Recientemente hemos estado recorriendo la isla de Cerdeña en autocaravana con nuestras tres peques de 6 y 4 años y ha sido una experiencia preciosa. La isla –como ya imaginábamos- nos ha encantado y hemos disfrutado mucho tanto de sus playas como de sus gentes y sus paisajes de interior. Si tuviera que pensar en cinco razones para invitaros a ir a la isla en familia, perfectamente podría deciros: las playas, las playas, las playas, las playas y las playas. Sin embargo, dado que eso sería demasiado obvio y también un poco aburrido, os voy a dar otros motivos:

1. La comida. Cerdeña es una isla italiana y, por tanto, la comida va a ser uno de sus fuertes, y además, con platos de esos que suelen gustar a los peques de la familia (¡y a los grandes!): pasta y pizza. La encontraréis en todos los restaurantes en todas sus versiones y variedades. La pasta más típica de la isla son los gnochetti, una pasta de grano duro de pequeñas dimensiones, normalmente preparada con una salsa a base de tomate; aunque también es habitual encontrar en la costa spaghetti de almejas y gambas. Sin embargo, y a pesar de estos productos típicos italianos, hay  otros platos exquisitos, como los embutidos (jamón, salami, bresaola, mortadela…), servidos como antipasti junto con el pan carasau, típico de Cerdeña, o el cochinillo asado, que se cocina en las zonas de interior. Y por supuesto, los postres: helados, tiramisú, pannacotta, etc. ¡Deliciosos!

Gastronomía en Cerdeña

2. La cultura y la historia. Cerdeña, por su ubicación en una zona estratégica del Mediterráneo, ha recibido todo tipo de visitantes a lo largo de toda su historia, que han ido dejando su huella por toda la isla. Los testimonios más antiguos y visibles son los nuraghi ,torres de piedra que datan de la Edad de Bronce y que se pueden encontrar dispersas por toda la isla. Más tarde llegaron a sus costas fenicios, griegos y romanos, que establecieron su capital en la ciudad de Nora al sur de la isla y dieron paso a la romanización del territorio. Ya en la Edad Media, genoveses y pisanos llegaron a la isla y construyeron preciosas iglesias románicas. Y también castellanos, aragoneses y catalanes dejaron honda huella en la lengua sarda, ocuparon puertos y construyeron torres de vigilancia por toda la costa, siendo Alghero (l’Alguer) la ciudad en la que aun se habla catalán y, de hecho, es de las pocas ciudades costeras de la isla abiertas al mar. Las visitas a estas zonas arqueológicas son perfectamente realizables con niños, puesto que no son muy largas, son al aire libre y contar un poco de historia a nuestros peques no les hará daño 😉

Basilica de Saccargia y Ruinas de Nora

Basilica de Saccargia y Ruinas de Nora

3. Los paseos en barco. Cerdeña es el lugar perfecto para descubrir los medios de transporte marítimos. Aunque se puede llegar en avión, nosotros optamos por llegar en ferry –que sale desde Barcelona- y ha sido nuestra primera experiencia de mini-crucero, pues el barco disponía de restaurantes, piscina, zona de juegos, etc. Ya en la isla, es recomendable hacer alguna ruta en barca para descubrir algunas de las calas a las que el acceso en coche es complicado o imposible. Y en muchas de las playas te ofrecen paseos en distintos tipos de embarcaciones (veleros, barcos, lanchas motoras, etc.) para descubrir los mejores rincones de la isla, con comidas incluidas.

Ferry y paseo en barco en Alghero

Ferry y paseo en barco en Alghero

4. La Isla de Asinara. Esta isla paradisíaca al noroeste de Cerdeña, declarada Parque Natural, es un destino de lo más recomendable para ir en familia y se merece en sí mismo un viaje a Cerdeña. El acceso se hace en barca desde Porto Torres o Stintino y se trata de una isla natural, deshabitada, que hasta hace unas décadas sólo albergaba una prisión de máxima seguridad –ya cerrada-.  Hoy solo hay en ella algunas instalaciones básicas, por lo que puede considerarse natural y virgen. Se puede recorrer en todoterreno, en tren turístico o, de forma más libre, en bicicleta, barca o con el autobús de línea que tiene paradas en las zonas más destacadas de la isla. En ella hay una especie autóctona de burro albino que convive con el sardo –de color gris-y que deambula en total libertad por todas partes, por lo que es fácil encontrarte con bastantes ejemplares del mismo. También es posible contemplar jabalíes, reptiles y numerosas especies de aves acuáticas. Además, hay un centro de recuperación de tortugas al que llegan ejemplares heridos, que son intervenidos, recuperados y liberados posteriormente. Y por supuesto, Asinara tiene unas playas espectaculares, de aguas cristalinas y arena blanca que invitan al baño y a disfrutar de ese entorno único.

Burritos en Asinara

Burritos en Asinara

5. Y en último lugar: las playas. Curiosamente, la isla de Cerdeña ha vivido tradicionalmente hacia dentro, desarrollando la agricultura y la ganadería –y no tanto la pesca-  (de ahí lo del cochinillo asado). Por eso, la mayor parte de las playas de la isla han permanecido vírgenes, ajenas a la explotación urbanística que invadió la mayor parte de la costa mediterránea. Y gracias a eso, nosotros podemos disfrutar de playas no urbanizadas, y totalmente naturales: rodeadas de pinos, dunas o rocas, dependiendo de la zona de Cerdeña. La arena blanca y las aguas limpias y templadas hacen que el mar te invite a adentrarte y nadar, con total seguridad para los peques pues son aguas poco profundas.

Playa de Asinara

Playa de Asinara

 

¿Qué? ¿Os he convencido?

¡Comparte con tus amigos y familiares!