La oportunidad de hacer un viaje con la familia siempre es una fuente de oportunidades para aprender y para descubrir lugares que cautivan tu corazón. Este verano decidimos pasar nuestra primera semana de vacaciones en el País Vasco. Es difícil hacer una selección entre tantos lugares bonitos y experiencias remarcables vividas en el País Vasco con nuestros niños. Pero nos hemos puesto manos a la obra y, con un poco de esfuerzo, hemos logrado elaborar nuestra lista de los diez lugares y experiencias que realmente nos robaron el corazón.

Esplanada de acceso al Santuario de Aranzazu (Guipízcoa)

Esplanada de acceso al Santuario de Aranzazu (Guipízcoa)

1. El Bosque Pintado de Oma

Una gran idea es empezar por este bosque para disfrutar con tus hijos de las montañas de Euskadi. El bosque pintado de Oma se encuentra ubicado en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, un precioso valle en el que sólo viven unas cuantas personas en unos pocos caseríos acompañados por los rebaños de vacas que pastan felices en los prados. Hace unos años, Agustín Ibarrola tuvo la idea de transformar un bosque de pinos en un museo al aire libre, en un homenaje a la naturaleza y la sensibilidad, al color y la creatividad. La excursión por el bosque recorre un sendero circular de unos 7 km de longitud mientras vas descubriendo las diversas obras de arte gracias a los puntos de observación señalados en un mapa explicativo. El acceso al bosque pintado de Oma está en el término municipal de Kortezubi, junto a la Cueva de Santimamiñe (acceso por la carretera BI-4244), y el recorrido hasta allí puede completarse visitando Gernika y la costa de Bermeo y Mundaka. Puedes mirar El Bosque Pintado de Oma en nuestro blog.

Bosque Pintado de Oma

Disfrutando del Bosque Pintado de Oma

2. San Juan de Gaztelugatxe

San Juan de Gaztelugatxe es tan conocido y tan fotografiado que, cuanco te diriges hasta allí puedes pensar que quizá te defraude o esté tan lleno de turistas que pierda su encanto, pero no es así. Llegar hasta esta preciosa ermita requiere de un paseo junto a la costa por la antigua carretera que antaño permitía a los coches llegar hasta allí. Es interesante ir bien equipado con agua y algo que comer ya que el paseo en ascenso puede hacerse largo al regreso, sobre todo en verano, cuando el calor suele resultar húmedo y pegajoso, casi tropical. La excursión no tiene peligro alguno y es ideal para hacerla con niños. Una vez llegas abajo, la vista de la agreste costa vizcaína encandila y los niños querrán bajar al mar para disfrutar de los escollos y la diversa fauna marina. Sobre el peñón, la ermita de San Juan atrae la mirada del visitante y, como si de un imán se tratase, no puedes evitar la atracción de subir los estrechos peldaños para llegar a lo alto y hacer sonar la campana. En nuestro blog os contamos más detalles.

San Juan de Gaztelugatxe desde el camino de acceso (Bermeo, Vizcaya)

San Juan de Gaztelugatxe desde el camino de acceso (Bermeo, Vizcaya)

3. El Aquarium de Donosti

Donosti es una ciudad tan bella que es difícil seleccionar algo que destaque sobre todo lo demás. Incluso en verano, cuando la playa de La Concha está llena de turistas, es un deleite observar la bahía, y también pasear por el barrio viejo o dejarse llevar hasta subir a los montes que rodean la ciudad. Sin embargo, si nosotros tenemos que elegir algo con lo que disfrutamos plenamente, fue con la visita al Aquarium.

Desde la Concha, paseando junto al Ayuntamiento, se llega al viejo puerto en el que hoy las pequeñas barcas de colores ordenadas captan la atención de todos los visitantes con su cámara de fotos en mano. La visita al Aquarium permite un viaje por los mares desde el Atlántico a los arrecifes coralinos del trópico. Pero además, una excelente exposición de barcos, permite distinguir las diferentes artes pesqueras y aprender el legado de la historia naval. Sin duda, uno de los elementos más característicos es el enorme esqueleto de ballena franca de 11 metros que cuelga de una de las salas. No podíamos salir de allí. Hechizados por los diversos acuarios no podíamos de jar de observar los centenares de pececillos, los enormes tiburones y los extraño es Nautilus. Fue difícil salir de este. Realmente este museo nos robó a todos el corazón.

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4. Pasear por la Ria de Bilbao en busca del Guguenheim

Deseosos estábamos de regresar a Bilbao y comprobar que todo lo que dicen de esta ciudad y su transformación era cierto. Visitamos el Museo Vasco en el que aprendimos un montón de cosas sobre la cultura y la historia de la región, anduvimos por la ciudad y el barrio viejo para después recorrer la ría de camino al Museo Guguenheim. Sin duda, un paseo pensado para niños y adultos, para personas con dificultades de movilidad, una apuesta por ofrecer a los habitantes y visitantes un lugar de encuentro. El lugar que nos encantó fue el enorme parque de juegos que hay junto al museo con unas vistas espectaculares y un montón de espacio para jugar, trepar y escalar en libertad. Una pasada!

El paseo junto a la ría de Bilbao permite a los niños jugar sin descanso (Vizcaya)

El paseo junto a la ría de Bilbao permite a los niños jugar sin descanso (Vizcaya)

5. Ascenso a las campas de Urbia desde el Monasterio de Arántzazu

El santuario de Arántzazu puede que sea el corazón de Euskadi o al menos uno de sus lugares más emblemáticos. Situado en el municipio de Oñate, se ubica en este lugar porque cerca de allí apareció la imagen de la virgen que hoy destaca en el moderno altar del santuario. Entre espinos, de ahí su nombre: “arantza” significa “espino” en euskera. El Monasterio de Arántzazu es obra de diversos artistas de renombre, entre ellos, Jorge Oteiza y Eduardo Chillida. El proyecto era tan atrevido en su diseño que incluso se paralizó la construcción durante un largo periodo de tiempo.

Paseando por las Campas de Urbia, cerca del monte Aitzgorri (Guipúzcoa)

Paseando por las Campas de Urbia, cerca del monte Aitzgorri (Guipúzcoa)

Dejamos la visita al santuario para más tarde porque nuestro objetivo matutino era subir hasta las campas de Urbia. La excursión está muy bien señalizada y transcurre a través de una pista y un sendero que se alternan en los diversos tramos. Los hermosos hayedos de estas montañas nos acompañaron casi hasta las campas y, a pesar de estar en pleno mes de agosto, la humedad y la penumbra creaban un espacio tenebroso que nos dió para muchas conversaciones sobre duendes y hadas. Hay que ir preparado por si llueve y con buen calzado, pues es inevitable regresar con las botas algo embarradas.

El ascenso no es dificultoso aunque, en algún punto, es bastante empinado. La recompensa, cuando se llega a las campas, es fantástica. Allí nos esperaba un extenso espacio ondulado de pastos donde los caballos y otros animales pacen tranquilamente y caminan libres. Libres como nuestros hijos que, una vez hecho el esfuerzo, y a pesar del agotamiento, se dedicaron a correr y saltar por aquellos prados. Sólo se detuvieron un momento para disfrutar del picnic mientras nosotros nos deleitamos con las vistas de las cumbres y dormitábanos una relajante siesta. En las campas hay un bonito y pequeño restaurante con servicio de hostal en el que también se sirven comidas. Desde este punto hay muchas otras sendas para recorrer esta parte del Parque Natural de Aizkorri-Aratz.

La niebla lo cubrió todo al mediodía en las Campas de Urbía (Guipúzcoa)

La niebla lo cubrió todo al mediodía en las Campas de Urbía (Guipúzcoa)

6. Pasaia y la construcción de un gran ballenero

Pasaia (Pasajes) es hoy en día y desde hace tiempo un pueblo industrial con un puerto realmente impresionante. Se puede observar que durante las últimas decenas de años la industria naval, y también la pesquera, ha dominado la vida de las gentes de este municipio. Aunque hoy en día es una ciudad moderna que casi no deja vislumbrar su pasado, algunas de las calles cercanas al puerto aún permiten imaginar como debió ser este pueblo hace tiempo.20160729_115517-2

Nos dirigimos a Pasaia con el interés de poder visitar los pueblos de San Pedro y San Jua. Queríamos pasear por la costa y visitar el faro, pero sobre todo nos apetecía conocer la factoría marítima vasca de Albaola donde se está construyendo una réplica histórica del Ballenero San Juan del siglo XVI. Es increíble observar a estos carpinteros artesanos que intentan reproducir el proceso de construcción de este enorme barco sin utilizar más que las técnicas más tradicionales.País Vasco con niños

Toda la industria naval que antaño alimentaba a estos astilleros hoy en día ya no existe, por lo que estos carpinteros tienen muchas más dificultades para llevar a cabo su proyecto. Buscar árboles adecuados, cortarlos de manera correcta, preparar y dar forma a cada una de las piezas que constituirá el esqueleto del barco. Nos robó el corazón escuchar las explicaciones de la guía acompañante, su confianza en el proyecto y su ilusión por conseguir un objetivo en cooperación en el que todos podemos colaborar aquí con donativos o apadrinando piezas del ballenero.

7. Leinz-Gatzaga y su museo de la sal

Cerca de Mondragón, ascendiendo el valle del río Deba, esta el pueblo de Salinas de Léniz o Leinz-Gatzaga. Llegamos hasta allí porque allí residían nuestros anfitriones. Gracias a ellos descubrimos un municipio muy particular por su historia, su manera de organización y por la gestión comunitaria de sus bosques, por su geología y su historia. Sin duda, el lugar más relevante es el Museo de la Sal que cuenta todo lo relacionado con la explotación de un misterioso manantial salino de propiedades particulares y únicas que ha determinado la vida de los vecinos de este lugar durante siglos.

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Disfrutamos con nuestros hijos de la visita guiada y con el entusiasmo de las personas que gestionan el museo. Aprendimos muchas cosas de la explotación y extracción de la sal de este manantial milenario y sobre todo disfrutamos del sistema de norias y poleas que permite aprovechar la fuerza del río de agua dulce para extraer el agua salina de las profundidades de su manantial. Todo un sistema hidráulico que nos hace admirar la tecnología de nuestros antepasados, su lucidez e inteligencia.

8. Vías verdes junto al Embalse de Urabarri-Gamboa

¿Sabías que existen playas de agua dulce con bandera azul? Pues sin duda, la más destacable es la del embalse de Ullibarri-Gamboa. Un lugar situado a pocos kilómetros de Vitoria-Gasteiz que ofrece un entorno único para el baño, las actividades acuáticas y los paseos a pie, en bici o a caballo. Salir de casa y poder caminar por estas vías verdes hasta el embalse, darte un baño o hacer piragüismo, tomarte un pincho en uno de los bares de la zona y relajarte sin más… ¿cómo no nos iba a robar este lugar el corazón? Visitar Vitoria y después escaparte en bici a recorrer la zona: un plan perfecto con tus hijos que no te puedes perder.

Paseando por la vía verde que rodea el embalse

Paseando por la vía verde que rodea el embalse

9. Comer pintxos y disfrutar de los bares y sidrerías

Me diréis que eso se ajusta más a que te “roben el estómago” y no el corazón… pero no hay cocina que se precie que para estar bien elaborada no se le ponga mucho cariño, mimo y corazón. Así son las barras de las tascas vascas: un muestrario museístico de pintxos hechos con el corazón que deleitan la visión de los comensales e incitan a sentarse un ratito a saborear y recuperar fuerzas. Todo es posible en ese cocktel gastronómico y es apto para todos los gustos y todas las edades. Cada miembro de la familia encontrará su pintxo preferido y difrutará saboreando ahora este y luego aquel. Como cupido, esos pintxos quedaron siempre clavados en nuestro corazón.

Tomando pintxos en un bar al azar: siempre aciertas!

10. Vivir en un caserío con una familia vasca

Y dejamos para el final, por ser el más importante, la estancia en casa de Asier y Nayara que nos acogieron juntos a sus hijos durante nuestro tiempo en Guipúzcoa. Era un intercambio de casas con “home for home” (una de las plataformas que utilizamos). Por fechas nos invitaron a compartir nuestras vacaciones con ellos y eso es lo que más nos gustó.

Intercambiar nuestra casa nos ha permitido vivir unos días en un precioso caserío

Intercambiar nuestra casa nos ha permitido vivir unos días en un precioso caserío

Que dos niños te reciban con sus bicicletas y te escolten por una estrecha carretera entre hayedos y huertos hasta su caserío en la montaña: no tiene precio. Que te dejen sus mejores habitaciones, te acompañen y recomienden visitas y restaurantes, senderos y monumentos: no tiene precio. Aprender a conocer a una nueva familia, convivir, utilizar sus juguetes y bicicletas, sus libros, prepararnos la cena y disfrutar juntos del fin de semana: no tiene precio. El lugar era perfecto, fruto del trabajo y el esfuerzo de esta familia que han logrado construir su sueño a partir de un viejo y abandonado caserón. Lo mejor: sus risas, sus historias, su amabilidad, sus hijos, su huerto y el abuelo… Allí está todavía nuestro corazón! Gracias familia!

Y si quieres saber un poco más, te dejamos este enlace a un vídeo en nuestro canal.