Sentimientos y reflexiones que se nos despiertan en el momento de decir adiós al Proyecto Integral León Dormido en el que hemos pasado casi tres semanas.

Sentimos alegría al comprobar como otra educación no solo es posible sino que es aquí real. Es mentira que sea una utopía, lo hemos visto en los CEPAS (centros para actividades autónomas) de esta comunidad que parten de la concepción y de la práctica acumuladas durante veintisiete años en el antiguo Centro Pestalozzi (el Pesta) de Mauricio y Rebeca Wild que son ahora vecinos del León Dormido. Los CEPAS están ubicados en unos edificios de madera de arquitectura geométrica y con bastante luz natural. Están llenos de rincones con multiples propuestas de actividades para los niños: instrumentos musicales, de lectura, de matemáticas (con materiales tipo Montessori y otros), de costura y ensamblaje de piezas, etc. Existen rincones simbólicos como una tienda, una peluquería con disfraces o una cocina. Cada niño según su etapa de desarrollo e intereses elige a que quiere jugar en cada momento pudiendo también salir a la zona exterior de juegos donde se encuentran entre otros elementos  una tirolina, cama elástica, castillo de madera o un precioso arenal con agua cerca.

Se trata de una educación pensada por y para las necesidades de los niños, que respeta sus ritmos individuales, que no impone, que confía en la motivación y capacidad de cada niño para que aprenda a partir de su propia experiencia. Una forma de educar sin maestros donde los niños se administran autónomamente y que tiene en su instinto de juego libre a un aliado no a un enemigo. Para que esto sea posible están establecidos unos límites o reglas que aseguran un ambiente relajado. Entre las principales: no se puede agredir física o verbalmente a otro niños u obligarles a hacer aquello que no quieren, hay que respetar el material, usarlo adecuadamente y guardarlo en su sitio después de cada uso. A la hora de comer se hace cola y cada niño lava y seca despues sus cubiertos.

Durante las tres horas matinales que el CEPA está abierto todos los niños están acompañados de un adulto de referencia para ellos (normalmente alguno de los padres) que le ayuda solo si el niño está en peligro o lo requiere y no interviene excepto que se vulnere alguno de los límites dejando que los niños sigan su ritmo. ¿Os imagináis una escuela donde cada día cuando toca la campana para volver a casa los niñ@s no se quieren ir?. Lo hemos visto estos días en el León Dormido y hemos flipado. Nos encantaría que este modelo sirviera de inspiración en todo lo posible para el nuestro.

Nos hacen reflexionar las conversaciones y vivencias que la activación ha despertado en nosotros. Atentos a la advertencia de Mauricio” Protéjanse!, no crean nada de lo que decimos tan solo explicamos nuestra experiencia”. Rebeca y Mauricio nos transmiten la confianza en el niño, en el ser humano, en el potencial ilimitado que todos poseemos y eso en los tiempos que corren. Nos aclaran que todos tenemos los programas de todos los animales y que no es de extrañar ver a borregos, papagayos o chimpancés o incluso a tigres paseando por nuestras calles o sentados en el bus. Consideran que para que el programa humano se active es necesario cuidar el entorno para que este sea relajado y permita a los niñ@s y adultos jugar, ser creativos y tomar decisiones desde el corazón. Nos cuenta para nuestro alivio que mientras estemos vivos podemos desbloquear los efectos de las vivencias inadecuadas a través del lloro de desahogo. Es necesario el error y volver a equivocarse, reflexionar, hacer, volver a equivocarse y quizás a las mil y una estaremos tranquilos de sentirnos en nuestro camino. Emociones a flor de piel, sonrisas, abrazos y reflexiones que han surgido aquí y que permanecerán.

Nos causa admiración como los miembros de esta pequeña comunidad son capaces de convivir dándose mutuo apoyo. Como conjugan su idea de cooperación comunitaria con su individualidad y el espacio privado familiar. Nos admira su concepción de lo que ellos llaman ecoSImía, como colaboran con otras comunidades intercambiando alimentos y algunos servicios a través de su papel moneda “los sueños”. Los vimos en el mercado que se celebró en el mismo León Dormido este pasado sábado y donde asistieron gentes de varias comunidades de Ecuador. Esta gente es rica: vive rodeada de un entorno natural y bello. Ven, saludan y pueden hablar a diario con sus vecinos y pasar largos momentos con sus hijos. Y además cocinan muy bien!. Gracias por cuidarnos así.

Nos inquieta. El estruendo humeante del Quito metropolitano cada vez más cercano. A unos pocos kilómetros del León Dormido se está construyendo el nuevo aeropuerto de la capital que amenaza la quietud del lugar. Cada vez resulta más difícil conocer lugares como este a que no estén en peligro de extinción. También nos inquieta que puedan faltar nuevas risas de niños en los CEPAS, ojala que la sabiduría de esta gente les impida volverse en exceso hacia sí mismos.

Recordamos con emoción los intensos días compartidos aquí con todo el grupo que vino a la capacitación. Casi cada noche y entorno a una fogata un baile de sentimientos entre los cantos y las guitarras andinas y peninsulares. Ha habido complicidad, buen rollo y muchas risas. Gracias Roser, Conxita, Fina, Olga, Maria José, Jaume, Loli, Eli, Toni, Rubén, Marta, Meritxell, las dos Anas, Marisi y Nora, todos educadores  que demuestran que tienen muy claro que para enseñar hay que aprender porque  de aprender no se acaba nunca. La mayoría de ellos han convivido además con las familias acogedoras del Proyecto Integral del León Dormido y se han sellado amistades y recuerdos para toda la vida. Podemos asegurar que las despedidas no han sido nada fáciles. Lluna se lo ha pasado en grande con vosotros y con los niños del CEPA.  Si la tierra es redonda volveremos a encontrarnos. A todos un abrazo corazón.

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Amigos Fundación Pestalozzi