La siguiente etapa de nuestra ruta desde Bocas de Toro iba a ser Puerto Viejo, en el sur caribeño de Costa Rica. La frontera entre Panamá y Costa Rica estaba en Sixaola a apenas una hora y media y ya teníamos previsto lugar para alojarnos. Hace cuatro años habíamos estado en La Ceiba y es un lugar fabuloso para conocer la selva y Puerto Viejo un precioso pueblo (famoso por la novela Pura Vida de José maria Mendiluze y perfecto campo base para visitar el Parque Nacional Tortuguero situado al norte de Limón.  Sin embargo nos avisaron por internet de que hubo allí un contratiempo y a nosotros también nos venía bien retroceder nuestro camino hasta David para hacer alguna gestión médica. Haciendo bueno aquello de que los planes están para cambiarlos y más cuando se viaja de forma abierta decidimos que pasaríamos la frontera por Rio Sereno aprovechando antes para conocer Cerro Punta,  pura montaña y el pueblo más alto de Panamá.

David es la capital de la provincia de Chiriquí y una ciudad bastante intrascendente para el viajero. Allí estuvimos alojados en un backpacker (hostal mochilero) llamado Bambu Hostel ensalzado en Tripadvislor más de lo que merece. En esta ciudad estuvimos dos noches y aprovechamos la gestión y alguna compra antes de salir disparados hacia Volcán –donde pasamos una noche de trámite- para llegar hasta Cerro Punta.

Cerro Punta viene a ser como la parte este del macizo del volcán Barú. Desde Boquete un excursionista en buena forma es capaz de llegar en un día desde allí siguiendo el camino de los quetzales. Precisamente Los Quetzales se llama el eco-lodge donde nos alojamos, eso sí nosotros en la opción más económica (39USD) ya que este lugar dispone también de unas preciosas cabañas de madera situadas prácticamente en medio del bosque equipadas con chimeneas. En Cerro Punta abunda el turismo de nivel económico medio y alto, los alojamientos aquí son caros.

Cerro Punta es conocido como el granero de Panamá. Más alto y frio que Boquete aquí se plantan fresas y frambuesas, verduras, legumbres y hortalizas de clima frio que no se dan en toda Panamá. La mayoría de caballos pura sangre que compiten en los hipódromos de la capital se crían aquí. Este lugar goza de un aire fresco y puro como pocos. Accediendo por la carretera que lleva hasta allí se ven unos paisajes de praderas, cultivos y verdes bosques de gran belleza. Dos elementos más de este lugar: flores de colores y pájaros a tuttiplain, de hecho uno de las actividades que más se dan aquí es la observación de aves y la más codiciada es el mítico quetzal en su medio natural. En cualquier caso no hace falta ir muy lejos para disfrutar por todas partes de los colibrís, las aves más pequeñas y elegantes del planeta, que frecuentan los bebederos situados en numerosos jardines.

Cerro Punta es también el punto de acceso al Parque Internacional y Reserva Biológica de la Amistad, una inmensa area interfronteriza situada al sur de la cordillera de Talamanca compartida con Costa Rica. Este parque es un exhuberante bosque nuboso que cuenta con un ecosistema intacto en el que destaca la presencia de todos los mamíferos felinos propios de centroamérica incluyendo al jaguar. Bueno nosotros no vimos ninguno; en dos días tampoco da tiempo de tanto. Eso sí descubrimos que entrando por caminos secundarios se ahorra uno los 6 UDS que cuesta el acceso y pudimos tomar contacto con esta joya natural. A Cerro Punta no suele ir Papa Nöel en trineo, no hay nieve pero desde luego en esta época de octubre hace fresquito y aquí es lo que llaman invierno, época de lluvias. A partir del mediodía nos solía invariablemente llover cada día “a ver como quiere usted que tengamos este verde si no llueve!”. Pues tendrá razón en hombre.

Para comer nada del restaurante fino y un poco caro del propio eco-lodge Los Quetzales. Nosotros a Delicias Yadira, comidas populares, trucha del lugar y un jugo de fresa que tira para atrás a precios de familias ruteras sin remedio como nosotros. De paso también conoce uno más de cerca a la gente del lugar y LLuna sigue incorporando nuevas amistades a su lista. También fue lindo verla compartir juegos con los niños del lugar en el parque del eco-lodge, que en este establecimiento no se están de nada, oiga. Claro y como no, hicimos una visitilla al colegio de la pequeña comunidad de Guadalupe en Cerro Punta.

Teníamos mucha lluvia y estábamos alojados en un lugar caro para no contar con cocina. Sabíamos que Cerro Punta era un lugar de paso. Nos perdemos tantos lugares hermosos a nuestro paso…este al menos pudimos conocerlo.

La ruta del bus hacia la frontera por el poblado de Rio Sereno demora dos horas y serpentea por la montaña entre potreros y bosques. En Panamá a los buses los llaman popularmente chivas. Son pequeños buses que casi nunca van llenos. Se viaja a gusto y con buenos ventanales para mirar el paisaje y si nos hemos olvidado el Ipod no pasa nada porque los conductores son unos auténticos DJ’s. No faltará música a todo volumen para amenizar tal vez el camino al trabajo, tal vez, como en nuestro caso, camino a Costa Rica. Las rutas buseras en Panamá al no haber grandes distancias no suelen ser largas y son económicas. Viajando con una niña uno tiene como más miedo, pero al final la pesadez es más casi más para nosotros. Lluna normalmente se adapta bien, juega, permanece tranquila o directamente dormita: ya está un poco acostumbrada, aunque eso sí, evitamos hacer rutas muy largas. No tenemos prisas!.

Contrariamente a Sixaola o el paso de la carretera interamericana de Paso Canoas, el paso por Rio Sereno es bastante tranquilo, el lugar hace honor a su nombre. De hecho yo creo que casi no pasan turistas por allí y si nosotros pasamos por migración a sellar los pasaportes es más que nada para luego tenerlo todo en regla porque el control allí es muy relajado. Por cierto que a Lluna no le quisieron registrar su mochilita de los juguetes lo cual nos habla de la sensibilidad del personal aduanero de ambos paises (tendríamos que haber puesto un chorizo de contrabando).

Ya en San Vito, del lado costaricense, otra bandera, otra moneda y una nueva confirmación: las fronteras son primordialmente una raya en un mapa porque en la montaña no la vimos. Leyendo Lonely planet nos imaginemos que San Vito era una porción de la Italia de los años 50 suspendido en el tiempo enmedio de las montañas de Costa Rica, pero tampoco es para tanto, la población es bastante anodina aunque bastante activa como capital de comarca. Eso sí tienen una pizzeria competente (Pizzeria Liliana) regentada por una de las muchas familias italianas que emigraron aquí por aquellos años.

Dos noches en David, una noche en Volcán, dos noches en Cerro Punta y  una noche en San Vito. Ya estábamos un poco cansaditos de tanto trajín. Familia en ruta busca lugar donde pasar en Costa Rica unos días traquilos, ese podría haber sido nuestro grito de guerra. Dejamos atrás Panamá, un país que nos ha tratado bien y que recomendamos para viajar con o sin niños. Nos llevamos un trocito de Panamá en el corazón, ha sido todo un descubrimiento de país. Lo que nos preocupa es que la especulación, la avaricia constructora  y la destrucción de la naturaleza planean peligrosamente por aquí.

Ahora nuestro plan era dirigirnos a la Finca La Flor del Paraiso, cerca de la ciudad de Cartago. Habíamos contactado con ellos los días previos a través del correo, había mutua predisposición. Finca La Flor del Paraiso es una finca orgánica y perfecto lugar donde empezar a tomar contacto con Costa Rica de una forma más pausada y menos turística o por lo menos turística de otra manera. Aquí estamos de granjeros y le hacemos buena cara al mal tiempo. Estamos en el prólogo del inicio del verano pero principios de noviembre es todavía época de lluvias que este año han sido especialmente virulentas. Ha habido desprendimientos, carreteras cortadas y se ha lamentado la pérdida de vidas humanas.

Costa Rica es un pequeño país extremadamente verde y biodiverso, socialmente el más equilibrado de Centroamérica, algo caro pero lleno de rincones y lugares fascinantes por conocer. Costa Rica es Pura Vida.