Lo que más echas de menos después son los mosquitos. Llegó un momento en el que era imposible rascarme un sólo picotazo y una mosquitera no era suficiente, nuestro hombre nos cedió la suya, arriesgando su cuerpo y creyendo que se había inmunizado como los ticos. Dormíamos con dos calcetines , manga larga y un ventilador que debía desenfocarlos de su objetivo.

La cabaña sólo tenía una lámpara de techo que alumbraba escasamente, para no encenderla,cuando me hacía pis, utilizaba la luz del ipad para cuidarme de no pisar ningún cangrejo; en el lavabo vivían cuatro que salían cada noche y se subían a la cama de Álvaro, que soñaba con cangrejos.

Sabíamos que se había hecho de día porque las ardillas dejaban caer cáscaras de almendras sobre nuestro tejado y sonaba ‘ pum! Pum!’

Lo más bonito de todo eran los pelícanos en el mar , y mirar los árboles y ver monos.

Estábamos con nuestra cachorrita de dos años en el Pacífico de Costa Rica, en Santa Teresa, un pequeño pueblo surfero en la Península de Nicoya . Nuestro viaje acababa de empezar.

Decidimos dejar España por salir de lo conocido, por ver el mundo, por enseñarle el mundo a Nahla, des-colocarnos un poco, ver qué pasaba.

Costa Rica para empezar porque es el país con mayor biodiversidad por metro cuadrado del planeta , porque hay olas (condición sine qua non en ésta familia) y porque a la cachorrita y a mi nos hacía mucha ilusión ver cocodrilos.

A si que alquilamos un 4X4 con silla de niñ@ prehistórica y nos pusimos rumbo al Pacífico. Hay dos opciones , o por carretera convencional interior o bordeando el mar , por caminos sin asfaltar que atraviesan ríos, montañas y selva . Estaba claro, aunque yo me arrepentí un poco a la mitad, era mucho mejor la segunda opción.

Es tan impresionante avanzar sin saber a dónde vas a llegar , confiar en tu suerte , en que cada río se pueda cruzar, en no quedarte sin gasolina , ni te sorprenda la noche en cualquier parte lejos de un hotel…en que cada persona que encuentras es buena, que entiendes los mapas, que no tienes miedo, que todo lo que estás viendo está allí desde hace tanto tiempo…

Llegamos a un pueblecito en el mar, San Miguel, ..no se cómo explicar cómo es San Miguel sin quedarme corta..está formado por un puñado de casas elevadas, para no ser arrastradas cualquier día por una ola, enormes montañas a los lados, selva verde desbordante de vida por todas partes, carteles en la playa de ” Cuidado con los cocodrilos”, arena que se vuelve plateada cada amanecer, un cielo tan inmenso y tan grande! …, es que a un@ de pronto se le ensancha la mirada, y tortugas que cada año van a poner sus huevos en esta playa.

Allí decidimos quedarnos un par de días.

Entre los cocodrilos, que utilizan el agua del mar para cambiar de río y la corriente desconocida , Alvaro no se animó a surfear.

Dormimos en una cabina, así llaman aquí a los pequeños hoteles en los que te alquilan habitaciones, a veces con cocina , de un americano que vive allí con cinco perros grises de parecido desconcertante con el dueño. Un día , mientras dormíamos, se escucharon ladridos y gritos” Oh God , oh God!” y el americano quiso buscar su revolver para matar al que estaba mordiendo a su perro favorito. A si que , por eso y porque para empezar era mejor un lugar con más calor humano, decidimos irnos, a pesar del paisaje y a pesar de la hamburguesa que cocinaban para el desayuno.

Y seguimos bajando, bajando, por más caminos de barro, cruzando ríos pequeños , ríos más grandes, cruzándonos con hombres a caballo o a pie con grandes machetes en la mano para abrirse paso entre la selva, niños sin escolarizar que aparecían en un camino rodeados de perritos, sucios, felices, jugando. Mujeres con niños en brazos , subiendo montañas , meciendo a sus hij@s al ritmo de su cuerpo, de su propia cotidianidad.

Nahla en el asiento de atrás conmigo, constantemente enganchada a la teta, a lo inamovible , a su mamá.

Y entre bache y bache y más y más calor, en un coche sin aire acondicionado , llenos de polvo, llegamos a Santa Teresa , de noche, y adivinando un hotel , que por la pinta parecía cómodo y con gran cama para colechar, nos metimos en él a descansar.

Al día siguiente paseamos por la playa, nos bañamos en la desembocadura de un río con cuatro niños y un perro, y mientras dormíamos la siesta en una kingsize nuestro proveedor se fue a buscar una casa para alquilar una temporada. Queríamos habitar Costa Rica , dejar crecer nuestras raíces en ésta tierra.

Como es un hombre iluminado, que siempre encuentra lo que está buscando, volvió con una sonrisa gigante,  nervioso de la alegría, estaba tan contento por lo que había encontrado que de vez en cuando se acordaba y se le escapaba la risa.

La cabaña estaba en el mar. Un sólo espacio de suelo de arena, con un gran hueco entre la pared y el techo por el que cada noche entraban animales a buscar en algo de comida en la papelera.

Convivíamos armoniosamente con un hormiguero en la cocina,una araña en la ducha, cuatro cangrejos en el baño …y cientos de mosquitos invisibles que después de conocerme a mi estaban sobrealimentados.

Cuando piensas el horror que produce en la ciudad encontrarte una hormiga en el suelo…y el instinto asesino .. En fin..

Estuvimos un mes viviendo allí. Desayunando huevos con aguacate ,comiendo gallo pinto y patacones , disfrutando del sabor intenso de las piñas, las papayas, los pomelos, las bananas, la fruta de la pasión , que tiene un sabor amargo!… y del mar.

Alvaro podía surfear justo delante de casa, yo me iba con Nahla a las piscinas que se formaban en la orilla, llenas de ermitaños, les cantábamos una canción, y jugábamos a que yo era un barco y Nahla navegaba encima de mi. Luego Alvaro cocinaba algo rico, como siempre, y dormíamos la siesta.

Como Santa Teresa es un pueblo pequeño y tiene todo lo que necesitas , decidimos dejar el coche y buscar otro medio de transporte . Casi todo el mundo se mueve en quad o en moto. Es muy divertido, porque aquí no hay policía , no te ponen multas , a nadie le importa si no llevas el cinturón, si vas con un perro en una moto o si te subes en un quad con un bebé en brazos. Y tiene sentido! , porque cuando ves esto te das cuenta de que es mentira que te quieren proteger, lo que quiere el poder siempre es más poder, tu dinero, y que tengas miedo.

Probamos ir en quad pero no nos gustó! Mucho ruido y muchos baches . Fue tan divertido. Nahla iba espachurrada entre los dos . Y entonces todo se asentó cuando alquilamos las bicis . Así sí se viajaba bien. Hacíamos la compra, íbamos al final del pueblo a merendar brownie de chocolate con Mel Gibson, a llamar a l@s abuel@s en cualquier cafetería preciosa con wi-fi tomando un zumo bien grande, y a ver atardecer cada día en un paraíso lleno de niñ@s que jugaban desnudos mientras en el mar el sol inundaba el mundo de colores.

Conocí mujeres maravillosas en éste lugar , preciosas, que habían elegido vivir en la belleza . Empecé a armar la tribu. Imaginé muy fácilmente lo que podría ser crecer allí para Nahla. Avanzamos más y más hacia la felicidad. Y un día , como por una revelación, decidimos marcharnos . Había llegado el momento de cumplir un sueño.

Pero eso, es otra historia. ..

Texto y fotografías: Elena Alonso

Blog: viajamor.wordpress.com/

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