Una de las cosas más típicas de la cultura Noruega es el “gå på tur” o ir de excursión. Muchos fines de semana bajamos al río a disfrutar de las matpakke o fiambreras. Para beber el cacao hace las delicias de los niños. En vacaciones, la gente suele aprovechar para ir a la hytte o cabaña. Muchos noruegos tienen una y para los turistas también hay diferentes modalidades. Pero si un nativo te invita a su cabaña es todo un honor.

También se hacen viajes cortos como el que por ejemplo hicimos a Røros hace unos meses. Røros es uno de los pueblos más turísticos de la zona, pero no por ello pierde su encanto. No en vano su ubicación está declarada Patrimonio de la UNESCO En estas tierras, es un pueblo muy conocido también por sus temperaturas. En verano agradables y en invierno  muy gélidas. Cuentan que en diciembre  puedes llenar un cubo de agua hirviendo, lanzarla al aire y no caer ésta, porque se ha congelado en el camino.

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 Nosotros fuimos el verano pasado con mis suegros y nos encantó. Se conservan bastantes casas típicas y se permite entrar a ellas. Incluso en algunas hay informadores turísticos. Es una ruta preciosa para hacer en familia. Los techos son muy bajitos y a los niños les hace mucha gracia.

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 La hierba de los tejados es debido a las condiciones meteorológicas de Noruega. Cada cierto tiempo se hace mantenimiento para evitar ulteriores daños en la vivienda.

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Pero ante todo Røros cuenta con una cultura minera de siglos atrás ( explotaciones de cobre y plata) Famosas son las historias  del escritor Johan Falkberget sobre la dura vida de los mineros.  Una existencia difícil que, sin lugar a dudas, se puede apreciar también cuando se visitan las casas que os mencionaba antes.

Si pinchais aquí encontraréis un montón de ideas para hacer en familia, entre ellas visitas guiadas a una mina. A los más lanzados os recomiendo probar el kayak o ir de pesca.

Dando un paseo por el pueblo, se  aprecian productos de cerámica bonitos. Restaurantes que elaboran sus platos con materias primas  autóctonas de calidad. Y tiendas de ropa colorida para los reyes de la casa. Tampoco faltan los típicos souvenirs y trolls que tanto gustan a nuestras fieras. En las librerías noruegas siempre hay cuentos sobre los trolls, que tienen a los niños embelesados.

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Por último, para los que os guste la nieve os recomiendo visitar Røros en invierno. Podréis esquiar, probar un trineo conducido por perros, o deleitaros con su mercado de Navidad, uno de los más bonitos de todo el país, entre otras actividades.

Antes de irnos de Røros topamos con una casa de alquiler preciosa y cuidada hasta el último detalle. Lástima de no haberlo sabido antes, porque al menos un fin de semana habría valido la pena alojarse allí. Pero eso sí,  su recuerdo permanece a través de esta fotografía.

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Ahora nos ronda por la cabeza probar algo más aventurero. Quizás algún trayecto en tren con los niños a los fiordos.  Dicen que las vistas son impagables y creo que es un medio de transporte muy cómodo para los cuatro. Y cómo no pronto ha de caer si o sí una cabaña.

¡Hasta la próxima!

 

 

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