Después de la agridulce experiencia pasada en  Río Muchacho regresamos nuevamente a Canoa. En este pueblecito de pescadores en plena transición hacia el turismo estuvimos a punto de alquilar por unas semanas una habitación en una casa junto al mar  propiedad de unos alemanes. La casa era amplia y la íbamos a compartir con Xavier un chaval catalán que anda por la cincuentena y que a partir de los cuarenta empezó a vivir recorriendo América de norte a sur como si fueran las Ramblas de Barcelona y lleva así más de diez años. Xavier nos condujo a un restaurante, el Amalur, llevado por unos vascos, él único de Canoa donde no sirven arroz blanco o patacones de plátano verde.  Allí se puede saborear un pescadito a la vizcaina eso sí en vez de lenguado o merluza ha de ser un picudo o una corvina, delicias del Pacífico. Realmente no es fácil hacerle sombra a los exquisitos platos del lugar como el ceviche o el encocado.

Tras unos días de persistentes nubes decidimos no alargar más días la estancia en Canoa y seguir nuestro viaje por Ecuador. Para el recuerdo quedarán esos buenos momentos zen buscando conchas en familia en la inmensa playa que se forma en la bajamar.

Pero antes de dejar Canoa quisimos ir conocer Isla Corazón a menos de una hora de viaje en bus. Se trata de una isla situada en la Bahía de Caráquez y que ha sido reconstruida en los últimos diez años por los mismas manos que se dedicaron a destruirla por tanto tiempo, esto es…las sus propios pobladores que durante décadas sobrepescaron sus manglares y se dedicaron a vender sus árboles como madera hasta casi agotarla. Tras la destrucción del fenómeno del Niño en 1998 que arrasó medio Ecuador empezaron a revertir el proceso y decidieron dejar de ser enemigos de su propio entorno. Se dedicaron durante años a reforestar la isla y la arena volvió fijada por los árboles haciendo que aumentara su superficie en centenares de hectareas. También recuperaron su artes de pesca artesanal y a valorizar toda la vida salvaje que les rodea. Aunque el lugar todavía no ha recuperado la biodiversidad que tuvo poco a poco los animales van regresando: cangrejos, conchas, peces y especialmente multitud de vistosas aves como  ibis, garzas o piqueros  que tienen entre sus árboles un verdadero santuario.

De todo eso nos iba hablando Francisco, antiguo pescador y hoy guía ecoturista que nos estaba esperando en el muelle para ofrecernos un tour por entre algunos canales de la isla. Por estos lugares se ha llegado a pasar hambre tiempo atrás y eso marca. Francisco hasta se emociona confesando como disfruta mostrando a los turistas de todo el mundo la belleza del entorno en el que jugaba de chico. Sus palabras sonaban cariñosas y honestas. Está en la sesentena pero se le percibe con una vitalidad capaz de conducir a cuatro  personas en canoa contando a Lluna por los canales de la isla remando con sus brazos. Lluna disfrutó navegando suave y a la vista de  tantísimo pájaro y especialmente con los unos pájaros en pleno cortejo con su impresionante garganta roja hinchada. Este tour es perfectamente recomendable para hacer con niños de cualquier edad, desde bebés a adolescentes.

En Isla Corazón predomina un aire fresco y puro que Francisco considera curativo. Agradece el día en que una entidad de cooperación catalana financió a la comunidad las canoas y el resto del equipo necesario para empezar a ofrecer el servicio. La actividad de guías turísticas da trabajo actualmente a diez guías como él antiguos pescadores que ahora solo pescan para consumo propio así como al personal del restaurante. Se trata de un turismo de base auténticamente comunitario capaz de sacar de la pobreza y ofrecer un horizonte a varias familias del lugar.

Circulando por toda la costa se ven por doquier las piscinas junto al mar que fueron construidas para la producción industrial y exportación del camarón para la cual se usaban ingentes cantidades de antibióticos y hormonas. Fue un boom que generó trabajo, compró voluntades e hizo ganar dinero rápido y fácil a mucha gente. La construcción de las camaroneras no obstante se hizo al precio de destruir el manglar y se ha destruido la casi totalidad de este tipo  de bosque húmedo junto al mar donde vivían hasta manatís.  Aquí pueden verse imágenes de esta belleza en estado crítico. Para rematar el panorama desde hace once años años el virus de la mancha blanca que asola a los camarones  ha dejado en la actualidad casi improductivas esas piscinas así que ahora ni camaroneras ni manglares. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Tras la visita a los manglares de Isla Corazón comimos junto con Francisco disfrutando un buen rato de la hospitalidad de las gentes sencillas de esta comunidad mientras Lluna se entretenía junto al muelle jugando como una más con los niños de del lugar.

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