Me hizo gracia el taxista. Cuando le dije que iba al aeropuerto a recibir a mi suegra que llegaba para pasar sus vacaciones con nosotros para unirse un mes a nuestro viaje a Ecuador adoptó un tono considerado y casi estuvo a punto de parar el taxi para ir a buscar una silla de ruedas. Que ingenuo. Mi suegra, la abuela de la niña, es todo menos una venerable ancianita. Cumplía sesenta años al día siguiente de aterrizar y es una mujer vital y alegre a prueba de males de altura y tonterías por el estilo. Mi misión, aparte de darle un caluroso abrazo de bienvenida, era conducirla hasta nuestra guarida vacacional y visitar todos juntos Otavalo y Cotacachi, en la provincia de Imbabura, al norte de Quito.

Hasta ese momento habíamos estado nueve días en Quito y casi tres semanas más en el León Dormido, Valle de Tumbaco, así que de alguna forma ahora empezamos realmente el viaje por Ecuador. Uno inevitablemente cuando visita otro país para conocerlo espera que de alguna manera responda a las lindas imágenes que hemos visto en las guías de viaje. Sin embargo en este mundo cada vez más globalizado cada vez hay más cosas que no cuadran.

En Ecuador: los autos y autobuses son mayoritariamente de marcas asiáticas, los árboles que colonizan los bosques de buena parte del país eucaliptos australianos. Las llamas, al menos norte de Quito, han sido sustituidas por millares de vacas con tatarabuelos europeos.En este país lo lácteos trienfan. Si los incas levantaran la cabeza tampoco sabrían reconocer a esos extraños animales llamados chanchos (cerdos), ovejas o pollos tan ecuatorianos ahora y traídos también hace mucho desde el otro lado del charco. Ver a un indígena usando su celular (de una compañía española) hace años que aquí no llama la atención a nadie. En el Ecuador actual abundan las panaderías de pan de trigo y las artesanías de ropas andinas solo atraen la atención de los turistas. Incluso la moneda oficial del Ecuador hace diez años que dejó de ser el sucre siendo en la actualidad el dólar americano. Además tengo que confesar que la abuela trajo en su equipaje un suculento alijo de jamón ibérico. Entonces, que hay de nuestras postales?.

Estuvimos alojados en la Hostal Aya Huma de Peguche con posibilidad de cocinar nosotros…en la propia cocina de la hostal!. Esta hosteria con encanto aparenta ser como una especie de antigua estación restaurada junto a unas vías de tren que todavía se conservan. Está regentada por una simpática holandesa y es frecuentada por gringos como nosotros -o  peores que nosotros- y sin embargo curiosamente es el único edificio del pueblito que tiene el techo tradicional recubierto de paja . Peguche es una especie de pedanía de Otavalo situada a los pies del volcán Imbaura. Aparte de visitar su bella cascada y el bosque donde está ubicada sorprende pasear por sus calles de abrumadora mayoría indígena. Sus calles están mal adoquinadas tirando a sucias o directamente sin asfaltar. Se ven casas pobres, otras sencillamente de block bastante anodinas y otras grandotas y pretenciosas, como de nuevos ricos: son las casas que se mandan hacer los que emigraron a España o Italia y que su familia a menudo ocupa sin esperar a rebozar las fachadas o a poner siquiera los vidrios. En Peguche se escucha todo el día y por todos lados el cansino traqueteo de las máquinas de los talleres textiles de artesanías de mayor o menor calidad que se venden en el cercano mercado de Otavalo o se exportan al resto del mundo. Mientras los niños, que están de vacaciones ecolares, juegan por entre las casas o en las tierras de cultivos circundantes. Por la noche se difuminan por el pueblo los olores de las carnitas asadas de los puestecitos callejeros o que están situados en sencillas plantas bajas.

Otavalo es después de las Islas Galápagos uno de los mayores polos de atracción turística del país. Lo más destacable de otavalo es su famoso mercado de la plaza de los Ponchos que se celebra a diario, pero que tiene en cada sábado su gran día. Así que allá fuimos, eso sí, sin muchas ganas de calentarnos la cabeza regateando. Los indígenas otavaleños son mundialmente famosos ya que son prosperos artesanos y comerciantes. Se muestran orgullosos de su tradición y especialmente las mujeres, bien bravas ellas, que visten mayoritariamente con sus ropas típicas….Nunca antes he visto a tanto indígena en 4×4 aunque también los hay que luchan por sencillamente salir adelante. Otavalo es una ciudad rica y muy occidental donde se encuentra de casi todo. En cada cuadra un banco. Es un secreto a voces que indeterminadas grandes cantidades de dinero del narco-tráfico entra aquí para blanquearse convertido en dólares norteamericanos de curso legal. Es así como el dinero se presta barato y circula rápido por las venas económicas de Otavalo y toda su área de influencia.

Cotacachi en cambio es una ciudad más pequeña y tranquila. Conserva su aire colonial y tiene bastante más encanto. En este pueblo se elaboran y venden unas artesanías de cuero de buen diseño y calidad a buen precio siempre que sepa negociarse. Desde hace unos años mcuhos norteamericanos compran aquí propiedades para retirarse. El clima casi nunca es extremo y el aire es limpio. En Cotacachi si se va con niños un buen alojamiento nada caro es la Hostal la Cuadra. Aunque de aquí no saquemos ninguna idea para amueblar nuestra casa est hostal es nuevo, las habitaciones grandes, muy limpio, cuenta con una estupenda cocina y está regentado por una familia super atenta. Si queréis que os tomen el pelo a la hora de comer y pagar caro entonces os recomiendo el restaurante de El Mesón de las Flores.

Desde Cotacachi organizamos una expedicion a la célebre laguna de Cuicocha de 3.060 metros enclavada a los pies del majestuosos volcan Cotocachi. Menos mal que nos subió un taxi por cinco dólares. Para tan solo ver la laguna recomiendo mirar una foto, lo de verdad interesante es hacer senderismo y circundarla a pie en cuyo caso os recomiendo se lo comenteis al taxi para que os deje al principio del camino. Nosotros hicimos la excursión a medías, la niña parecia más interesada en hacer pasteles con la arena del camino que en apreciar las impresionantes vistas de esta laguna volcánica.

Y nada, para bajar nos tocó hacer auto-stop. Pero como nos gusta a los europeos subirnos en la plataforma trasera de una pick-up!. Ahí está la foto conmemorativa. Ay, la suegras y esa manía de la publicidad y de los chistes de meterse con ellas, ahí sin duda juega un cierto sustrato machista. Digo yo que habrá suegras de todas clases, igual que yernos.

Desde luego nuestra abuela (la iaia) no se arruga. Cuando decidimos hacer un largo viaje con la niña le pregunté como sin darle importancia: “Aurora, si nos fuéramos a Nueva Zelanda te vendrías a vernos, verdad?”. Y me dijo que por supuesto. Así que decidimos venirnos a donde queríamos que era América que para el caso iba a ser igual. Y la verdad es que para recorrer el país con la niña y para darle un nuevo y renovado sentido al viaje nos ha venido de perlas que haya venido. Porque ya se sabe que a los hijos los hemos de criar los padres, pero para Lluna la figura de sus abuelas y yo creo que en general la relación de todos los abuelos con sus nietos es absolutamente especial e insustituible. Así que con esta abuela, al fin del mundo! (Total tres semanas pasan rápido,no?).

Tanto en Otavalo (uno grande, cerca de la terminal de buses) como en Cotacachi (hasta dos) existen unos parques infantiles que ya quisiéramos en muchas ciudades europeas. Ahí van las fotos. Esto tiene una lectura ambivalente. En el resto de la ciudad el niño está proscrito y los parques del centro son para hacer bonito. A cambio se construyen estos parques donde solo hemos echado a faltar unos buenos arenales, pero que por lo demás hacen las mil delicias de los niños y claro, Lluna, esa simpática niña gringa que habla su lengua, no iba a ser menos. Porque tanto mercado tampoco es bueno.

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