Post invitado de Maria Folch madre inquieta, viajera, artista y educadora. Nacida en Barcelona, ha vivido dos años y medio en NY. Actualmente vive en Reggio Emilia, Italia. Acompaña y asesora familias expatriadas compartiendo recursos e ideas que les ayuden a encontrar sus propias soluciones de forma creativa

Cuando nos encontramos en el proceso de cambiar de residencia a otro país en familia, el orden que con mucho esfuerzo habíamos logrado, rápidamente deja de tener sentido, y conviene responder a los nuevos retos a los que se enfrenta la familia, a veces sin demasiado tiempo. Sea porque hemos elegido esta aventura conscientemente, o sea porque la vida nos “expulsa” de nuestro país de origen por motivos económicos, nos enfrentamos a un momento de cambio intensísimo, que va a requerir mucha información y grandes dosis de creatividad.

Foto © familiasenruta

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Personalmente no soy partidaria de seguir fórmulas ni recetas cerradas, simplemente porque la vida no responde a manuales, y cada familia y circunstancia son únicas e intransferibles. Sin embargo, pienso que compartiendo determinadas informaciones prácticas, especialmente en momentos de cambio, podemos ahorrarnos algunos problemas, aumentando la sensación de plenitud y serenidad de nuestra vivencia.

Las informaciones que compartiré con vosotros proceden de nuestra propia experiencia, pero también de la de otros muchos padres que hemos ido conociendo por el camino, física y virtualmente. Nuestra familia, ha vivido dos cambios de residencia. Tenemos una hija de siete años, nacida en Barcelona, nuestra ciudad natal, y que vivió nuestro primer traslado a Brooklyn, NY, con tres años y medio. Después de permanecer unos tres años allí, nos trasladamos a Reggio Emilia, Italia, donde vivimos desde hace alrededor de un año y medio.

Foto © Maria Folch

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Las diferencias entre Europa y Estados Unidos, son mucho más grandes que aquellas entre Italia y España. Sin embargo, aún tratándose en los tres casos de países occidentales industrializados, son ciudades muy distintas entre sí. La personalidad, forma de trabajar y prioridades de vida de sus habitantes tienen diferencias significativas con las de nuestra ciudad natal, así como la cultura en general, y afectan a muchos más ámbitos de la vida de lo que a primer golpe de vista pudiera parecer.

Por otro lado, me gustaría resaltar que la elección del país, circunstancias, y duración del traslado pueden a su vez cambiar absolutamente las prioridades organizativas de cada familia. No es lo mismo trasladarse a un país en el que se habla la misma lengua que en el nuestro, que tener que desplazarse a otro que se encuentra en las antípodas del nuestro, tanto física como culturalmente. Tampoco es lo mismo ir a vivir a otro país “a la aventura”, sin trabajo, que ser trasladado desde tu propia empresa. Distinto es también el marchar por un solo año, manteniendo tu propia casa en el país de origen, que emprender un viaje después de cerrar tu casa, tu trabajo y la plaza en la escuela que tanto te gustaba, sin una fecha de regreso.

Por último, creo conveniente aclarar que las sugerencias del artículo están pensadas para familias que se trasladan a vivir a otro país de manera “estable”, aunque sea sólo por un año académico. Es decir, que parto del supuesto de que, en mayor o menor medida, la familia llevaría una vida parecida a la que habitualmente tenía en su ciudad de origen. Es decir, que este no es un artículo destinado a familias que van a pasar un año sabático en el extranjero, porque, bajo mi punto de vista, ello sería como vivir unas vacaciones, sólo que un poco más largas.

Foto © Maria Folch

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Ir a vivir a otro país, aunque sea por un año, es otro tipo de aventura, una forma de crianza en movimiento con sus propias particularidades y colores, que no nos son desvelados hasta que no nos encontramos literalmente dentro de ella. Deseo que el artículo os ayude a descubrir un poco la variedad de luces y sombras que puede contener una aventura de este tipo, y que podáis encontrar aquellos matices que realmente combinan con la naturaleza de vuestra familia.

Éstos son, según nuestra experiencia, algunos de los temas básicos a tener en cuenta para una familia antes de marchar:

1- Conocer mínimamente el idioma del país de acogida.

Resulta verdaderamente indispensable que al menos uno de los padres conozca uno de los idiomas del país al que viajará la familia. No sólo por motivos laborales, sino porque es necesario realizar grandes cantidades de papeleo de toda índole. Ello requiere una energía y una cantidad de tiempo de la que no somos conscientes antes de trasladarnos, porque en nuestra ciudad hemos ido haciendo nuestro trabajo burocrático escalonadamente. Cuando los conocimientos del idioma no son suficientes, leer cualquier sencillo documento puede convertirse en una tarea titánica, capaz de robarnos una gran cantidad de energía durante las primeras semanas, uno de los momentos potencialmente más estresantes para la familia.

La importancia, a su vez, de que el niño conozca el idioma mínimamente antes de trasladarse, es tan crucial que casi merecería un artículo en sí mismo. La estabilidad emocional, adaptación del niño e integración pueden depender, en buena parte, de cómo se desarrolle la integración lingüística. A su vez, las habilidades del niño para aprender el idioma disminuyen con los años; así que la edad del niño es un factor importante a considerar a la hora de plantearse con cuánto tiempo de antelación comenzar a enseñar el nuevo idioma a nuestro hijo. A la vez, cuanto mayor sea el niño, más importante será que disponga de unas mínimas habilidades comunicativas que le permitan llevar una vida social satisfactoria y no sufrir exclusión por parte de sus compañeros.

2 – Conocer la cultura y características del nuevo país

Resultaría ideal conocer bastantes aspectos de la ciudad en la que viviremos antes de marchar, a ser posible incluso presencialmente. Siempre que sea posible, unas breves vacaciones en el país de acogida pueden ser cruciales para que toda la familia se haga más consciente del cambio, e incluso para terminar de decidir algunos detalles concretos, como la elección del barrio o escuela.

Conocer por ejemplo, cómo es el clima, la costumbres, la cocina, o cómo visten las personas, puede ayudarnos enormemente a visualizar la nueva vida y a hacer una transición mucho más amable. Existen guías estupendas de distintas tipologías: para turistas, para autóctonos, e incluso algunas especiales para niños, las cuales nos ofrecerán sin duda información privilegiada acerca del país y de cómo viven allí las familias. A los niños les puede ser útil conocer algunas canciones y cuentos tradicionales infantiles del país para ayudarles a conectar con otros niños e integrar las emociones que sienten ante la nueva etapa de su vida.

La inmersión cultural es una herramienta educativa de incalculable valor porque combina conocimiento y experiencia, y sobretodo porque pasará a formar parte de la biografía común de toda la familia. Los temas de conversación acerca de “lo nuevo” serán interminables, y será difícil que, durante un tiempo, la familia pueda sentir que se aburre, pues las novedades y oportunidades para aprender serán infinitas.

3 – Solventar al máximo todos los temas legales

Son muchos los temas legales que puede ser necesario solucionar ante un cambio de país. Dependiendo de cuál sea el país de destino, las dificultades burocráticas pueden ser mayores o menores. Obviamente ir a vivir a un país de la Comunidad Europea cuando se proviene de otro, puede reducir mucho la cantidad de gestiones y hacerlo todo más fácil.

Si, por el contrario, dependemos de la obtención de un visado para entrar en un país no comunitario, la circunstancia puede cambiar absolutamente. Tenemos que ser conscientes de que hasta que no tengamos en nuestra mano la aprobación del visado, no podemos dar el resto de los pasos, como pagar una matrícula para una escuela o un seguro médico.

Son muchas las personas que se han visto totalmente inmersas en un periodo de espera larguísimo, incluso de más de un año, antes de poder tener acceso legal a otro país. En esta situación, toda la familia queda atrapada en una especie de “limbo”, y puede llegar a ser muy angustiante. Cerrar nuestra etapa en nuestra ciudad natal, y abrir otra en otro país requiere la consecución de muchos pasos intermedios, materiales pero también emocionales.

Por todo ello, resulta esencial tratar de ser lo más eficientes posible en el ámbito burocrático y legal, a través de la colaboración con embajadas, consulados, abogados, y con la ayuda de otras familias que hayan pasado por el mismo proceso.

Una vez obtengamos el visado, existen muchos otros temas esenciales a solventar, como los temas médicos o de impuestos o conocer a fondo las particularidades de nuestra condición migratoria, especialmente si no vamos con un contrato de trabajo cerrado. En algunas ocasiones es posible que la familia viaje con un visado otorgado a partir de un permiso de trabajo para un solo miembro de la familia, que le autorice a viajar con la familia, pero que no incluya un permiso de trabajo para el cónyuge.

Del mismo modo conviene explorar las posibilidades de convalidación de los títulos de estudios para asegurarse de que es efectivamente posible ejercer la profesión en el país de destino.

Por último, y no menos importante, conviene asegurarse de que se tienen en vigor los documentos necesarios para identificar a todos los miembros de la familia.

4 – Solucionar el alojamiento para las primeras semanas.

Una solución que puede ser útil, especialmente cuando no se conoce lo suficiente el lugar de destino, es alquilar un alojamiento temporal durante las primeras semanas. Ello puede ayudar a que nos aseguremos acerca de la idoneidad de la ubicación, a ir acostumbrando a los niños al nuevo entorno, y a encontrar el que será el hogar definitivo para el resto del año.

No es aconsejable elegir casa desde el país de origen, a no ser que recibamos ayuda de alguien local, o que ya conozcamos la ciudad, porque la lista de dificultades que pueden surgir es realmente muy larga, y es un tema demasiado importante, del que va a depender, en parte, nuestro bienestar en el nuevo país. Para facilitar las primeras gestiones, es indispensable tener de conexión a internet disponible durante todo el día.

Por otro lado, disponer de una primera residencia en la que no hay que hacer nada para instalarse puede hacer mucho más sencillo el aterrizaje. El hecho de poder utilizar un alojamiento “puente” puede ayudar a preparar el definitivo mientras se va a dormir al temporal. En el caso de que nuestras cosas viajen por mar, podremos, además, aprovechar el tiempo en que están viajando para arreglar el piso definitivo, de tal modo que en el momento de recibirlas podremos tenerlo todo ya organizado y no se nos acumulará el trabajo.

Por último, añadir que como solución alternativa a la organización de los primeros días, algunas familias optan por otra modalidad de instalación: uno de los dos padres marcha primero para ir buscando alojamiento definitivo y ahorrar algunos días de transición al resto de la familia.

Sea cual sea la solución que encontremos, la prioridad de las primeras semanas debería ser facilitar la parte material del viaje para podernos centrar mucho más en la adaptación emocional de la familia.

5 – Conocer otras familias de nuestra misma nacionalidad o idioma que vivan en el país de acogida.

Cuando se comienza en otro país es muy útil contactar con familias de nuestra misma nacionalidad, tanto si tienen hijos como si no, pues con ellas podemos compartir vivencias y muchas informaciones prácticas. Aunque cada persona es fruto de sus propias circunstancias, y seguramente no serán idénticas a las nuestras, siempre resulta interesante la mirada de alguien que procede de la misma cultura, y ha pasado por una situación similar.

Es sorprendente ver cómo, cuando se es extranjero en otro país, resulta mucho más fácil conectar con personas de la misma nacionalidad, independientemente de si tenemos cosas en común con ellas o no. Las primeras impresiones y consejos además, son importantes, no sólo por su practicidad, sino también porque ayudan a relativizar las dificultades iniciales, a través de la mirada tranquila de otra persona que las ha superado desde hace tiempo.

Además, conocer gente con la que compartimos idioma, aunque no nacionalidad, es importante también a nivel de descanso mental. Resulta verdaderamente extenuante, sobre todo al inicio, estar todo el día hablando en un idioma que no es nuestra lengua nativa.

También puede ayudar el hecho de encontrar familias de nuestro mismo idioma que tengan hijos, para ayudar a los nuestros. Sin embargo, es frecuente que los hijos de estas familias no hablen entre ellos el idioma de los padres y utilicen el idioma local, en muchas ocasiones el que usan en la escuela. A pesar de ello, podemos pedir que a los padres de esa familia que se comuniquen con nuestro hijo en nuestro idioma, y sus hijos tal vez intenten imitarlos, porque con un poco de suerte, aún conservan mucho conocimiento pasivo de la lengua de los padres.

Por todo ello, los encuentros con familias que hablen vuestro mismo idioma, sobre todo al inicio, pueden ser de incalculable valor para la transición práctica y emocional de toda la familia.

6 – Entrar en contacto con comunidades de padres autóctonas, virtual y presencialmente.

Existen hoy en día innumerables redes de familias en el mundo, virtuales y presenciales. El secreto para poder participar en ellas está, de nuevo, en conocer de antemano el idioma. Resulta interesante explorar las redes virtuales, a poder ser, incluso antes de marchar. Especialmente si deseamos contactar con un determinado tipo de colectivo con el que tengamos algo en común, por ejemplo, un tipo determinado de educación, la profesión de los padres, u otras circunstancias específicas. Los blogs, foros y redes sociales son grandes oportunidades para comenzar relaciones que más tarde podrían tener la oportunidad de concretarse en lo presencial.

Conviene recordar que la información que podemos obtener de la gente del lugar puede ser crucial. Además la calidad de la experiencia en otro país dependerá, en buena parte, de lo abiertos que estemos a tratar de conocer las costumbres y gentes del país. Aunque sintamos que no podemos alcanzar una gran profundidad en las relaciones humanas, tal vez debido a la barrera lingüística, o al hecho de permanecer en ese país por un espacio de tiempo demasiado breve, vale la pena esforzarse por tenerlas, pues con el tiempo pueden llegar a ser inolvidables, y sin duda alguna enriquecerán nuestro modo de ver el mundo.

Una vez llegados al lugar de origen, también puede ser positivo contactar con alguna asociación o centro cultural para seguir alguno de los intereses habituales de la familia. Ello nos permitirá dar continuidad a nuestras aficiones, y enriquecerlas con otros modos de entender, por ejemplo, el deporte, la danza o el arte.

7 – Decidir de antemano la opción educativa para nuestros hijos

Reflexionar con tiempo sobre la opción educativa para nuestros hijos durante los años en que vivamos en el extranjero con antelación puede ayudarnos a acotar la búsqueda en el nuevo país. Obviamente la decisión dependerá de muchos factores, entre ellos, las preferencias educativas de los padres, las características y edades de los niños, el tiempo libre de que dispongamos en el país de destino, y no menos importante, el presupuesto familiar disponible.

No siempre podremos encontrar las mismas opciones que teníamos en nuestra ciudad natal, pero vale la pena invertir tiempo investigando aquellas que puedan encajar con la nueva situación familiar y que puedan ayudar al niño a integrarse con más facilidad, evitando cambios sobre la marcha, especialmente durante el primer año.

Conviene recordar que no todos los niños se adaptan rápidamente a la nueva situación, y es muy frecuente que algunos puedan atravesar una etapa de inseguridad emocional, que puede expresarse de diversos modos según las características y edad del niño, como por ejemplo: retraimiento o tristeza, problemas de sueño o de comportamiento, dificultad para estudiar, o regresión temporal a una etapa evolutiva posterior. Estos síntomas podemos verlos como una respuesta adaptativa a una nueva situación a integrar, la cual requerirá por parte de los padres, entre otras cosas, mayores dosis de presencia, amor y comprensión.

Al margen de otros factores, cuando elijamos escuela conviene considerar las características particulares de la nueva situación familiar. Hay dos factores importantísimos a considerar durante un traslado al extranjero. Uno, el nivel del idioma extranjero que domina el niño, y dos, la edad del niño.

Los menores de tres años no tienen prácticamente recursos para comprender los motivos del cambio, ni qué significa un trabajo o un país nuevo. Para estas edades una de las mejores opciones, es que puedan permanecer con al menos uno de los padres el máximo de tiempo posible, tal vez en combinación con algunas horas con una cuidadora o espacio de juego estable en el que se hable el idioma local, para que se pueda ir familiarizando con él.

Si los padres no están presentes durante esas horas de canguraje, resulta especialmente útil que el cuidador referente pueda entender y/o hablar también el idioma de la familia y hacer una transición lo más amable posible, y tan larga como sea necesario, cuidando mucho que el niño no sufra durante la separación de los padres, porque podría sentirse abandonado en un entorno que le es absolutamente ajeno.

Para los niños mayores de tres años, podría facilitar la adaptación elegir guarderías o escuelas más centradas en la persona, y menos en la adquisición de conocimiento intelectual, independientemente del estilo educativo. He aquí algunas opciones populares entre los padres multiculturales:

⁃ Escuelas de pedagogías con presencia en distintos, como Waldorf o Montessori. Son escuelas que utilizan métodos y materiales muy parecidos. Si el niño ya frecuentaba el mismo tipo de escuela en su país de origen, muchos aspectos le resultarán familiares, algo especialmente ventajoso de cara a la adaptación.
⁃ Escuelas bilingües o internacionales. Conviene valorar y estudiar cada caso, porque pedagógicamente pueden ser muy distintas entre ellas.
⁃ Escuelas públicas. En una misma ciudad e incluso barrio, pueden ser radicalmente opuestas en sus objetivos educativos, así que también conviene valorarlas individualmente.
⁃ Hacer homeschooling o unschooling. Convendría averiguar de antemano si existe una posibilidad legal de llevarla a cabo en el lugar de destino, y si existe una red suficiente de padres que la realice, para evitar caer en el aislamiento social. No es lo mismo hacer educación en casa en el país de origen que fuera de él, donde tenemos que construir toda una red social probablemente de cero.

En términos generales, es aconsejable valorar los pros y contras de cada opción. Algunas permiten más contacto con la gente local, y otras garantizan la interacción con otras familias multiculturales, algo que puede ser de gran ayuda para comprender e integrar nuestro nuevo estilo de vida.

8 – Vivir la experiencia con tiempo suficiente

Resulta importantísimo no moverse con un calendario demasiado apretado, para dar tiempo a que se realicen todas las partes del proceso, tanto las prácticas como las emocionales, especialmente en los casos en los que el traslado tiene un carácter bastante definitivo, es por un tiempo largo, o cuando no existe la posibilidad de viajar con frecuencia al país de origen, sea por dinero o debido a una gran distancia.

Elegir lo mejor posible el momento del traslado. Trasladarse durante las vacaciones de verano para poder disfrutar del nuevo país en familia, y comenzar el año escolar bien situados, podría ser una buena estrategia inicial, siempre que la familia pueda hacerlo.

Y por último, añadir que esta experiencia es una gran oportunidad para aprender el arte de la flexibilidad, porque no todo saldrá como imaginábamos El proceso de ir a vivir a otro país suele estar lleno de sorpresas e imprevistos, y de nuevas situaciones a resolver, por más planificación que hagamos. Todas son, potencialmente, una oportunidad para crecer y aprender, pero hace falta estar presentes, no intentar buscar culpables cuando no se cumplen nuestras previsiones, y recordar que los niños en esta situación necesitan más que nunca el amor y la estabilidad de sus padres.

Próximamente compartiré nuevas ideas más enfocadas al acompañamiento concreto de los niños durante este proceso de cambio. Gracias por vuestro tiempo!

Texto: Maria Folch

Artista y educadora. Nacida en Barcelona, ha vivido dos años y medio en NY. Actualmente vive en Reggio Emilia, Italia. Acompaña familias que vivan en uno o varios países, compartiendo recursos e ideas que les ayuden a encontrar sus propias soluciones de forma creativa. También organiza charlas, talleres y espacios. Para más información sobre sus servicios www.mariafolch.com