¿Qué hay de malo en dar limosna a los niños durante nuestros viajes?


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Muchas de las personas que viajan, no son conscientes del gran poder de influencia que tienen sobre la cultura que visitan. Es muy probable que si lo supieran, actuasen de diferente manera.

Este poder de influencia se basa en las conductas mostradas, que serán capaces de modificar el estilo de vida de las personas oriundas. El impacto sociocultural que el viajero causa en el país que visita, puede a veces ser gravemente dañino. Por eso es muy importante ser conocedor de lo que significa nuestra presencia en las culturas que visitamos y tratar por todos los medios que nuestros actos sean los más adecuados en cada momento. Una acción desacertada, la mayoría de veces hecha con buena intención, puede acarrear consecuencias nefastas.

Uno de los comportamientos donde se puede observar más claramente esta tesis, es la desafortunada acción de dar limosna a los niños, un acto que desgraciadamente es demasiado habitual, especialmente en la India.

¿Qué hay de malo en dar limosna a los niños durante nuestros viajes?

Xavi y Carme impulsaron un proyecto propio de cooperación en Kenia. Fotografía cortesía de Lavueltaalmundo.net

Dar limosna a un niño, según  nuestra opinión, es condenarlo de por vida. Que del bolsillo de un turista salgan unas monedas, puede hacer que el niño no vaya a la escuela porque entenderá que es más rentable mendigar que ir al colegio. De hecho, probablemente no será él quien lo decida. Serán sus padres que, al ver que su hijo es capaz de traer unas monedas a casa y solventar así parte de la economía familiar, le exigirán que siga haciendo de pedigüeño.

Eso en el mejor de los casos. En el peor de ellos, son mafias las que están detrás de los pequeños, obligándoles a pasarse todo el día mendigando. En la India es sabido de la existencia de estas mafias. La parte más desagradable del asunto es que, en algunos casos, no dudan en amputar una pierna o un brazo a los chiquillos, para que así sean más lastimosos y recauden más dinero. En cualquier caso, la idea de darle una limosna a un niño es perpetuar su pobreza, privándole de su derecho a ser escolarizado.

Hemos presenciado muchísimas escenas desagradables en este sentido. Hemos visto turistas llegar a un poblado muy humilde, sacar la cartera y empezar a repartir billetes de un dólar como si fueran Papá Nöel. Los hemos visto asomados a la ventana del autocar lanzando a un grupo de niños bolígrafos y caramelos como el que lanza comida a animales. Lo más doloroso para nosotros ha sido constatar que esas personas hacen estos gestos totalmente convencidos de que realizan un acto de bondad... pero lo cierto es que el daño que hacen es irreparable. Están hipotecando el futuro de aquellos muchachos, porque acostumbrándoles a recibir por parte de los turistas lo que se hace es perpetuar estas situaciones de mendicidad.

Si lo que queremos es ayudar a esos niños con recursos materiales, lo más sensato es hacer una donación a una asociación o a una escuela. Ellos se encargarán de comprar los materiales necesarios, o repartir los materiales que hemos donado. Ellos conocerán realmente las necesidades de los niños y actuarán en consecuencia. Saltarse este paso y dar caridad directamente a los niños que vemos en la calle, es crear actitudes de dependencia hacia los forasteros. Además de empujarlos a la ignorancia, fomentaremos comportamientos que resultan indignos.

Nosotros, como viajeros, lo hemos sufrido, pues cada vez que hemos pasado por pueblos pequeños donde suelen pasar grupos de turistas, hemos visto cómo los niños se abalanzaban hacia nosotros mendigando.

Sucede diferente cuando te encuentras chiquillos en lugares donde todavía nadie los ha aleccionado. Se acercan a ti curiosos, ríen, te preguntan tu nombre, te preguntan extrañas cuestiones acerca de la vida en tu país, y vuelven a reír... se crea una situación muy bonita, de aquellas que hacen que viajar valga la pena. Hay un intercambio cultural precioso, porque ambas partes ven en el otro un mundo diferente.

Eduardo Galeano, escritor uruguayo a quien admiramos, dijo una frase que rebosa sabiduría: ‘La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba, la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo’. Dar limosna a un niño es la caridad llevada a su lado más desafortunado, por todo lo que implica este acto en una persona que aún no tiene la capacidad de entender lo que significa, y mucho menos la potestad de decidir cómo quiere vivir el resto de su vida. En cambio, ejercer la solidaridad con él es la manera de que salga victorioso, creando lazos de igual a igual, mirando de frente. Porque al fin y al cabo, la mejor manera de ayudar a un niño no es darle limosna, sino contribuir a que pueda vivir sin tener que recibirla."

Texto y fotos: Carme Corretge i Xavier Molins de La Vuelta al Mundo.net

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