Los últimos datos lo indican. España vuelve a perder población. Parece que hemos dejado de ser la gallina de los huevos de oro y ya no nos quieren tanto. A  las parejas nos cuesta tener hijos, seguimos teniendo una de las medias de hijos por mujer apenas llega a 1,4, una de las más bajas de toda Europa y muy lejos de los 2,1 necesarios para asegurar el relevo generacional.

Tal vez en un futuro nos acordaremos de esos inmigrantes que ahora se van y a los que tendremos que volver a llamar otra vez dentro de unos años para que nos vuelvan a contaminar con su mestizaje y vuelvan a tener los hijos que nosotros no tenemos. No hay que ser ningún experto, sólo es cuestión de hacer cuentas.

Nuestro país necesita a familias con más hijos, esa es la verdad incontestable o ¿cómo podremos pagar las pensiones de todos en el futuro?. Y no se vale recortar aún más las pensiones ni alargar más la edad de trabajo. Eso es hacer trampa y ya está muy visto.

No, que Dora la Exploradora o Bob Esponja sean las series favoritas de nuestros hijos no es algo en realidad tan preocupante. En verdad hay cosas peores. A continuación seis de la razones por la cuales no vale la pena tener hijos en España y al final -se abre el cielo y sale el sol – una para tenerlos:

1. Las primeras ayudan en ser recortadas, las dedicadas a la natalidad.

Si, los famosos 2.500 Euros. Duraron poco, fueron suprimidas de un plumazo. Era una ayuda concebida como una gracia y no como un derecho adquirido: el donativo en forma de cheque-bebé que un buen día cayó del cielo presidencial. La hija de Botín y tú cobrabais la misma cantidad, pero ¿y lo bien que iban?.

En Francia han conseguido recuperar su tasa de natalidad a base de años de ayudas a las familias. Aquí ahora también la mayoría de las comunidades autónomas las están suprimiendo si es que las tenían. Seguimos en el pelotón de cola de la UE en ayudas familiares, la diferencia es que ahora estamos como coche-escoba. Y luego se pelean a ver quien es más europeista.

2. La adquisición de una vivienda que hipoteca tu vida.

Comprar una nueva vivienda para tu nueva vida familiar fue ese sueño tan fomentado desde los poderes públicos y la banca privada. Lo primero que hay que hacer es no fomentar la vivienda de protección oficial y que las ayudas públicas al alquiler sean de risa.  A continuación simplemente hay que dejar que las familias se vean obligadas a lanzarse  a hipotecas a 20 o 30 años pagando por las viviendas cantidades desorbitadas a cuenta de un dinero que supuestamente se ganaría en un futuro. Por supuesto que el precio de la vivienda no bajaría nunca. No era una compra, era una auténtica inversión.

De esta manera muchas familias han comprometido su capacidad de gasto para muchos años y ahora no pueden cambiar su residencia porque no pueden ni vender la suya ni comprar otra. Y, pero aún, miles de familias están siendo deshauciadas en la actualidad o están a punto de serlo en un país donde las viviendas vacías nos salen por las orejas.

La Constitución (art. 47) sitúa el acceso a una vivienda digna como un derecho, pero no parece que nuestros gobernantes se lo tomen demasiado en serio. Por favor dejen de incumplirla, refórmenla otra vez, en una semana si hace falta como ustedes ya saben. Esto es Españistan. Pobrecitos los bancos, necesitan nuestra ayuda.

3.La educación pública cuestionada.

Supuestamente la educación pública es la garantía para una igualdad de oportunidades. Tenemos unos de los índices de fracaso escolar más altos de Europa, uno de cada tres niños fracasa en la educación primaria. Si miramos al modelo finlandés todos podemos coincidir en ver en él la excelencia. Sin embargo si a continuación miramos el nuestro observamos como nos dedicamos a hacer justamente lo contrario: enarbolando el hacha en pos del bien de todos se recorta (uy, perdón, se ajustan) los gastos escolares dejando a muchos niños sin becas de comedor y empujando a las familias que se lo puedan permitir, a que sus hijos estudien en la escuela concertada.

Mientras las aulas públicas se masifican y menguan los docentes a los cuales además algunos se dedican a menospreciar. Así pues menos medios y menos atención personalizada a las necesidades de cada niño. Sin duda que con más uniformidad, exámenes y la  autoridad de toda la vida, la letra entra. ¿De verdad que ese es nuestro nuevo paradigma educativo para los retos del SXXI?.

Por eso no es de extrañar que las familias se organicen buscando soluciones a una escuela deshumanizada y que cada vez se creen por doquier más proyectos de crianza compartida o educación alternativa y que la educación en casa (heomeschooling) esté en auge.

4.Interminables jornadas de trabajo.

Para empezar en nuestro país tenemos un problema con la conciliación general de horarios entre vida laboral y personal. El horario partido de comercios y oficinas nos fuerza a jornadas y desplazamientos irracionales que pueden llevarnos a jornadas de 10 a 12 horas diarias. Se sigue pensando que trabajar más horas es ser más productivo cuando es justo lo contrario.

5. Las reducciones de jornada por maternidad o paternidad son cuestionadas y a menudo boicoteadas por las empresas y los cuatro meses de baja por lactancia son absolutamente insuficientes.

Se habían dado pasos positivos en esa dirección en estos últimos años, pero la crisis no respeta nada, sobre todo al que está en la cuerda floja. Las familias se ven lanzadas necesitadas de las guarderías o a buscar la ayuda de los abuelos. La precariedad laboral y las altas tasas de desempleo nos hacen dudar de nuestras capacidades negociadoras y de los derechos laborales,  incluso de aquellos que están reconocidos legalmente. ¿Dónde está esa tan cacareada conciliación familiar. de la que tanto se acuerdan en campaña electoral los que luego gobiernan amnésicos?. Tal vez necesitamos estar más tiempo con nuestro hijos en vez de que nos prometan tantas plazas de guardería cada cuatro años.

6. No nos da tiempo!. Estudiar durante años y acabar la carrera y últimamente el grado y también el posgrado. Luego un par de másters caros  siempre van bien aunque no garantizan nada. Hacer prácticas en alguna empresa o ser becario durante años. Entrar de temporal. Perseverar, demostrar que vales para el puesto rezando mientras tanto para que no te despidan. Intentar que te hagan fijo. Si lo logras, intentar disfrutar de haberlo conseguido. Todo esta carrera vital de obstáculos para encontrar un trabajo decente y bien pagado nos lleva demasiados años, la media de edad para tener el primer hijo  es cada vez más elevada y ya supera los treinta años en la mujer.

7. Una razón para tener hijos. En realidad es una múltiple, cada uno podrá añadir las suyas. Decidimos tener hijos porque porque optamos por una paterndad y maternidad consciente y responsable. Porque sabemos que el amor es el motor de la vida. Porque aunque nos sentimos más adultos que nunca, aprendemos con nuestros hijos a volver a ver el mundo con ojos de niño y porque aunque no pocas veces nos agotan nos basta un abrazo suyo para olvidarnos de los seis primeros puntos.