papito, acá o hablar en pasado perfecto. Hablar de usted o decir permisito. Ha descubierto como bebé se dice “guagua” en Ecuador y “chichí” en Panamá y Costa Rica. Ella frunce el ceño cada vez que lo escucha, yo no soy un bebé o un chichí, soy Lluna dice asertivamente. Tampoco soy una muñeca como también la han llamado. Ahora juega con nosotros a hablar inglés, inventa palabras y se divierte con las sonoridades.

TRANSPORTES

¿Estás preparada para ir un largo rato en autocar o en barca o en caballo o en taxi o para ir de excursión o para subir al avión? Sí, responde Lluna con entusiasmo y es que ella ha reinventado el pesado traslado de un lugar a otro en un momento para el juego. Explicar historias, jugar al veo veo, transformarse en una ardilla, usar los dedos como personas, jugar a tiendas o dormir han sido algunos de sus recursos para solventar la limitación de movimiento. Paciente y comprensiva, más de lo que nos esperábamos ha ido tranquilizándonos cuando veíamos que la espera para algunos transportes era mucho mayor de la previsible.

COMIDA

Aunque buscamos lugares donde podamos tener acceso a cocina y poder hacer nuestros platillos también hemos podido saborear comida local: el plátano en todas sus facetas, cocinado, frito, maduro, verde, en tortilla, asado o el maiz frito, asado, hervido y en tortilla. También la yuca, la papaya, los frijoles negros, rojos, enteros o en puré. Los pescados a la plancha o en ceviche, el cacao o el coco. Vegetariana durante algunas semanas, omnívora en otras, Lluna ha sido fiel a su aceite de oliva y ha descubierto como la pitahaya o la granadilla le gustaban nada más probar y otros frutos han tenido que ir esperando. Recoger las verduras del huerto, regar las plantas y ver crecer los frutos ha sido algo que da más sentido al comer comprendiendo que el supermercado no es ni el único ni tantas veces el mejor lugar para encontrar comida deliciosa y nutritiva.

ANIMALES

Cuando vuelva quiero tener un chanchito. Eso nos dijo después de ver nacer seis preciosos chanchitos (cerditos) en Finca Sarita pero es que luego quiso tener un caballo y claro también se hubiera llevado el gatito chiquitín o a los monos que tan juguetones se acercaban para tocarle el pelo en El Paseo de los Monos de Puyo (Ecuador) y que alegran nuestros paseos por los caminos de Montezuma (Costa Rica). Lluna conoce el peligro de una boa que se acerca para comer las gallinas en la Finca Flor del Paraiso. Ella vigila a la serpiente que está encerrada para no asustarla, como tampoco asusta a las abejas o salta y corre para que las hormigas no le piquen. Es difícil evitar a los mosquitos pero le hemos explicado como las arañas, las ranas o las salamandras pueden ser nuestras amigas porque se los comen al igual que muy amigas son las cabras que nos ofrecen su leche para hacer el rico queso que a Lluna tanto le encanta comer con pan.

A Lluna le encantaría tener alas; observa los colibrís, las mariposas, los monos y las ardillas. Vuelan y trepan y sus colores no pasan desapercibidos para esta pequeña bióloga. Mira! una fiesta de pájaros! , describe al ver una bandada de pájaros volando sobre nuestra cabeza.

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