No teníamos intención de visitar Lisboa. Una de las razones de que viajar en furgoneta nos venga estupendamente es que en nuestra familia tenemos una capacidad asombrosa para cambiar de planes, bien sea por decisión propia o por que las circunstancias nos obligan; así que, cuando eso nos pasa, al no tener que reservar hoteles o haber comprado billetes de cualquier medio de transporte, generalmente, no perdemos dinero. En el mes de septiembre nos empezó a rondar por la cabeza la idea de cargar la mochila y a Éire, nuestra peque de dos años, y lanzarnos a hacer algunas etapas del Camino de Santiago, en concreto, las etapas del Camino Baztanés  que llevan de Urdax a Pamplona; pero el mismo día que teníamos que salir, un pequeño problema en un pie nos hizo tragarnos las ganas. Dejamos aparcada la mochila y en cuestión de horas decidimos que Portugal era una muy buena opción, al estar ahí al lado. Como La Furgoteta siempre está cargada con las cosas imprescindibles, (comida, edredón, pijama, cosas de aseo…), solo tuvimos que meter cuatro cosillas en una maleta y poner rumbo oeste. Estos cambios de última hora nos regalaron una apacible noche entre olivos muy cerquita de la frontera con Portugal.

La Furgoteta, entre olivos

Dormir y ver amanecer entre olivos, una de las delicias de viajar en furgoneta

Hicimos un boceto de itinerario marcando una ruta que fuese factible y empezamos a hacer kilómetros. Nuestra idea era hacer el tramo de costa que se encuentra entre Lisboa y Oporto, aunque finalmente a ésta última ciudad no llegamos; la capital lusa es mucha capital y merece la pena dedicarle varios días.

Vistas de lisboa

Lisboa tiene mucho que hacer

 

Nos alojamos en el Lisboa Camping y para desplazarnos hasta el centro de la ciudad utilizamos el autobús público que pasa cerca de la entrada y que en media hora nos dejaba al lado de la Plaza del Comercio.

Plaza del Comercio, en Lisboa

La puerta de acceso a Lisboa, desde la Plaza del Comercio

Puede parecer que Lisboa, con cientos de calles empinadas y callejones de escaleras que unen unos barrios con otros, no nos lo ponga fácil para movernos con los niños; además, no es raro encontrarnos con que los tranvías que recorren las zonas más turísticas, vayan a rebosar y a uno le eche para atrás meter entre tanta gente a los peques. Solo hay que echarle un poco de imaginación y paciencia: utilizar a primera hora de la mañana las líneas de tranvía más turísticas para que así no haya tanta gente, subirse a la línea 12 de tranvías en lugar de a la 28… Si sois de los que utilizáis portabebés, en Lisboa os va a facilitar mucho las cosas y si no, pues visitar la ciudad es una buena excusa para probar uno.

Callejuelas y escaleras de Lisboa

Un portabebés es una buena opción para moverse por las empinadas calles de Lisboa

Son muchos los atractivos que ofrece Lisboa: pasear a orillas del Tajo para deslumbrarse con el gigantesco Monumento a los Descubrimientos e inventar historias de piratas mientras subimos los cientos de escalones de la torre de Belém, mirar al mar desde alguno de los miradouros que nos brindan, además, un descanso a nuestras piernas tras subir las cuestas de la ciudad o comer pescado en cualquiera de los restaurantes del famoso Barrio Alto. Pero nosotros hoy os vamos a contar las cuatro cosas que más le gustaron a nuestra hija de Lisboa.

1El Castillo de San Jorge

Conocido también como el Castelo dos Mouros, cuenta con torres, patios, fosos, cañones y unas vistas espectaculares de Lisboa. A Éire le entusiasmó encontrarse en uno de los patios con lechuzas, búhos reales y halcones.  Además de una exposición permanente en la que se muestran muchos de los objetos que se han ido encontrando en las excavaciones arqueológicas y que se remontan al siglo VII a.C., la gran atracción del castillo es la cámara oscura instalada en la Torre de Ulises. A la entrada de la torre hay un cartel con los horarios y el idioma en el que se hará la visita que dura una media hora y una vez dentro se puede ver, gracias a un sistema de espejos y lentes, la ciudad de Lisboa y cosas tan curiosas como la ropa tendida de una casa que está a varios kilómetros. Si os interesa saber un poco sobre el funcionamiento, esta infografía lo deja bastante claro.

Para la visita del castillo con niños os damos un par de consejos: al llegar a la entrada, no esperéis la larga cola que probablemente de la vuelta a la esquina, acercaos al mostrador  y comentad que váis con peques, así no tendréis que esperar y  aunque correr por el recinto puede ser toda una aventura para los niños, ojito con las escaleras y las torres que casi no disponen de sistemas de protección.

lechuza

Aves rapaces en los patios del Castillo de San Jorge, en Lisboa

2-Probar los famosos Pastéis de Belém

Aunque estos riquísimos pasteles se pueden encontrar en cualquier cafetería o pastelería de Portugal, no hay nada como acercarse a comprarlos a la fábrica donde se preparan los originales, muy cerca del Monasterio de los Jerónimos. Se pueden comprar por unidades, pero para qué nos vamos a engañar, están tan buenos que con uno sabe a poco; la cantidad mínima que os recomendamos (por persona) es de tres. Las colas asustan, pero si vais a última hora de la tarde no tendréis que esperar demasiado. Nosotros nos los guardamos para el desayuno del día siguiente y no nos arrepentimos.

Pastéis de Belém

Nuestro desayuno a base de Pastéis de Belém

3-Iglesia de San Vicente de Fora

¿Una iglesia interesante para los niños? Puede que la iglesia en sí misma no lo sea demasiado, pero sí la exposición de los tradicionales azulejos portugueses blancos y azules que representan las Fábulas de La Fontaine. Si vuestros hijos ya las conocen, verán representadas de una manera magistral las historias de los dos asnos, el gato y la zorra, el hombre y la pulga… Y si no, pues es un buen momento para que se las mostréis. Al lado de cada panel encontráis la fábula en portugués y en inglés, así que es muy fácil contarles lo que están viendo. No perdáis la oportunidad de subir a la torre para disfrutar de unas maravillosas vistas del Barrio de Alfama, el Panteón y del Puente 25 de Abril.

Azulejos portugueses

Azulejos portugueses en la iglesia de San Vicente de Fóra

4-El Oceanario

El gran triunfador por goleada de las ideas que os proponemos. Puesto que está a las afueras de Lisboa, decidimos realizar la visita el último día y dejamos la furgoneta en un aparcamiento cercano. Preparaos para sentaros frente al Océano Global, un acuario gigantesco en el que conviven tiburones, mantas, besugos… y quedar casi hipnotizados por la luz y los animales que pasan por delante de vosotros. Además, podréis ir pasando por los distintos hábitats marinos que hay representados y disfrutaréis buscando ranas pequeñitas escondidas entre la vegetación o viendo cómo nadan las simpáticas nutrias marinas.

tiburón

Viendo pasar un tiburón en el Oceanario de Lisboa

Como suele pasar en todas las ciudades que acogen gran número de turistas, existe la posibilidad de comprar una tarjeta turística; en el caso de Lisboa es la Lisboa Card, que puede ser de un día, dos o tres. Nosotros nos compramos la de un día y solo con coger el transporte público cuatro veces, visitar el Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém y aprovechar los descuentos en el Castillo de San Jorge y el Oceanario, nos mereció la pena.

Esperamos que os haya gustado nuestra selección, si quieres seguir nuestros viajes te esperamos en La Furgoteta.

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