Dinamarca con niños. Este es el relato de nuestras vacaciones familiares en Dinamarca, el país de Hans Christian Andersen y de Lego. Con semejantes iconos internacionales no teníamos duda de que Dinamarca no podía fallar como destino para unas vacaciones con nuestros hijos de 4 y 6 años. Así que dicho y hecho: en agosto del año pasado, durante la segunda quincena, nos aventuramos a descubrir este pequeño país, el más al sur de los países escandinavos. ¿Sería cierto todo lo que cuentan por ahí?

Familia viajera

Después de dos semanas en los que establecimos dos bases principales (Copenhague, en la región de Selandia, y Middelfart, en la región de Funen) la percepción general tanto del país como de la sociedad no deja lugar a dudas: Dinamarca es el país ideal no ya para viajar sino…para ser niño. Ahora entendemos por qué Hans Christian Andersen, escritor de cuentos infantiles conocido mundialmente, y Lego, el sencillo pero complejo juego de piezas de encaje, provienen ambos de este país. ¡No podía ser de otro modo! ¿Me acompañas  en nuestro recorrido?

Para la preparación del viaje consultamos frecuentemente la web oficial de turismo de Dinamarca que si bien al principio daba la sensación de hacerte navegar en círculo nos fue de gran ayuda y nos permitió orientarnos sobre las actividades más emblemáticas o las más recomendadas para hacer con niños. Por otro lado, le hemos echado un ojo a todas las guías turísticas disponibles en nuestra biblioteca municipal. De todas formas, cuando aterrizamos en Copenhague no teníamos más organización que la del alojamiento, conseguido a través de airbnb.

1ª etapa: COPENHAGUE

Salir del aeropuerto de destino hasta el alojamiento previsto es, según mi experiencia, el momento más difícil de un viaje con niños. Maletas pesadas, red de transporte desconocida, itinerario incierto y cansancio son una mezcla explosiva para cualquiera. Aun así, logramos llegar a nuestra nueva casa en algo más de una hora cogiendo metro, autobús y orientándonos en la imposible Norreport, justo en obras.

Nuestra primera visita, después de darse un paseo por el barrio y llenar la nevera de lo más fundamental, fue la oficina de turismo de la ciudad (Copenhagen Visitors Centre Vesterbrogade 4ª DK-1620). Esta oficina está muy bien organizada, además de bien situada. Tienen las informaciones más fundamentales distribuidas en paneles además de un mostrador en el que, si esperas tu turno, atienden al menos 4 personas. Por la oficina también hay trabajadores que se prestan a resolverte las dudas más rápidas. Llegado el momento le explicamos a la chica que nos atendía que íbamos a pasar 4 días en la ciudad, que viajábamos con niños de 4 y 6 años y que necesitábamos, sobre todo, que nos explicaran el funcionamiento de la red de transportes.

Puerto de Copenhague

Fue en ese momento cuando nos enteramos de la existencia de una tarjeta (Copenhaguen Card) que da acceso gratuito a todos los medios de transporte público (redes de metro, bus, barco-bus y tren) dentro del gran Copenhague. Además de eso, permite también el acceso gratuito a 72 museos y puntos de interés y descuentos en otros tantos. Dicho y hecho. Echamos rápidamente cuentas y nos pareció que salía rentable, así que cogimos las tarjetas para 72 horas, dos adultos, niños gratis. Mirándolo con perspectiva, nos hemos dado cuenta de que hicimos bien. Cogíamos una media de tres transportes al día como mínimo, lo que ya hacía que fuera rentable, más el ahorro en entradas. El sistema de compra de billetes de transporte en Copenhague no es demasiado fácil para un turista. Toda la información está escrita en danés y no se pueden comprar los billetes en cualquier sitio. Los usuarios habituales, de hecho, viajan con distintos tipos de tarjetas.

Copenhagen Card

La red de transporte público de la ciudad es clara (una vez te has acostumbrado al mapa de transportes), y funciona bastante bien. Nos ha parecido que la frecuencia de autobuses y metros es adecuada, están limpios y son de fácil acceso, además de encontrar un transporte en casi cualquier esquina.

Aparte del transporte público también está la opción de la bici. Hay un sinfín de tiendas en las que se repara, alquila y compra. Es posible alquilar bicis con sillas de niños y también las famosas “cargo” en las que se mueven las familias danesas. Los precios varían de unas tiendas a otras dependiendo de modelos y tiempo de alquiler. Las tiendas del centro suelen ser algo más caras pero también tienen más oferta. Copenhague es una ciudad muy segura para moverse en bici si se evitan las horas punta. Los carriles bici son amplios y están por todas partes. La gente no va excesivamente deprisa y se respeta mucho al ciclista pero también al peatón.

Y una vez ubicados en la ciudad… ¿Qué hacer? Copenhague ofrece muchísimas posibilidades: parques, museos, calles, torres, barcos… La web turística de Copenhague es extraordinariamente completa y clarificadora. Es un buen lugar para enterarse de los principales acontecimientos del día y quién sabe, llevarse una buena sorpresa. Estos son los atractivos que no nos quisimos perder:

Trenecito turístico

Copenhague dispone de un trenecito turístico que empieza y acaba su itinerario en la plaza del ayuntamiento. El recorrido pasa por las principales calles del centro y realiza algunas paradas en las que se puede bajar y esperar al siguiente trenecito. Las explicaciones, en inglés, las da una chica que, en cada parada, desciende y explica las características o particularidades de cada lugar. El recorrido tarda una media hora y es una primera aproximación cómoda, que permite ahorrar fuerzas para el resto del día o descansar, si ya se ha caminado bastante.

Canal Tours

Hay varias empresas que ofrecen distintos itinerarios por los canales y entradas de mar de la ciudad. En nuestro caso, disfrutamos del paseo que ofrece Canal Tours, gratuito si se tiene la tarjeta Copenhaghen Card. Merece la pena la perspectiva de la ciudad desde el agua. Se consigue una visión muy general y permite ubicar algunos de los puntos de más interés. Las explicaciones se dan en español. Es impresionante acercarse a la Ópera, al museo marítimo o a las instalaciones del museo Experimentarium desde el agua.

Jardines del Tívoli

Tívoli es un parque de atracciones antiguo y el más célebre de toda Europa y además con muchísimo encanto. Tanto, que se puede acceder a él simplemente para pasear y ver las decoraciones y jardines. Tiene un gran escenario frente a una explanada de hierba con hamacas en las que en verano hay conciertos. Además de las atracciones, existen casetas con los típicos juegos de feria (tirar una pila de latas, pescar peces, encestar pelotas…) en las que se puede jugar previo pago de la partida sin necesidad de haber sacado la entrada que permite montar en las atracciones.

Tivoli

Lo mejor para los visitantes con niños que no vayan a montar en las atracciones es el parque en lo alto de la ballena. Se trata de un escenario fantástico que simula un barco encallado en lo alto de una enorme ballena que emerge del suelo. Además del barco hay un sinfín de columpios. Los niños disfrutan seguro de trepar y deslizarse por la cubierta inclinada.

La torre redonda

En pleno centro histórico de la ciudad se encuentra esta peculiar torre, antiguo observatorio astronómico del siglo XVII, a cuyo techo se puede subir andando. Las vistas desde arriba, en un día soleado, alcanzan Malmo, la vecina Suecia. A los niños les gustará subir y bajar por la rampa y descubrir la antigua letrina escondida.

La tienda de Lego

Lego, ¿cómo no?. En una de las principales calles comerciales de la ciudad, Vimmelskaftet, se encuentra la tienda Lego en el número 37. Merece la pena entrar y echar un vistazo. Los niños encontrarán mesas llenas de piezas con las que jugar libremente.

El museo de Hans Christian Andersen

El pequeño museo de Hans Crhistian Andersen ofrece dioramas de algunos de los famosos cuentos de Hans Christian Andersen acompañados de la narración en inglés, que también está disponible en unas láminas que pueden leerse. También hay información sobre la vida del autor.

La torre de Christianborg

Esta torre es la más alta de la ciudad. Se alberga en el palacio de Christianborg, actual parlamento danés. El acceso es gratuito. Las vistas son espléndidas, no solo desde arriba sino también el edificio desde abajo y el enorme patio con soportales.

Christianborg

Museo Nacional

El Museo Nacional de Dinamarca se encuentra en el centro, cerca de Christianborg. El acceso es gratuito. Este museo ofrece testimonio de la historia de Dinamarca desde la prehistoria. En la primera planta se encuentran las exposiciones sobre todos los restos vikingos, las runas y los enterramientos.

Lo más interesante de este museo, yendo con niños pequeños, es el museo de los niños. Se trata de un espacio bastante grande en el que se han recreado distintos escenarios históricos en los que los niños pueden participar disfrazándose, tocando y jugando con todo lo que hay dispuesto. Por ejemplo, una escuela danesa de principios de siglo con su patio de juegos, una fortificación medieval, un barco vikingo, una posada en la que hornear pan… Es el lugar perfecto donde quedarse con los niños mientras uno de los mayores va a visitar con tranquilidad el resto del museo antes de darle el relevo al otro adulto.

El puerto

Quizás este sea, junto con la de la Sirenita, la imagen más internacional de Copenhague: un puerto estrecho, con edificios a ambos lados del canal que tienen sus fachadas cada uno de un color. Efectivamente, se trata de un lugar bonito con mucho ambiente pero con, irremediablemente, demasiada gente. Al final del puerto hay una parada de barco-bus de la red de transporte público. Merece la pena coger este peculiar transporte que cruza a los viajeros y sus bicis a los barrios al otro lado del canal.

Oster park

Cerca de la estación de Norreport, punto cardinal de los medios de transporte de la ciudad, está el parque Orsted Park. Se trata de un parque boscoso, con la hierba verde intensa, en el que hay un lago enorme. En lo alto del parque hay una zona cerrada de juegos para niños dividida en dos partes: un arenero con columpios para los niños más pequeños y una zona de juego más activo para los mayores. Dinamarca es un país en el que los niños son ciudadanos visibles y presentes. Cualquiera se dará cuenta al poco tiempo de pisar tierra danesa. Por ejemplo: junto a los parques infantiles suele haber aseos limpios y gratuitos.

Parque Osted

Rosenborg Palace

Este palacio también tiene unos jardines extraordinarios, con zonas de juego para niños bastante peculiares. En este caso no se trata de columpios al uso, sino de esculturas de madera que simulan cocodrilos dispuestos alrededor de un foso con puentes. Habiendo arena y espacio los niños tienen la diversión asegurada. Junto a los jardines, el palacio de Rosenborg.

rosenborg parque

Fælledparken

Fælledparken se encuentra bastante retirado del centro pero es también un parque enorme, con campos de juego, columpios y extensos prados cubiertos de hierba donde sentarse a descansar a la sombra de algún haya.

Parque Churchill

Este es el parque en el que se encuentra la antigua ciudadela de la ciudad y la famosa escultura de la Sirenita. Es un parque bastante monumental con fuentes, lagos, esculturas… pero es agradable pasear por él por sus vistas abiertas al mar. Al final del parque se encuentra la pequeña estatua de la Sirenita, homenaje de la cervecera Calrsberg a Hans Christian Andersen.

El Zoo

La principal atracción del zoo de Copenhague es, sin lugar a dudas, el oso polar. Las instalaciones en las que se encuentra permiten verle nadar, lo que es impresionante, además de ofrecerte información sobre cómo viven en su ecosistema. Además del oso polar, flamencos, focas, leones, osos pardo, papiones o tigre entre otros.

Otra de las instalaciones que más merece la pena es la de los elefantes. Ha sido recientemente ampliada por Norman Foster y resulta impresionante acceder a ella y descubrir la exposición sobre la relación del hombre con los elefantes a lo largo de la historia. En el otro extremo del zoo hay una zona enorme con columpios y animales de granja que también merece la pena visitar.

El acceso al zoo en transporte público es fácil, ya que hay una parada de autobús justo en la puerta. En el zoo hay muchas zonas de picnic sombreadas, además de restaurantes y puestos en los que comprar comida.

El acuario Den Bla Planet

El acuario de Den Bla Planet se encuentra bastante lejos del centro aunque está muy bien comunicado en metro y en autobús. Si el recorrido se hace en autobús, resulta interesante ver cómo se va transformando la ciudad según te alejas del centro y los distintos barrios que se atraviesan, que se van haciendo poco a poco cada vez más populares y menos turísticos.

Lo mejor del acuario ha sido la pesca de cangrejos. En la orilla del mar, donde se encuentra el recinto, tienen preparadas cañas con cebo de mejillón. Puedes sentarte en una roca, mirando al mar infinito y esperar a ver si algún amable cangrejo tiene hambre de mejillón.

Roskilde

Roskilde es una población que se encuentra a 45 kilómetros de Cophenague y que alberga el museo de barcos vikingos más importante de Dinamarca  ya que en la costa de este pueblo encontraron hundidos nada más y nada menos que 15 barcos de distintos tamaños y funciones pertenecientes a la época vikinga.

roskilde

Nuestra visita a este museo coincidió con el mercado vikingo. Durante ese fin de semana despliegan alrededor del museo, junto al mar, tiendas de campaña en las que muestran algunas de las tareas y artesanías propias de los vikingos: herreros, cetreros, orfebres… Un montón de artesanos y artesanas disfrazados de vikingo trabajando. El ambiente es muy tranquilo y no tiene nada que ver con el mercantilismo de los mercados medievales que vemos por aquí. De hecho, no me quedó muy claro si se vendía algo o solo se enseñaba. Existe la posibilidad de comer la carne de cordero y pollo que están asando allí mismo acompañada de unas tortas que amasan y tuestan en el mismo momento.

Además del mercado había un concurso de barcos de madera construidos por los niños. A su disposición tenían maderas, sierras, navajas, ramas, trozos de cuero para las velas y ceras para pintar. Y un montón de niños con sus padres y madres diseñando, serrando, clavando y decorando barquitos de madera. También hay trabajadores del museo que enseñan a cortar madera a la forma vikinga, mediante cuñas de distintos tamaños que se van insertando en los troncos y que permiten sacar tableros de madera. Los niños, martillo en mano, pueden participar en esta tarea.

 2ª etapa: MIDDELFART

Entre la península de Jutlandia y la isla de Selandia, donde se encuentra Copenhague, está la isla de Fionia, la más grande de toda Dinamarca, con suaves colinas e intensamente verde. La capital de Fionia es Odense, ciudad en la que nació el legendario Hans Christian Andersen.

playa de middelfart

El trayecto hasta este lugar de Dinamarca, a 206 km de Copenhague, lo realizamos en un coche de alquiler. En la actualidad las principales islas de Dinamarca están conectadas por carretera. El puente que une Selandia con Fionia es extraordinario: ¡16 kilómetros! Lo recorremos contando y los niños llegan hasta casi 500. Vamos a vivir el resto de las vacaciones en una casa en el municipio de Middelfart, a la orilla del mar, junto al estrecho de Lillebaet.

Fionia es un reputado destino turístico dentro de Dinamarca. Las playas del sur son muy visitadas y todos los pueblos, hasta el más pequeño, tienen al turismo como uno de sus principales motores. Durante esta etapa del viaje el ritmo cambia. Llueve todos los días, paseamos a diario por la playa y tenemos ganas de disfrutar de la casa y del entorno tan bonito en el que estamos.

Junto a nuestro domicilio hay un colegio de primaria. El fin de semana que llegamos creemos que se trata de un parque, pues no hay ni vayas, ni verjas y podemos acceder tranquilamente al patio, lleno de columpios de madera, un arenero, una montaña y un pequeño campo de fútbol. ¡Y nada de asfalto! ¿Cómo podíamos pensar que aquello era un cole? Pero el lunes por la mañana, cuando los niños empiezan a llegar con sus bicis, nos damos cuenta de que aquello, por muy alejado que esté de nuestro concepto de cole, es un cole.

Middelfart

Middelfart es un municipio pequeño junto al mar y en el extremo más occidental de la isla de Fionia. Al otro lado del estrecho en el que el pueblo tiene su puerto se encuentra la península de Jutlandia. Se trata de un pueblo residencial, nada que ver con el ritmo y el paisaje de Copenhague: casas bajas con jardín, poca gente por la calle y menos bicis que en la capital. El pueblo tiene varios supermercados y una calle comercial en el centro. El viejo barrio que rodea la iglesia, junto al puerto, se merece un paseo. Es una zona tranquila, de viejas casas y talleres de pintores y artesanos que trabajan la cerámica. No en vano Middelfart es conocido por su colonia de artistas y alberga un museo de cerámica. Frente a la iglesia se encuentra el museo de Middelfart.

Middelfart

Las playas son estrechas pero muy largas. Se puede acceder a ellas fácilmente en coche y andando y tienen baños públicos gratuitos y limpios. Aunque están urbanizadas, la arquitectura es poco invasiva y uno se olvida de que al final de la arena empieza el jardín de alguien.

Lo más asombroso de este mar y estas playas, o al menos lo que a nosotros nos dejó boquiabiertos, es su desbordante vida animal. Más allá de las gaviotas, (a las que es fácil ver pescando cangrejos) los cangrejos mismos, las estrellas de mar y los cormoranes, hay focas nadando tranquilamente por las aguas del estrecho de Lillebaet. Miran con simpatía al paseante y se acercan y alejan de la orilla en busca de algún pez con el que llenar el estómago. Pero lo que hizo que se nos pusiera el pelo de punta fue la visión inesperada de dos pequeñas marsopas, las ballenas más pequeñas que existen, a las que pudimos ver a simple vista. Sabíamos que había ballenas ¡pero no esperábamos verlas durante un simple paseo por la playa desierta!

A las afueras de Middelfart está el parque natural Hindsgavl Dyrehave, un inmenso bosque de hayas donde cientos de ciervos se pasean libremente. Es fantástico caminar por él, descubrir las cornamentas de los ciervos entre las ramas y estar a pocos metros de las manadas de ciervos que toman el sol en los prados de hierba.

Museo del tren de Odense

En Odense se encuentra el museo nacional de trenes. Es una visita que merece mucho la pena. No solo porque permite conocer el desarrollo de este medio de transporte en la historia de Dinamarca sino porque está muy bien estructurado y las instalaciones son entretenidísimas para niños y mayores: visitar un vagón del ten que a comienzos del siglo XX hacía el trayecto Copenague – París, los antiguos vagones en los que viajaba la reina, un tren de correos, otro que transportaba carnes… Además, es posible montar en un tren tirado por una locomotora de vapor todavía en funcionamiento o subirse al minitrén que rodea todo el museo. Y como siempre en Dinamarca, una zona de picnic con juegos para los niños.

Egeskov

Egeskov es de lo más recomendable pues reúne un montón de posibilidades. Se trata de una finca enorme en la que hay un precioso castillo renacentista que se puede visitar. Además del castillo, hay instalaciones que reúnen asombrosas colecciones de coches de todas las épocas, de aviones, de juguetes, de motos… Y como siempre, rincones por todas partes para que los niños disfruten de lo que ven desde su perspectiva.

Castillo de Egeskov

En los jardines hay columpios en distintos claros del bosque para todas las edades, con mesas en las que poder hacer picnic. Se puede pasear entre las copas de los árboles a más de 20 metros de altura a través de pasarelas metálicas a las que se accede subiendo por una escalera que rodea el tronco de los árboles. Hay un laberinto en el que perderse, un lago con patos y cisnes y preciosos jardines. Un día en Egeskov es un día intenso y, seguramente, ¡no dé tiempo a disfrutar de todo lo que ofrece!

Legoland

Imposible viajar a Dinamarca con niños y no venir. Este es uno de los puntos fuertes de Dinamarca, sin lugar a dudas. De hecho, para nuestros hijos este era el principal destino del viaje. Por fin llega el momento. Legoland se encuentra en el sur de la península de Jutlandia, en la localidad de Billund, a pocos kilómetros de Alemania. Es un parque de atracciones con un tamaño cómodo. Puede visitarse en un día pero quizás si hay demasiada gente no pueda disfrutarse todo en condiciones. Por otro lado, dos días permite visitarlo de forma relajada y asegurarse de que no queda un rincón que merezca la pena sin ver.

Legoland

Legoland está pensado para niños de 3 a 10 años. Puede que las atracciones resulten poco emocionantes para niños algo mayores. Tiene un montón de zonas de picnic y mesas con piezas de Lego en las que jugar libremente en casi todas las colas. Aparte de las atracciones está Miniland, una reproducción en miniatura de algunas ciudades del mundo todo construido con Lego. El cine en 4D también garantiza un buen rato. Tienes más información aquí.